El método es viejo y está estudiado. Gustave Le Bon escribió en 1895 que la multitud piensa por imágenes y que quien quiere dirigirla prescinde de argumentos: afirma, repite y espera el contagio. Aquí la imagen es una anciana en una camilla y la palabra, un nombre de pila. No hay nada que explicar, y esa es la primera condición de un símbolo eficaz.

La segunda es que sirva para todo. Ernesto Laclau, teórico de referencia del populismo de izquierdas, explicó que las quejas de cada cual no tienen nada en común hasta que un nombre las reúne, y que ese nombre funciona mejor cuanto menos concreto sea lo que exige. Bajo el de Maricarmen caben hoy el alquiler que no se puede pagar, el piso que no se puede comprar, una acampada en la Puerta del Sol, un decreto y una huelga general.

Después vienen el rito y la saturación. El historiador George L. Mosse describió cómo la política de masas copió las formas del culto para ponerlas al servicio de una causa, y a eso responden las consignas que ya unen el nombre de la fallecida a la continuidad de la protesta. Los medios y las redes han hecho el resto, con directos que apilaban uno tras otro los mensajes de los políticos.

Falta la pieza que cierra la trampa. Elisabeth Noelle-Neumann la llamó la espiral del silencio: quien cree estar en minoría se calla por miedo a quedarse solo, y al callar hace que la opinión dominante parezca todavía más unánime, lo que acalla al siguiente. Muchos ven el montaje y no lo dicen por no señalarse. Nadie quiere ser el que pone reparos ante la muerte de una anciana, y con eso cuenta quien ha armado el relato.

Este jueves la espiral llegó a Córdoba. En la feria de Defensa se guardó un minuto de silencio por ella, a 400 kilómetros de su casa, y cuesta imaginar que alguien se atreviera a no sumarse. Nadie discute que lo merezca. Pero solo el año pasado hubo en España más de 25.000 desahucios, según el Consejo General del Poder Judicial, y cientos de miles en los últimos ocho años, muchos de ellos más crueles y casi ninguno con acampada, decreto ni homenaje. Que este sí los tenga es la prueba de que el relato ha triunfado. Y da miedo comprobar lo fácil que sigue siendo manipular a las masas.