El mes de agosto es el periodo vacacional por excelencia. Cuando uno prepara el equipaje lo hace con la ilusión de gozar de un tiempo de descanso que sirva para hacer la recarga emocional necesaria que permita afrontar el nuevo año que, en la mayoría de las ocasiones, parece que se inicia en septiembre y no en el mes de enero. El calendario escolar prevalece sobre el año natural y eso se une al hecho de que en verano se suele disponer de un respiro más largo. Pues bien, en el momento de concluir las vacaciones, el morral debería de venir más cargado de lo que se fue.

Nadie debería custodiar experiencias negativas durante esta temporada. Lo deseable sería que ningún imprevisto enturbiara los citados instantes de recreo. No hay que hacer acopio de añoranzas, no hay que acumular piedras sino liberarse de esas cargas que pesan demasiado y son capaces de arrastrarte hasta llegar a sumirte en el cansancio más agotador.

Como el que captura una foto, carguemos nuestra mochila de recuerdos ligeros de peso, pero imborrables. En vacaciones uno tiene que guardar vivencias, aunque sea sin salir del propio entorno. Algunos experimentarán el verano de su vida como les suele ocurrir a los estudiantes en tránsito a la universidad. Habrá quien pase el verano en un cortijo, en una parcela, en un apartamento, en una caravana o en un hotel. No importa si respiras aire fresco en la montaña o húmedo en la playa, si caminas al aire libre por un sendero o al borde del mar. Es posible que vivas aventuras a bordo de un tren; si es este el caso, eso que ayer era odisea, hoy continúa, pero con otro tipo de peripecias en las que no falta la incertidumbre y llegando a transformarse en ocasiones en un verdadero caos, aunque luego se reduzca posiblemente a una anécdota.

Quédate con esas otras remembranzas que son fruto de permanecer en la calle, o en el interior de tu morada, charlando o jugando entre familia o amigos. Elige un paisaje que grabes en tu sesera liberándola del cansancio anodino que provoca fijar la vista en una pantalla. Vive el inicio de la temporada de tu equipo de fútbol, si te apetece; recréate en la historia cautivadora de un buen libro de lectura, si te gusta; descubre una ciudad, con sus encantos, paseando por sus calles, visitando un museo, un monasterio, un parque de atracciones o simplemente contemplando sus edificios y sus gentes; goza con propuestas gastronómicas inéditas para tu persona; asiste a una obra de teatro en un espacio único, o a un concierto; y, si estás en el momento adecuado, observa un eclipse o la lluvia de las perseidas. Haz acopio de todo lo bueno que puedas.

Desconectar, relajarse y cambiar de hábitos. Es necesario desterrar esas rutinas que se realizan de manera autómata en una jornada habitual y que se repiten sin apenas reflexionar sobre ellas. Solamente así será posible aprovisionar energía y oxigenar la mente. En definitiva, portar una mochila llena de recuerdos.