Las ciudades cada vez miran menos al campo. Las poblaciones urbanas crecen considerablemente mientras el medio rural ha pasado de ser un paraíso a un infierno económico y burocrático para los productores mientras el resto de la sociedad lo ha infantilizado al modo de un parque de atracciones en el que pasar un fin de semana en una casa rural donde el entorno se valora menos que la calidad del wifi y las horas se llenan con las denominadas experiencias que el lunes en el trabajo habrán pasado a ser no más que un lejano recuerdo.

Quienes se han criado en un pueblo, que desgraciadamente cada vez son menos, conocen a la perfección el lenguaje de las nubes, la belleza de los silencios, la capacidad para resolver problemas por uno mismo y disfrutan e interpretan como nadie los múltiples sonidos del medio natural, desde los más sutiles a los más rotundos y este privilegio, vetados a los urbanitas, marca la diferencia.

Las gentes del campo han heredado de generación en generación los peligros y los temores que podían aparecer en cualquier momento, como una plaga, una sequía o cualquier enfermedad que mermase una punta de vacas. Ahora los riesgos son peores y más letales. Uno se podía recuperar de un mal año pero de lo que no se puede librar es de un burócrata europeo criado en las brumas del río Elba o el medioambientalista a tiempo completo que influye en gobiernos de todo color político cuando cuando los árboles que tiene más cercanos a su sede son los del Retiro madrileño.

Ahora, con la celebración de Intercaza es cuando el orgullo del campo llega realmente a la ciudad porque se ve que no sólo ofrece un presente lleno de innovación sino que dibujan un futuro plenamente respetuoso con el medio ambiente, porque a ellos sí les duele de verdad todo lo que ocurre en el campo.

Intercaza, además, es la feria de un sector que precisamente no está bien puntuado en los catecismos progres. Antes de a agarrar la bandera palestina les enseñan que hay que estar en contra de la caza y de los toros, por supuesto, como punto de partida identitario. Lo de las emisiones a la atmósfera viene ya si eso en el segundo tema.

Pasear en estos días por el Centro de Exposiciones, Ferias y Convenciones es una excelente oportunidad para tomarle el pulso a un sector acostumbrado a recibir palos de todos sitios. Ellos, como nadie, han sabido adaptar las formas del ayer con todos los adelantos que nos ofrece el presente. De este modo se mantiene una cultura más que secular, adobada con su estética inconfundible, la riqueza de su léxico o sus costumbres ancestrales. Cuando se habla de caza hay que tener la amplitud de mente necesaria para abarcarla en toda su amplitud y riqueza, y así no caer en un reduccionismo facilón.

Por último, las cifras no engañan y son la mejor muestra de la magnitud que la caza tiene en Córdoba, así como en su transversalidad, porque no entienden de siglas políticas. En la provincia hay más de 1.500 cotos de caza registrados en la Junta de Andalucía, así como unas 50.000 licencias de caza. Estas cifras desmontan de forma estrepitosa la colocación de cualquier etiqueta social a quien practique este deporte.