La Virgen de la Soledad en su rosario por las calles de CórdobaLuis A. Navarro

El rosario de la Virgen de la Soledad de Córdoba brilla en su 50 aniversario bajo palio

La estampa quedará guardada para siempre en una efeméride histórica

Bajo la noche cordobesa, la Virgen de la Soledad se convirtió en el centro de todas las miradas en el acto que marca el corazón del cincuentenario de su hermandad. Un rosario público que no fue uno más, sino la oración compartida de toda una historia, cincuenta años de fe y entrega, cincuenta años de camino en torno a la devoción a Nuestra Señora de la Soledad.

La imagen que quedará grabada para siempre fue la de la Virgen tallada por Luis Álvarez Duarte, majestuosa y sobrecogedora bajo palio. Y no un palio cualquiera: el de la Virgen de los Dolores de Pedro Abad, cedido con generosidad por la cofradía perabeña para engrandecer la efeméride. No parecía una cesión circunstancial, sino un gesto que la historia había reservado para este momento. Todo encajaba con una naturalidad que rozaba lo eterno, como si la Soledad hubiese aguardado siempre su palio, como si aquella escena estuviera escrita desde el principio.

El cortejo avanzó en un clima de recogimiento, envuelto en un silencio roto solo por la oración y el murmullo devoto. La Banda de la Estrella, inseparable compañera cada tarde de Viernes Santo, estuvo también presente en esta cita irrepetible, aunque sus sones aguardaban en respetuoso silencio mientras el paso permanecía arriado en cada estación del rosario. Era la música callada del alma la que acompañaba a la Virgen, la que brotaba de las miradas emocionadas, de las manos entrelazadas en el rezo, de la memoria agradecida por medio siglo de vida cofrade.

La Virgen de la Soledad brilló con un aura distinta, engrandecida por la solemnidad del palio, por el calor de su hermandad y de Córdoba entera, que la abrazó en un acto que no fue solo una conmemoración, sino un regalo de belleza y espiritualidad para todos los que tuvieron la fortuna de vivirlo.

Porque en este rosario quedó claro que la Soledad, medio siglo después de su fundación, sigue siendo la respuesta callada al dolor, el refugio en el silencio, la Madre que en Córdoba se alza, más que nunca, como un icono de amor eterno y esperanza.