La 'season'
«Era el regreso a la vida tras el calor estival, la reunión de los dispersos, la vuelta a la actividad, el inicio de una agenda que no parará hasta que llegue el verano»
Los británicos elegantes no capitalinos, los ‘gentlemen farmer’, no tienen reparo alguno en vivir buena parte del año en su casa de campo, con todo tipo de comodidades, donde no les falta de nada. Allí, aislados, son plenamente felices, ya que del resto de la sociedad sólo les llega un lejano rumor que no les entorpece para montar a caballo, salir de caza o leer sin desmayo frente a la chimenea después de anotar minuciosamente los rendimientos de la finca.
Esta forma de vida cada vez más exótica pudimos conocerla con todo lujo de detalles a través de la familia Crawley, los protagonistas de la insuperable serie ‘Downton Abbey’, en la que la abrumadora riqueza de matices y detalles hizo que el espectador se sumergiera entre ellos, como uno más, sin problema alguno en aquel aristocrático ecosistema.
Los seguidores de esta seria recordarán los traslados de toda la saga, servicio incluido, a Londres, donde su gran mansión capitalina ejercía de escenario de intrigas y de espejo de vanidades desde el que participaban en una intensa vida social donde nada quedaba a la improvisación.
Estos ‘gentlemen farmer’, cómo no, tenían propiedades en Londres no menos lujosas. A ellas acudían una vez pasado el verano, cuando comenzaba lo que denominaban la ‘season’, la temporada de cenas, recepciones, óperas, inauguraciones y demás saraos que les servían no sólo para lucirse sino también para competir entre ellos, para ver y para dejarse ver. Era el regreso a la vida tras el calor estival, la reunión de los dispersos, la vuelta a la actividad, el inicio de una agenda que no parará hasta que llegue de nuevo el verano.
Esta clase social menguante, cuando no extinguida, ya no participará de estas prácticas sociales de hace un siglo ni competirán en justas sociales bajo grandes lámparas de cristal de roca. Hace tiempo que no protagonizan los acontecimientos de la temporada, pero esto no ha hecho que cada año, por estas fechas, se reanude la vida social en las ciudades.
Salvando las distancias, Córdoba también inicia su ‘season’ en octubre sin aristocracia ni despliegue de uniformes y joyas. La ciudad recupera su pulso progresivamente, sin alharacas, hasta el punto de que rara es la tarde en la que no hay tres actos a la misma hora donde los invitados potenciales suelen ser los mismos a los tres.
No sólo la Orquesta inicia su temporada sino que en estos días se vuelven a programar actos de todo tipo que en los meses precedentes han estado ralentizados por razones que no hay que explicar a un cordobés. En este primer concierto se volverán a saludar quienes no lo hacen desde antes del verano y lo volverán a hacer hasta que en junio vuelvan otra vez a despedirse.
Ahora, en octubre, despierta de nuevo la ciudad. La agenda recupera su volumen, volverá el entretenimiento para quienes disfrutan de las tardes libres y también regresará esa costumbre tan cordobesa de la contraprogramación. ¿Cuántas tardes habrá en las que costará elegir entre un acto y otro? ¿Es que no se pueden poner de acuerdo ni en el propio Ayuntamiento?