Gracias, Greta
La verdad es que cuando uno se levanta por la mañana y se mete en el móvil para ver los periódicos ve pocos motivos para estar orgulloso. El lodazal en el que estamos envueltos día a día, con corrupciones varias, prostitutas, drogas, tráficos de influencias y todo tipo de corruptelas da para poco optimismo. Sin embargo, hay momentos en los que uno encuentra motivos para creer que hay esperanza, que vivimos en un mundo que tiene muchas cosas buenas y en una sociedad cargada de generosidad.
Una de esas razones que te hacen seguir creyendo en la humanidad del hombre lo he visto esta semana con el caso de la pequeña Greta. Lo explico. Greta es un bebé de 9 meses que en diciembre ingresó en el Reina Sofía con un pronóstico pésimo: una miocardiopatía que ponía su vida en un brete y de la que sólo podía salvarse con un trasplante. Si no lo he entendido mal, los médicos tuvieron que buscar una solución rápida porque el tiempo se les iba y optaron por un trasplante cardíaco infantil ABO incompatible, una técnica que permite implantar un órgano aunque el donante y el receptor no compartan grupo sanguíneo. Una jugada arriesgada, un nuevo reto. Un éxito.
Cuatro meses después, Greta protagonizaba con sus padres, Jessica y Juan Luis, la imagen de la esperanza y la excelencia en el arranque de la Semana del Donante que esta semana ha celebrado el centro sanitario cordobés. Ver a la pequeña plena de vida y a sus padres sonrientes y emocionados te reconcilia con la humanidad y te pone los pies en el suelo de lo que es realmente importante. Te pone frente al espejo de lo frágil que es la vida y lo fácil que se te puede ir.
Como decía, imágenes como la de Greta le tocan el orgullo y le llevan a valorar a los profesionales de su sistema sanitario. Son las que te hacen sentirte satisfecho de ser víctima del sistema fiscal extractivo que padecemos. Sirven para comprobar que existen profesionales médicos de enorme valía, descubrir que hay familias que en el momento más duro de su vida dejan de lado su pena y su tristeza para donar unos órganos que dan esperanza y futuro a quienes atraviesan momentos críticos.
El Hospital Reina Sofía ha celebrado esta Semana del Donante coincidiendo con el 50 aniversario de la puesta en marcha de un lugar que es, sin lugar a dudas, el mayor orgullo con el que cuenta esta ciudad. El buque insignia de la calidad, de la innovación y de la ambición entendida como el afán de unos profesionales por superarse cada día y llevar la esperanza siempre un paso más allá.
En un momento en el que cuando uno mira a los lados lo que tiene son ganas de vomitar al ver hasta qué punto la degradación moral ha alcanzado a las principales instituciones del Estado, mirar a la cara a personas como José María Dueñas, coordinador de trasplantes del Reina Sofía, a la pequeña Greta o a sus emocionados padres sirve para hacer las paces con la humanidad. Es el mejor argumento para recordar que, por mucho que estemos en manos de golfos, mangantes y trincones de toda laya y condición, la sociedad está muy por encima. Es un ejemplo de que la generosidad, la formación, la investigación y el afán de superación siguen siendo la principal motivación del ser humano. Viendo este milagro, sin duda alguna, se puede creer que es posible ese mundo mejor. A pesar de que algunos se empeñen en lo contrario. A pesar de que los médicos sean maltratados. A pesar de todo.
Así que gracias, Greta.