Nada es más útil que el agua; pero apenas se puede comprar nada con ella. Un diamante, por el contrario, apenas tiene valor de uso, pero con él se pueden comprar muchos otros bienes"Adam Smith

Cada vez que aparece un nuevo fenómeno viral, se repite el mismo ritual. Esta vez le ha tocado a la hermana de Marta Díaz. Miles de comentarios asegurando que «no aporta nada», que «no tiene valor» o que «no merece ganar dinero por hacer vídeos». El problema no es ella. El problema es que seguimos confundiendo utilidad con valor. Es un error que la economía resolvió hace más de dos siglos.

Por ejemplo; El agua es infinitamente más útil que un diamante. Sin agua morimos; sin diamantes podemos vivir perfectamente. Sin embargo, una botella de agua cuesta menos de un euro y un diamante puede costar miles. ¿Por qué? Porque el valor no depende de la utilidad, sino de la escasez y de la demanda. Lo mismo ocurre en las redes sociales.

Muchos dicen que el contenido de algunos 'influencers' «no vale nada». En realidad, quieren decir que a ellos no les resulta útil. Pero el mercado no fija los precios según el gusto de un individuo, sino según lo que millones de personas están dispuestas a consumir.

Y ahí aparece el verdadero recurso escaso del siglo XXI: la atención. Cualquiera puede abrir una cuenta en TikTok o Instagram. Lo difícil no es publicar un vídeo; lo difícil es conseguir que millones de personas dejen de hacer 'scroll' para verlo. Esa atención es limitada, compite con millones de estímulos y, precisamente por eso, tiene un enorme valor económico. No hace falta que un contenido cure el cáncer, explique física cuántica o enseñe macroeconomía para generar valor de mercado. Basta con que millones de personas quieran verlo.

Confundir utilidad con valor lleva a conclusiones absurdas. Siguiendo esa lógica, un profesor debería cobrar más que un futbolista, una enfermera más que un cantante y un libro de economía más que una entrada para un concierto. Sin embargo, los mercados no pagan por la importancia moral de una actividad; pagan por la escasez del recurso que ofrece y por la intensidad de la demanda. La hermana de Marta Díaz no es una anomalía económica. Es una consecuencia lógica de un mercado donde la atención es el activo más escaso.

Quizá el debate no debería centrarse en sí «merece» su éxito. La pregunta interesante es otra: ¿por qué seguimos creyendo que el mercado recompensa la utilidad cuando, en realidad, siempre ha recompensado el valor? Y el valor, nos guste o no, nunca ha sido lo mismo que la utilidad.