Vienen curvas
«A muchos les va en ellos el pan y el fin de mes porque si se les acaba el momio van a tener que ponerse a doblar la raspa y en cosas que cansan de verdad»
El curso 2026/2027 ha comenzado aún más fuerte de cómo acabó el anterior. El ambiente se encuentra en unos niveles de tensión desorbitados y, lo peor de todo, in crescendo. Al verano nos fuimos sumidos en los escándalos de corrupción del PSOE. De las vacaciones volvemos con miles de migrantes campando a sus anchas por las calles de Ceuta. Serios problemas que sacuden nuestro sistema democrático y que no hacen sino incrementar el cruce de reproches entre unos y otros.
Estamos en año electoral. De municipales, que serán con seguridad el 23 de mayo del 27, y de generales, que serán con seguridad cuando a Sánchez le dé por convocarlas. Ante las próximas campañas (si es que alguna vez hemos dejado de estar en ellas) el panorama es desolador y desalentador. Los extremos ganan cada vez más peso. Vox está crecido. Su estrategia de tensión cada vez le renta mayores apoyos. El PSOE, absolutamente noqueado por todo lo que le está cayendo alrededor como partido y como Gobierno, ha decidido lanzarse a aglutinar todo el voto de la izquierda. Fagocita a sus socios minoritarios, Sumar, IU, Podemos… en busca de convertirse en la única fuerza que en el futuro pueda plantarse ante el PP y Vox. Y le funciona.
El ambiente es estomagante y lo peor es que comienza a trasladarse a todos los rincones del panorama político. Dábamos por descontado que el Congreso de los Diputados, el Senado y todo lo que está dentro de la M30 es un pudridero. El problema es que ahora eso ha saltado fuera. Esta semana, en el Parlamento andaluz socialistas y voxistas se han enganchado. Los primeros calificando a Vox como un partido xenófobo, racista, machista y todo lo que acabe en «ista». El segundo, respondiendo que los socialistas son unos puteros. Muy educativo todo.
En Córdoba, que se había mantenido más o menos al margen, también hemos tenido caso cuando un concejal de Vox, Miguel Castellano, en un ataque de supuesto ingenio, tuvo a bien llamar «mierda» al presidente del Gobierno amparándose en la quinta acepción que la RAE da a ese término en su diccionario. No seré yo quien salga a loar las maravillas del susodicho presidente, pero me da a mí que la descalificación chusca no es la mejor manera en la que debe conducirse un servidor público al hablar de una institución de Gobierno.
Entre mierdas, racistas, machistas y puteros convivimos los demás ciudadanos intentando mantener la cordura. entregados a hablar del tiempo en las reuniones familiares y de amigos para evitar que nos salga de las entrañas lo que de verdad estamos pensando. Cuando una sociedad pierde la capacidad del debate sosegado y moderado; cuando pierde la capacidad de aceptar postulados del contrario, que no del enemigo; cuando pierde la capacidad de matizar sus propias opiniones con aportaciones externas se encamina, indefectiblemente, al colapso.
Quedan por delante los meses que quiera Pedro Sánchez hasta llegar a las urnas de las generales e iremos viendo cómo sube esta tensión y los exabruptos sonarán cada vez más altos. A muchos les va en ellos el pan y el fin de mes porque si se les acaba el momio van a tener que ponerse a doblar la raspa y en cosas que cansan de verdad. Entretanto, intentemos mantener los demás la calma, que no ofende quien quiere sino quien puede y ya nos ofenden bastante con las facturas crecientes de cada final de mes.
Agárrense que vienen curvas y no les hagan caso porque ni saben ni se creen la mitad de lo que dicen.