El hombre paciente
«Es un ritual ya preestablecido que busca decir al político de turno las cosas a la cara y buscar el foco mediático»
Las protestas en el salón de Plenos no son nuevas, ni mucho menos. Lo mismo hay sesiones en las que no entra ni pirri que hay otras en las que no se cabe, entre pancartas, carteles, camisetas uniformadas y demás atrezzo propio de toda reclamación. Se trata de un ritual ya preestablecido que busca decir al político de turno las cosas a la cara y buscar el foco mediático por la presencia de los medios de comunicación.
Si hay algo que unifique a quienes van a protestar al salón de Plenos del Ayuntamiento de Córdoba es, mayoritariamente, la reivindicación laboral, ya sea sindical o no. Por ahí pasan policías locales, bomberos, la ayuda a domicilio, los de Sadeco o los de Hitachi, por recordar los casos más recientes, sin olvidar a los jubilados del Ayuntamiento que han reiterado en varias ocasiones que no se les ha pagado aún el premio de jubilación, que son unos cuantos miles de euros que le vienen bien a cualquiera y que el Consistorio remolonea desde hace tres años.
A distancia, hay otro colectivo que también cuenta con una asistencia frecuente al salón de Plenos y es el de los vecinos, que lo mismo protestan porque una calle se ha quedado a oscuras o porque los alcorques y las aceras están llenos de hierbajos desde que se dejó de usar el glifosato. Piden un paso de cebra o que no alejen más los contenedores con el fin de ahorrar costes en las rutas de recogida de la basura. Lo mismo reclaman más policía de barrio que les pongan luces de Navidad este año. La política local pura y dura.
Al margen de esta casuística está la reivindicación individual, que es la más infrecuente. Es la de quien tiene la necesidad de hacer llegar al poder municipal un problema que le afecta personalmente y que a buen seguro no habrá encontrado respuesta por otras vías. Es el último cartucho que hay que tirar bien para que surta efecto.
En el Pleno del pasado jueves, tan bullanguero que acabó con desalojo de parte del público, hubo un señor que se las apañó para entrar de los primeros y coger un buen sitio: en la primera fila, junto al pasillo. Ni gritaba ni llevaba silbato. En silencio, con un cartel donde explicaba de forma eficaz la razón de su queja: La tapa de un registro de una compañía eléctrica cuyo ruido molesta sobremanera.
Protesta en el Pleno por el ruido de una tapa en Ronda de los Mártires, 11
En el cartel había dos datos fundamentales sobre este problema de menos de un metro cuadrado, como que está a la altura del número 11 de la Ronda de los Mártires, en la Ribera, y que desde hace siete meses nadie ha puesto una solución. Cualquiera que haya tenido cerca una tapa suelta cerca de sus casas sabe el tormento que es cada vez que pasa un coche y la hace bascular con el correspondiente doble golpe. Ni asfalto fonoreductor ni leches. Es un sonido que llega sin avisar, sobre todo en las noches de verano, cuando se duerme con las ventanas abiertas. La onomatopeya del «clon clon» que corona el cartel es la mejor definición del motivo de la queja de ese cordobés paciente que el jueves se vio sobrepasado por las ruidosas protestas de otros colectivos y por la indiferencia de los políticos.