El método del profesor Boimare
«El remedio es eficaz a través de la cultura y no poniendo en primer lugar, como sugieren algunos educadores, lo afectivo»
Cada maestrillo tiene su librillo, dice el refrán, pero lo cierto y verdad es que en medio de toda esta vorágine de nuevas pedagogías e IA en la que vivimos parece que siguen surgiendo unas nuevas - o no tan nuevas - dificultades o simplemente asistimos al permanente retorno de cuestiones a purificar que hacen que se dude de la valía de muchos de los planteamientos pedagógicos vigentes.
Las dudas surgen cuando un joven, con no poca pobreza de vocabulario, difícilmente puede formarse una idea personal, crítica, de lo que sucede a su alrededor. El riesgo es quedar reducido a un ser meramente gregario que es básicamente dirigido por las emociones y con la cierta engañifa de creer formar de «la sociedad del conocimiento». Prueba de ello podría ser su particular tendencia a dar fe a cualquier rumor con la consabida reacción sentimental.
El drama, en mi opinión, tiene su particular génesis en que este joven no ha aprendido a usar el lenguaje porque no se le ha dado la oportunidad real de que la lectura sea instrumento de aprendizaje. Y sin lenguaje no puede haber pensamiento. Si a eso se le suma, en opinión de I. Enkvist, la tendencia actual en la esfera pública a un lenguaje más intimo e informal, sin apenas diferencias entre una conversación privada y pública, de modo que se escribe como se habla, es evidente que la pobreza de vocabulario y en el mismo manejo del lenguaje es palmaria. Y si a todo esto se le suma también la desaparición de la poesía en la escuela y que la tarea del alumno ya no consiste en interpretar obras, sino más bien en presentar sus propias opiniones e intereses en conexión con un tema mencionado en un texto, creo que salta a la vista la merma en la capacidad inventiva y en la densidad de la expresión.
Pero volviendo al «maestrillo» y al «librillo», parece que aún queda alguno con cierto éxito. Me refiero al profesor Boimare y a su método, que paso a resumir acto seguido. El método – nihil novum sub sole - es simple y llanamente volver a la lectura en voz alta. Al parecer, a través de la voz del profesor y de la cercanía humana de este, el texto se llena de interés humano. Ya se entiende que en la selección de textos que hace el profesor se dará normalmente una distancia entre el texto y el alumno, porque se han elegido textos de otras épocas y de otros países. Poco a poco esto ayudará al alumno a pensar en vez de a reaccionar automáticamente y con clichés.
No es mero costumbrismo pero la clase típica del profesor Boimare siempre empieza con una lectura en voz alta durante quince o veinte minutos. Después, intercambio con los alumnos sobre lo que se ha leído. Es gimnasia para la memoria mantener vivo en la mente lo que se acaban de oír y verdadera creación de mundo interior sobre el que apoyarse. Decir otra vez lo que acaban de oír permite comprender mejor lo escuchado. Después, el profesor Boimare les pide que redacten de manera individual de cinco a diez líneas, lo cual también es una manera de prolongar la retención de la historia. En principio estos «abnegados» alumnos no tienen la costumbre de estar solos delante de la hoja en blanco, lo cual les obliga a hacer lo que han evitado: buscar ideas dentro de sí mismos y, a la vez, palabras para expresar las ideas. Creo que nadie dudará que el acto de escribir refuerza el pensamiento y lo fija en el recuerdo, ayudando al alumno a crear imágenes utilizables en otras muchas ocasiones.
En definitiva, vuelvo a Enkvist, se trata de entrenar para obtener la capacidad de exponer un punto de vista, de escuchar el punto de vista de otros y de discutir. El método Boimare invita al alumno a tolerar que otras personas tengan otras maneras de pensar. ¡Toda una revolución mental!
El milagro puede suceder, el remedio es eficaz a través de la cultura y no poniendo en primer lugar, como sugieren algunos educadores, lo afectivo. Hay educadores que creen que hay que hacer hablar a los alumnos de ellos mismos, de sus intereses y de su barrio. Boimare cree que no (Enkvist).