El precio de la dignidad
El miércoles pasado decenas de miles de personas se manifestaron por toda España unidas bajo una misma idea: defender la dignidad de Ceuta y los ceutíes. Fueron concentraciones pacíficas, familiares, en las que se vio a muchos padres y madres con sus hijos. Muchas banderas de España y muchos gritos de que Ceuta no está sola. Fue un encuentro por la dignidad.
Una reunión para apoyar a una población desbordada, asustada, que no se atreve a salir a la calle, que no sabe cómo va a empezar el curso escolar esta semana. Una población que se ha visto abandonada, que se ha visto dejada de la mano de Dios por parte de una dirección política inexistente, torpe y bastante mentirosa.
Dignidad también para los miles de inmigrantes que pululan sin nada por las calles de Ceuta. Sin nada que comer, sin ningún sitio donde dormir, donde lavarse, donde hacer sus necesidades. Dignidad también para ellos porque, aunque hayan entrado de manera ilegal, se merecen un trato mínimo antes de ser devueltos a sus lugares de origen. Porque si trasladamos a esos miles de personas a la península el mensaje que enviamos al exterior es de absoluta barra libre. Y mal que nos pese, la realidad, la dura realidad, es que eso así no puede ser.
Dignidad también de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, que con medios mínimos defienden la estabilidad de todo un país abandonados, metidos en cuchitriles que hacen que el famoso Piolín parezca un Hilton de 5 estrellas. Dignidad también de los periodistas, los que informan, los que están en la calle, los que lidian, los que han sido atacados y vilipendiados por esos histéricos que hay en todas partes. Esos periodistas que son víctimas de la palabrería fácil, gratuita y barata de muchos presentadores que excretan tonterías sentados en los cómodos sillones de sus platos madrileños. Ellos dicen tonterías. Los periodistas de calle lo pagan. Eso es indigno.
Como indigna está siendo la forma de actuar del Gobierno. Lenta y, sobre todo, mentirosa. Mentirosa porque no se tomaron las medidas para evitar este asalto. Mentirosa porque cada vez que nos dan un dato, hay un informe, una declaración o una fotografía que los deja en evidencia. Mentirosa e indigna. Lo que han estado haciendo durante este mes ha sido marear la perdiz.
Indigna porque un presidente del Gobierno no puede decir ante el mayor desafío a la seguridad nacional del país en décadas que tiene derecho a irse a descansar. ¿Cómo puede ser que el presidente del Gobierno tenga derecho a irse a descansar y los policías, los médicos, las enfermeras, los guardias civiles y los ceutíes no hayan podido descansar ni tener vacaciones? Hay que tener muy poca dignidad para decir eso.
Dignidad se supone que es la que demostró Margarita Robles al no levantarse para aplaudir al presidente en el Congreso de los Diputados. Y digo se supone porque si la ministra tuviese un mínimo de dignidad se habría ido ya visto como se ve que no está en absoluto de acuerdo con el modo en que el presidente gestiona esta situación.
Todo esto es una cuestión de dignidad. Y la dignidad no tiene precio. Ni la dignidad de los ceutíes, ni la de los migrantes, ni la de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, ni la de los médicos, ni la de las enfermeras, ni la de las miles de personas que se están viendo afectadas por esto. Y, por dignidad, quienes dicen representarnos deberían sentarse y buscar soluciones. Estamos ante el mayor desafío a la integridad nacional en décadas. Hagan algo, si es que tienen dignidad. Porque la dignidad no tiene precio. Y menos si éste se mide en lo que vale un sillón en el Congreso de los Diputados.