Unos amigos
«Hemos recordado cuál fue el método original con el que Dios quiso manifestarse al mundo: encarnándose en unas circunstancias concretas y eligiendo doce amigos para vivirlas y afrontarlas»
Hoy me he reunido con cinco amigos para charlar un rato. No habría sido nada extraordinario si no fuera porque teníamos un interés atronador para intercambiar impresiones y madurar un juicio real y verdadero sobre la situación de Ceuta o de la vivienda. Es decir, sobre lo que pasa en el mundo de hoy.
Hemos constatado la soledad a nuestro alrededor por querer hablar de esto en nuestro entorno donde reina un silencio atronador. «Total Felipe, como hables, te van a dar por todos lados», parece decir la población media.
Alguien dijo que meter más dosis de sospecha y violencia al sistema provocaría que las cosas fueran peor. Meter en cambio afecto humano y cercanía -empatía con el que sufre-, hace que el sistema pueda mejorar y mucho. Se puso el ejemplo de Fuenlabrada como la ciudad más segura de España en 2025 con menor índice de criminalidad. La clave, dicen, no está en una única medida, sino en una combinación sostenida en el tiempo de coordinación policial, prevención y políticas de convivencia. Todo ello apoyado en una estructura social «muy organizada y muy estructurada», con más de miles de asociaciones y colectivos ciudadanos. Canales que te permiten detectar aquellos focos donde hay que intervenir antes de que las cosas lleguen a mayores.
Alguien me recomendó ver la peli Social Dilemma del estudio que destapó el Wall Street Journal sobre cómo las redes y el maldito algoritmo ese, radicaliza las opiniones del personal. Puro veneno.
También una persona me sugirió el libro La nación de los extraños de la periodista turca Ece Temelkuran que relata magistralmente la experiencia interior de alguien en el exilio. «Solo quienes nunca han abandonado o perdido el hogar pueden creer que la Odisea trata del regreso a Ítaca. La Odisea nunca ha sido un relato sobre el regreso al hogar. Lo que hunde al extraño no es el agotamiento de ser expulsado del hogar. Es la pérdida de fe en el hogar, en uno mismo y en los demás. Esa es la oscuridad total, la tiniebla más negra. Allí, el extraño todavía puede remedar la vida comiendo, trabajando, manteniendo relaciones sexuales, envejeciendo, riéndose, bebiendo, haciendo planes para el próximo verano... Pero lo hace desprovisto de lo fundamental: la alegría de vivir. Algo que sentimos tan presente como el aire, hasta que nos falta. Al cabo de un tiempo, incluso los ensayos de alegría pierden todo el sentido. Desaparece la necesidad humana básica de belleza, como dijo Douha.»
Luigi Giussani recordaba en 1969 en Un rostro en la historia: «En resumen, resolver los problemas en lo concreto de la historia personal y social es el deber del hombre según la connotación de su momento histórico y según la connotación de su libertad, es decir, de su genialidad y sobre todo de su apertura, de su voluntad, de su capacidad de amar y de su generosidad.» La aventura de la interpretación. Obligatoria para todos. No hay manera de destilar principios aplicables a la realidad, hay que adaptarlos, readaptarlos continuamente y aquí nos la jugamos todos.
Algunos amigos
Hemos recordado cuál fue el método original con el que Dios quiso manifestarse al mundo: encarnándose en unas circunstancias concretas y eligiendo doce amigos para vivirlas y afrontarlas. Escogió el afecto (sobre todo con los enfermos y las gentes sufrientes) como método para transmitir la Verdad que llevaba encima.
Alguien ha sugerido trabajar la última encíclica del Papa León XIV Magnifica humanitas y trabajar el capítulo dos donde la idea principal es que la justicia y la ética no se aplican a una «humanidad abstracta» sino a la persona concreta, a comprender la realidad individual de cada ser humano. No podemos no mirar a la persona «normal» y, pasar por alto que sufre, por ejemplo con el problema de la vivienda. Lo contrario del suicidio es hacer guetos y construir un buen castillo donde hablar de nuestras cosas.
Aprender a tener en cuenta todos los factores. Supone una inteligencia. El egoísmo - intentar estar seguro en tu comodidad- nunca podría ser un criterio para el bien.
La circunstancia nos obliga a traducir hoy lo que ayer nos servía. Y eso no se hace sin dedicarle tiempo como cuando éramos estudiantes y teníamos un problema difícil, que no salía a la primera. No hay por qué precipitarse. Si yo no veo la solución, debo esperar, mirar, trabajar. No está dicho que de un día para otro tengamos que encontrar la solución.
Extraños amigos, buenos amigos.