Autopercibirse costalero
«Y aquí tenemos ya a nuestro organismo de igualdad detrás de los Dolores y el Santo Sepulcro de Aguilar, no como penitente, sino como penitencia impuesta por la burocracia»
Si uno tuviese la desgracia de naufragar en mitad del océano, consiguiera llegar a una isla desierta, y posteriormente sobrevivir gracias a una frugal dieta de pescado y cocos, no podría vivir tranquilo. Ni siquiera ahí. En cualquier momento, antes de que lleguen los equipos de rescate, antes que aparezca un negrito bondadoso estilo Viernes, antes de que entables amistad con un balón que ejerza de amigo imaginario, mucho, pero muchísimo antes de divisar la llegada del barco pirata, ya te puede venir un mensaje por cualquier medio (paloma, botella) de un organismo de igualdad. Y reprocharte que si eres heteropatriarcal por ir en taparrabos o que no cumples con la cuota exigida y debe haber una náufraga contigo para llegar al 50% exigible por la norma en caso de hundimiento de transatlántico. De no cumplirla se acabó parte de la fruta o del agua potable. Dios está en todas partes, Chuck Norris observa a Dios, y a ambos un organismo de igualdad.
Incansables como la mofeta Pepe le Pew detrás de la gatita de la Warner, el organismo de igualdad no deja presa sin morder. Un día puede ser una manada de violadores, siempre española, otro una cuestión de vocabulario, mañana el sueldo millonario de las deportistas de élite, al otro alguien que ha osado protestar contra el aborto. Al organismo de igualdad nada inhumano le es ajeno. Y al asunto de las cofradías le tienen ganas desde hace tiempo. No en vano, esta muestra de religiosidad popular en clara alza, es uno de los principales obstáculos en España para derivar a una especie de apostasía total de facto. Castilla y Andalucía, que vienen a ser lo mismo, se convierten gracias a las hermandades de Semana Santa en un doméstico katejón en este ambiente irrespirable donde ya se asesina estatalmente, o sea, sin salpicar, a jóvenes enfermas mentales.
Y aquí tenemos ya a nuestro organismo de igualdad detrás de los Dolores y el Santo Sepulcro de Aguilar, no como penitente, sino como penitencia impuesta por la burocracia. Estas entidades nunca actúan de forma inocente. Sus amenazas suelen estar bien planificadas y tener, como se diría coloquialmente, toda la intención. El caso de los Dolores es paradigmático. Cuenta con 1.800 hermanos, 400 nazarenos, sale el Viernes Santo, día de la muerte de Nuestro Señor, cuenta con la Señora de Córdoba como una de las principales devociones de la ciudad y, además, es céntrica, lo que significa indudablemente que sus miembros son fachas y se respira en su interior el inconfundible aroma del franquismo sociológico. Semejantes datos surgen ante el organismo de igualdad como el escaneo de Terminator, que iba tucutú tucutú tucutú analizándolo todo hasta escoger arma y blanco perfecto. Pum. Esta vez toca amenaza con la fiscalía a una hermandad que reúne todos esos requisitos que sirvan de ejemplo para las demás. Aquí no se salva nadie.
Añadido a todo ello, en el guión no podía faltar el caso de la mujer oprimida, esta vez una joven llamada Nerea que decidió salir de costalera. Y esa voluntad está para cumplirse, sin más. El hecho de que le falte altura y sobren kilos no importa. Si es necesario se hace obra en el paso y se adapta todo a ella. Faltaría más. Para eso debería existir un equipo de imagineros y carpinteros absolutamente especializados en sus medidas. Y aún así sería poco. ¿Por qué no sustituir la imagen esculpida por Juan Prieto en 1719 por ella misma transportada por toda la ciudad para su adoración? ¡Y sería poco! ¡Muy poco! Cualquier pleitesía es escasa.
A la película se añade también el padre, porque ahora los padres ya van con sus hijos hasta a las entrevistas de trabajo. Cómo no van a acudir prestos a estos espectáculos. Poco importa que lleven a la palestra a la hermandad que se supone deberían honrar. Todo sea por el caprichito. La niña quiere salir de costalera y aquí me traigo a papá. Papá, tú di lo que mamá te ha dicho que digas. El show debe continuar. Tras la aparición en diversos medios seguramente lo consiga, y es sin duda la manera más hermosa de mostrar respeto ante tu cofradía. Bueno, la segunda después de amenazar con una pistola al capataz. Así es como se hacen las cosas, claro que sí.
Evidentemente, el núcleo del problema está en la propia concepción y naturaleza de las instituciones de igualdad, creadas exprofeso para la coacción mediante un tipo de funcionamiento que impregna cualquier área de la vida humana. Pero hay algo más: la falta de respuesta ante un atropello que utiliza el subterfugio habitual para ir minando organizaciones religiosas católicas, pues esa, no nos engañemos, es su verdadera intención. Incluso la educada contestación de la Hermandad de los Dolores ya partía de los requerimientos del área de Igualdad del ramo, con lo que uno rebate con los argumentos de quien, en el fondo, te quiere destruir. Es decir, juega mansa e inocentemente en campo contrario. ¿Qué será lo siguiente? ¿Cuadrillas trans? ¿Barbudos autopercibidos como mujer con mantilla? ¿Penitentes therians que van a cuatro patas porque se creen carlinos? ¿Pasos tirados por mascotas consideradas como hijes? Lo que parece exageración se queda ya pequeño en la distopía en la que vivimos en España, y tras las risas vendrán más y más ataques a las cofradías. Esto era sólo el principio. Lo más lamentable del asunto es que el veneno inoculado ha producido que la refriega venga desde su mismo seno, donde esta «hermana» apuesta por sus deseos infantiles y narcisistas aunque eso suponga introducir la actividad de un organismo dañino en su cofradía. Y digo yo, ¿no le bastaba con percibirse a sí misma como costalero de 1'80? Quizá con eso hubiese bastado. O con unos zancos.