Resulta divertido ver cómo en las excusas que cada año se dan sobre lo que ocurre en el campo, sobre todo en verano, se esquiva cada vez con menos pudor aquellas razones burocráticas que paulatinamente se van sucediendo, como lluvia fina, de forma casi imperceptible y que desgraciadamente hacen posible para paradoja de hacer irrespirable el vivir al aire libre.

Nadie abandona el campo o el pueblo por una razón concreta porque no la hay. Se trata de infinidad de factores que han llegado de forma sigilosa y sibilina, y que lentamente han desmontado una estructura de siglos, en vez de modernizarla y adaptarla a nuestro tiempo.

Cualquiera puede poner infinidad de casos, a cada cual más estrambótico. Y como buena muestra de esta asfixia a la que se somete el campo hoy arranca una nueva dirigida especialmente a los cazadores. Se trata del denominado precinto digital.

¿Qué es el precinto digital? Pues se trata de un nuevo control dirigido en este caso a los cazadores. Todos ellos están obligados a llevar en su teléfono móvil una aplicación en la que tienen que registrar en tiempo real las capturas que realicen. Tórtola abatida, tórtola contabilizada. Ahora, antes de salir de la finca ya sabe la Administración las tórtolas que llevas en el zurrón. Esto sí que es control y lo demás son tonterías.

Aunque pueda parecer obvio, al campo se va a estar en el campo y no a estar pegado a una pantallita en vez de ver el amanecer sobre los chaparros o a subir un repecho con la única finalidad de tener cobertura para poner en la dichosa aplicación que ha caído otra tórtola, no vaya a ser que luego te riñan por no hacerlo a tiempo.

Si una universidad bien regada saca un estudio sobre el número de horas al día que pasamos frente a una pantalla lo más seguro es que nos llevemos las manos a la cabeza. Los expertos -porque siempre hay expertos para todo- saldrán enseguida recomendando que lo mejor para desintoxicarse es salir al aire libre, al campo, y olvidarse de las pantallas. Pero es el propio Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación el que pone en marcha esta iniciativa a través de la fundación Artemisan para que quien salga de caza esté condenado a seguir pegado al móvil buscando cobertura por esos cerros de Dios. No tenemos remedio y poco nos pasa.