La subdelegada del Gobierno en Córdoba apeló el pasado jueves a la 'humanidad' de los diputados del PP para que convalidaran los decretos leyes apresurados que, en menos de una semana, había elaborado el Gobierno de Sánchez para combatir, según el Ejecutivo, la especulación con la vivienda. En realidad, Ana López solo estaba repitiendo la idea fuerza que el equipo de comunicación gubernamental había lanzado esa mañana para hacer su siembra sentimental en la opinión pública, continuar con el trabajo de manipulación y propaganda que el Gobierno de Sánchez realiza magistralmente para mantenerse en el poder y lograr que la intención de voto no baje más de lo que pueda compensar la ley de nietos.

De paso se refuerza el encuadre que se viene practicando en España desde los mandatos de Zapatero y que consiste básicamente en señalar a la mitad de los españoles, la que no piensa igual que los socialistas. En este caso se apela a la humanidad para deshumanizar al adversario: si no votáis esto, sois malas personas. Una estrategia que fomenta la polarización para que después quienes la practican se pregunten hipócritamente, con cara de preocupados, qué está pasando en esta sociedad.

Y una de las cosas que suceden hoy en día es, precisamente, la falta de humanidad. La que no tuvo, ni tiene, Sánchez con los ceutíes al irse de vacaciones tras la invasión marroquí, o la que desconoce la ministra de Sanidad, que en la presentación de la nueva campaña a favor del aborto negó que el feto sufriera. «¿Estás queriendo decir que estás haciendo sufrir, que el aborto es un ejercicio de sufrimiento al feto? ¿Crees que hay evidencia de que el feto sufre? No te voy a contestar porque es tan obvia la evidencia», respondió a la periodista que le hizo la pregunta.

Esa sí que es una falta absoluta de humanidad, señora subdelegada. La que niega no solo la dignidad, sino también la fisiología de una vida a la que se le impide nacer y se la trata como algo prescindible. Peor incluso que la de los desahucios.