A la hora en la que estoy escribiendo este artículo se ha declarado una Emergencia de Interés Nacional casi inédita para hacer frente a cuatro incendios que asuelan Madrid y Ávila. Tal es la magnitud de los fuegos que el Gobierno ha decidido activar el Mecanismo Europeo de Protección Civil y solicitar ayuda a los socios para hacer frente a una situación que ha obligado a evacuar a 11.500 personas hasta el momento. Esto ocurre justo cuando parece controlado el incendio en la zona de La Mierla en Guadalajara, que ha devorado 32.000 hectáreas y ha obligado a vaciar 34 municipios. Y todo ello apenas un mes después de que 13 personas perdieran la vida víctimas de las llamas en Almería.

España arde por los cuatro costados y los servicios de extinción de incendios no dan abasto. La UME, esa unidad militar que es de lo poco que los españoles le podemos agradecer al hombre al que le regalan joyas, corre de un lugar a otro con sus autobombas, sus soldados y su medios entre aplausos, ovaciones y súplicas de afectados. Los bomberos hacen horas extra y miran al cielo esperando que los aviones y helicópteros les echen una mano mientras ruegan a Eolo que deje de soplar. Miles de personas huyen desconsoladas y los medios mandan enviados especiales para contar las desventuras de los desafortunados afectados.

España arde y las autoridades se miran atónitas porque no saben qué hacer ni cómo actuar. Mal tiene que estar la cosa para que Ayuso le haya pedido ayuda a Sánchez. Y lo peor es que esto que pasa no sorprende. Las lluvias de la primavera anunciaban un verano complicado. Mucha agua, más verde, jaramagos por doquier y cara de póquer. La respuesta fácil de lo que ocurre consiste en echarle la culpa de todo al cambio climático, al calor y al viento, que deben ser dos cosas que hasta antes de ayer no existían. Se pide un pacto de Estado contra la Emergencia Climática -que en eso de poner nombres rimbombantes somos expertos- como si estando el patio como está existiera alguna posibilidad de sentar a los partidos en la misma mesa para hacer algo útil.

Proliferan cargos públicos con chalecos de emergencias dando ruedas de prensa en puestos de control avanzado en las que nos explican características ininteligibles del viento, las llamas, las tormentas y el sursuncorda. Mira que les molan los chalecos de emergencia. Sin embargo, ninguno habla de la falta de prevención, de los escasos trabajos de preparación del monte antes del verano, de la carencia de medios humanos y técnicos, de la prohibición estúpida de soltar a los animales en el campo para que hagan de cortacésped y dejen el monte pelado de hierbajos, del obsceno silencio administrativo que durante años ha mirado hacia otro lado en cuanto a los planes de protección y emergencias contra el fuego….

Todos los años pasa lo mismo. O más. España arde por los cuatro costados y las administraciones -aquí da igual a la que se mire- ponen cara de pescao cuando tienen que acudir a pueblos remotos a evacuar a ciudadanos que ven arder sus vidas, sus negocios y su futuro. Aquí no hay nadie capaz de tomarse en serio una tragedia que se repite cada año. Aquí se echa en falta dejar de escudarse en el cambio climático y ponerse a trabajar de verdad. Comprar aviones y helicópteros, contratar a bomberos, dejarse de chorradas y soltar a los cerdos, las vacas y las ovejas por el monte. En definitiva, hacer algo útil. Gestionar se llama. Y una vez hecho eso que se pongan los chalecos y se hagan las fotos.