Autos sacramentales y Corpus Christi
Liturgia y piedad popular se dan la mano en una de las solemnidades del Señor más importantes que se celebran a lo largo del año, la del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo o Corpus Christi. Se recuerda la institución de la eucaristía y se proclama la presencia real de Jesucristo en la misma. Previamente, este próximo domingo, tendrá lugar otra Solemnidad, la de la Santísima Trinidad. «La Santísima Trinidad es un misterio de vida y comunión, además de un misterio de fe y de adoración» en palabras de Monseñor López Martín recogidas en su obra sobre el año litúrgico.
El Corpus Christi comenzó celebrándose en la ciudad belga de Lieja en el siglo XIII y dieciocho años después el papa Urbano IV lo extendería a toda la Iglesia.
Los autos sacramentales, que alcanzan su apogeo en el Siglo de Oro, se vinculan a esta fiesta como un complemento fundamental. Con una finalidad didáctica, eran un medio que permitía el acercamiento a lo religioso a una población mayoritariamente iletrada. Reflejando alegorías de marcado carácter teológico y basada fundamentalmente en el misterio eucarístico, aunque también con contenido moral, esta hermosa tradición ha llegado hasta nuestros días. El Cabildo de la Catedral de Córdoba fomenta estos actos contribuyendo a expandir la cultura. Un año más, lo ha hecho posible con la puesta en escena del auto sacramental de Calderón de la Barca, El gran teatro del mundo.
La Compañía de Teatro Clásico de Córdoba, Producciones Teatro Par, se encargaba de llevar a las tablas, en un espacio y ambiente idóneos montado para la ocasión en el Patio de San Eulogio, el mencionado auto dramático. La reflexión sobre nuestra existencia y sus correspondientes valores persuadían al público asistente. Entre la cuna y el sepulcro se desarrolla nuestro paso terrenal. La representación evocaba que cada una de las actuaciones que vamos realizando, hacen más lejano el nacimiento y más próxima la muerte. La vida humana es una representación teatral. El mundo se convierte en el gran escenario en el que cada uno de los personajes va desarrollando su propia historia y la muerte vendrá simbolizada por la caída del telón.
La profunda enseñanza moral del texto hace caer en la cuenta al espectador de las apariencias que caracterizan nuestro tránsito por el mundo, de que la autoridad y la opulencia son ilusiones pasajeras y de que la vida de fe te aporta la sabiduría necesaria para obtener un buen juicio.
En la antesala del día del Corpus, repetiremos el hilo conductor de la función, la referencia fundamental que debe resonar continuamente como voz de la conciencia: «Obrar bien, que Dios es Dios».