Haciendo amigos
«Con Sánchez votan los muertos, los corruptos, los degenerados y los tramposos, los que no tienen recato en actuar mafiosamente para intentar silenciar a una juez que cumple su obligación»
La sabiduría popular es rica en pareados que definen la esencia de las relaciones sociales. El empeño del sanchismo en alejarnos de nuestros aliados naturales para echarse en manos de otros estilos y otros comportamientos ajenos, cuando no radicalmente opuestos, a nuestra cultura e identidad histórica e ideológica, está llevándonos a un aislamiento económico y social que ya empieza a causar los primeros destrozos.
Los últimos datos oficiales sobre la inversión extranjera, publicados el pasado lunes por el Ministerio de Economía, ponen de manifiesto un descenso alarmante de la inversión neta extranjera en España, durante el primer semestre, desplomándose hasta un 40 %, siendo especialmente alarmante la de EEUU, primer inversor en España, que alcanza un descenso neto del 230 % por las desinversiones. Y cuando no se invierte en un sitio es porque no hay confianza en la seriedad y el compromiso de quienes lo dirigen.
La demagogia es muy productiva para los déspotas en sus primeros años de mandato, pero la realidad es mucho más tozuda de lo que un buenismo primario pretende insuflar en las mentes más desprotegidas. La doctrinaria y facilona proclama populista del dispendio y la prodigalidad y la facilidad con la que se dilapida el dinero público comprando voluntades con inversiones improductivas, mientras se persigue sin piedad a los generadores de riqueza, suelen ser armas que utilizan los autocratas para consolidar su poder que terminan arrastrando a toda la sociedad a la indigencia intelectual y al atraso económico.
Cuando se zahiere a países que son socios de una forma de entender las relaciones humanas y los derechos ciudadanos, alineándose con quienes basan su poder en el autoritarismo y la ausencia de derechos, se olvida algo esencial para un gobernante serio y comprometido con el país que dirige: los errores de un gobernante determinado en un tema puntual no pueden generalizarse al país que dirige, porque los dirigentes pasan, pero los países permanecen. Trump pasará, EEUU permanecerá.
Si, al mismo tiempo que te enemistas con tus socios naturales, estableces vínculos, algunos ocultos y posiblemente traicioneros, con regímenes autoritarios y dictatoriales, estas llevando a tu país al borde de un precipicio de dolorosas consecuencias. No es casual que la política migratoria de Sánchez haya merecido el rechazo expreso de 22 de los 27 miembros de la Unión Europea. Solo se han abstenido Francia y Portugal, por razones de buena vecindad, Irlanda para salvar su neutralidad por ostentar la presidencia semestral, y Luxemburgo que siempre se mantiene al margen de tales controversias.
El daño que el sanchismo va a dejar como herencia exigirá rigor, competencia y transparencia por parte de quienes hayan de revertir la situación. Porque no es sólo el daño moral infringido a un país cuyos ciudadanos se ven concernidos, ante esa política frentista y polarizadora puesta en marcha por los constructores de muros, a tener que posicionarse en uno u otro bando. Es que la economía buenista y demagógica de la compra de votos hace insostenibles las cuentas públicas, por lo que será imprescindible gestionar con rigor el gasto público desaforado, potenciar la economía productiva y racionalizar un sector público infectado de roedores.
Esa tarea de reconstrucción implicará acabar con la degeneración de quienes vinieron, decían, a regenerar la política y hoy se ahogan entre la corrupción y la traicion a un país que deja sin respuesta convincente un atentado a su soberanía nacional. Cuando se apoyan regímenes dictatoriales y se copian comportamientos propios de los mismos, manipulando censos electorales y arremetiendo contra el poder judicial y la prensa libre, resulta cada vez más evidente el por qué Sanchez y su gente son tan amigos de regímenes dictatoriales sin cuyo comportamiento no hubiera sido posible la invasión de una ciudad española abandonada a su suerte por un político irresponsable.
Que el sanchismo ha podrido la política no ofrece hoy duda. Sus propios militantes intentan desmarcarse de la deriva indecente al que está llegando. Algunas agrupaciones socialistas expresan su rechazo a que Zapatero haga campaña, como anunció Sánchez. Y algunos incluso dicen que quien no tiene que ir es el mismo Sánchez. En un audio de la ex secretaria del PSOE en Argentina se oye una orden nítida: «coge el pasaporte de tu tía, la que se murió». Con Sánchez votan los muertos, los corruptos, los degenerados y los tramposos, los que no tienen recato en actuar mafiosamente para intentar silenciar a una juez que cumple su obligación. El espectáculo de una caterva de ministros dictando sentencias favorables a sus intereses es tan vergonzoso que pone de manifiesto su voluntad dictatorial. Blindar las calles por donde circula Sánchez, obligar a los ciudadanos a circular sin poder detenerse para contemplar el paso del autócrata y obligar al personal del Congreso a que se haga cargo de las aceras, era lo que hacía el dictador rumano, el comunista Ceausescu, cuyo trágico final debiera servir de lección a estos nuevos déspotas.
Las malas compañías siempre tienen malas consecuencias. Ser caritativo con el dinero de todos es fácil. Lo difícil es generar la riqueza suficiente para poder ejercer la caridad. Por eso, los manirrotos populistas terminan arruinando a sus pueblos, haciendo verdad aquello de pan para hoy y hambre para mañana. De ahí la importancia de saber con quien se juega uno los cuartos y que compañías frecuenta. Dime con quien andas y te diré quien eres, un refrán que Sánchez debiera haber interiorizado antes de romper amarras con sus socios naturales y decantarse por el populismo dictatorial de quienes privan de libertades e iniciativas a sus ciudadanos. La incomodidad con la que recibió en la ONU el saludo de Delcy, la encargada de Trump en el petroleo venezolano, no puede ocultar que es con esos oportunistas con los que ha decido moverse en el tablero internacional.