Traslado de la Virgen de la Fuensanta a la Catedral
La Fuensanta llega a la Catedral de Córdoba con los jóvenes al frente
Este domingo será la procesión triunfal de regreso a su templo
La tarde cordobesa se encendió con un resplandor distinto. No era sólo la luz del sol cayendo sobre las piedras centenarias, era el fulgor de un pueblo que abría sus labios al rezo y su corazón al encuentro. Desde el Santuario de la Fuensanta, la Virgen salió en Rosario hacia la Santa Iglesia Catedral, envuelta en un cortejo que hoy hablaba con voz joven.
Con tintes de procesión y la música de la banda que lleva su nombre, multitud de cordobeses se acercaron hasta el pocito para acompañar en sus primeros pasos. No era un traslado cualquiera: la juventud marcaba el compás, tomaba las riendas y se hacía protagonista de la devoción. Muchachos y muchachas de las cofradías, guiando con manos firmes el caminar de la patrona de la Agrupación de Cofradías.
La ciudad se detuvo a mirar. En las esquinas y en los balcones se arremolinaban los vecinos, para adorar una devoción tan antigua como intensa. El ritmo fue pausado, recogido, como quien sabe que cada instante merece ser atesorado. Los jóvenes eran custodios y mensajeros: abrían el paso con la alegría de quien lleva a su Madre, y al mismo tiempo con la responsabilidad de un testimonio que trasciende. Porque hoy no sólo acompañaban a la Fuensanta: escribían, a fuego y oración, el futuro de la devoción cordobesa.
Cuando el cortejo alcanzó la Catedral, la tarde ya se fundía en oro y sombra. La Virgen entró en la casa mayor de la diócesis entre el murmullo y un resplandor de cirios. Allí, bajo los arcos y bóvedas que guardan siglos de fe, la juventud entregó su mejor regalo: haber hecho suyo el camino, haber sido columna viva de un Rosario que se convirtió en proclamación de esperanza.
Era un traslado, sí, pero también un símbolo: la certeza de que la Virgen de la Fuensanta seguirá siendo faro y refugio porque hay corazones jóvenes que aún laten fuerte por Ella.