Una mujer sostiene un rosarioAFP

Madres, familias y jóvenes: la revolución silenciosa de la oración en Córdoba

La Diócesis cuenta con grupos de oración con características muy diversas, desde las Madres Mónicas a la iniciativa 'Pon un cura en tu familia'

Rezar por los hijos y maridos, por los sacerdotes, por las familias, adoraciones al Santísimo, confesiones... la Diócesis de Córdoba está repleta de actividades relacionadas con la oración. Santo Tomás la definía como «la elevación de la mente a Dios», San Juan Crisóstomo decía que «la oración es la luz del alma, el verdadero conocimiento de Dios, la mediadora entre Dios y los hombres», y Santa Teresa «no es otra cosa oración mental, a mi parecer, sino tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama». La Voz de Córdoba ha querido conocer tres grupos de oración de características completamente diferentes: las Madres Mónicas, la iniciativa 'pon un cura en tu familia' y el grupo abierto de la delegación de Juventud. Todas ellas tienen algo en común «un impulso del corazón, una sencilla mirada al cielo» como indicase otra Santa Teresa, Santa Teresa del Niño Jesús.

Las Madres Mónicas

Más de 700 mujeres en la provincia distribuidas por 31 parroquias componen las Madres Mónicas, rama secular de los agustinos. Obtienen su nombre de Santa Mónica, quien rezó durante 18 años por la conversión de su hijo, San Agustín de Hipona. Siguiendo ese ejemplo maternal de oración y tenacidad, se constituyó esta familia de la mencionada orden, que llegó a Córdoba en septiembre de 2020. Se dedican a la oración por los hijos y los maridos del grupo. En algunos lugares funcionan con los llamados coros, que son siete mujeres que se van turnando cada día de la semana. En Córdoba funcionan como grupo abierto, cada uno asentado en una parroquia y siempre rezando ante el santísimo, lo que combina las peticiones para sus hijos con la adoración. «La mayoría somos madres de familia, pero también hay abuelas, viudas o personas solteras que pueden acoger la maternidad individual, es decir, que no tienen hijos propios pero pueden rezar, por ejemplo, por sus sobrinos», explica la coordinadora provincial de las Madres Mónicas, Pilar Fernández-Santos.

Las Madres Mónicas rezan la oración de Santa Mónica que, en un momento determinado, abre la posibilidad de decir los nombres de todos los hijos de las madres que están allí y también, si se desea, de los maridos. Tras la reanudación y conclusión de la oración de Santa Mónica, rezan el rosario.

El último grupo de las Madres Mónicas se formó en el Rescatado. Normalmente empiezan como grupos pequeños, que suelen ir creciendo a medida que más madres se interesan por esta labor ante los problemas familiares que puedan tener. Eso sí, no es un grupo de consulta para la resolución de dichos problemas, sino exclusivamente de oración y de creación de espacios de encuentro en los que se presten apoyo de forma personal, pues siempre tras una actividad de oración le sigue una reunión más amigable e informal. «Hablamos de problemas muy muy gordos, verdaderamente graves, que implican a hijos y maridos, y te puedo asegurar que todas las madres, después de un tiempo de oración comunitaria, sienten paz».

Último encuentro provincial de las Madres Mónicas en San Miguel,La Voz de Córdoba

Pilar Fernández-Martos asegura que han vivido sorprendentes salidas a problemas que creían irresolubles: «nuestro carácter es la tenacidad en la oración, unas veces los problemas mejora un poquito, otras veces más, otras se solucionas, incluso hemos tenido curaciones después de dos años rezando, hay que tener en cuenta que la gota horada la piedra, y que el Señor nos dice «pedid y se os dará»», indica la coordinadora. «Yo le digo a las madres que el Señor no es sordo y que rezamos ante el Santísimo, por lo que nos está viendo, le decimos los nombres de nuestros hijos machaconamente; a veces rezamos con calor, con frío o cansancio, pero siempre con ilusión», añade. La coordinadora indica que la generación de esperanza es fundamental: «hoy día nadie te da esperanza, aquí no sabemos si los hijos van a cambiar o no, hay algunos que han muerto porque estaban muy malitos, pero las madres siempre se sienten acompañadas, su carga pesa menos, y eso te da tranquilidad y serenidad».

Una peculiaridad de las Madres Mónicas es que incluso cuando un hijo o marido fallece, siguen rezando por él, «algo que para una madre cristiana es muy importante, las Madres Mónicas seguirán rezando por ti o por tu hijo de por vida». De hecho, cuando una madre, marido o hijo mueren, los señalan en el estandarte de la procesión del Corpus Christi, con un lazo blanco y los nombres de los fallecidos ese año. El lazo blanco, y no negro, simboliza el hecho de que ven la muerte como un paso para la vida eterna. Las Madres Mónicas también van vestidas de blanco en la mencionada procesión: «nos conocen como las de blanco».

Si una mujer quiere ser Madre Mónica, debe acudir a la parroquia correspondiente y dejar su teléfono para que contacte con ella la coordinadora del grupo. «Hay gente que no vive como la iglesia establece, nosotras no preguntamos nada, si esa persona está dispuesta a arrodillarse ante el Santísimo y rezar la oración de Santa Mónica, eso ya le concede una gracia tremenda... y ya se ocupará el Señor de hacer lo que tenga que hacer, nosotras ahí no entramos». Las Madres Mónicas se encuentran especialmente ilusionadas con el Papa León XIV, el primer Papa agustino, al que irán a ver el próximo mes de octubre.

Pon un cura en tu familia

La Diócesis de Córdoba organiza por octava vez una curiosa iniciativa llamada 'Pon un cura en tu familia'. En torno al Día del Seminario, el 22 de marzo, se abre el periodo de inscripciones mediante un formulario. Este año participarán unas 170 familias. Se asigna a cada una de ellas un sacerdote, de forma aleatoria, y la actividad empieza sobre el 10 de mayo, día de San Juan de Ávila, patrón de los sacerdotes. «A partir de ahí la familia se pone en contacto con el sacerdote, a veces se intercambian los móviles o se conocen en persona», detalla el delegado de Familia y Vida de las Diócesis de Córdoba, José María Pérez Rosa. «Esto viene muy bien para acompañar a los sacerdotes, que están a veces tristemente olvidados, y son personas que necesitan igualmente compañía y compartir sus sentimientos», remarca.

Con las familias se intercambian sacerdotes de los tres seminarios existentes, más algunos de la Diócesis, y tanto curas como familias rezarán por unos y otros en su ámbito. «Es muy frecuente que al rezar en familia tengan la iniciativa los niños, que estén pendientes de decir «vamos a rezar por Don Antonio o por Don Juan», es decir, por el sacerdote que les toque ese años», indica Pérez Rosa. «Esto crea un vínculo muy bonito, pues los niños ven que tienen un amigo sacerdote, y sabrán quién es cuando vayan a su parroquia». El vínculo de oración entre familias y sacerdotes, fortalece a su vez la fe en comunidad y la fraternidad.

La oración y los jóvenes

En la iglesia de la Compañía se reúne un grupo de oración que no pertenece a la parroquia como tal, sino que es el grupo de oración de la Delegación Diocesana de Juventud de Córdoba. «El grupo empezó con una adoración los jueves en la iglesia de la Compañía o en la capilla que está justo al lado, que es la capilla de San Juan Pablo II», explica el sacerdote Pablo Fernández, delegado de Juventud de la diócesis. «Todos los jueves tenemos a las 21:00 la eucaristía, seguidamente la adoración y la posibilidad de confesar».

Grupo de oración de la delegación de Juventud de la Diócesis de CórdobaLa Voz de Córdoba

Fernández detalla que son los voluntarios de la delegación que preside quienes preparan los cantos, los puntos de oración y que esté todo cuidado. «Todos los jueves vienen muchos jóvenes, pasan, se confiesan, están un rato o todo el tiempo», detalla el sacerdote. Al ser un grupo abierto, aunque enfocado a la juventud, también cuenta con participantes de mediana edad «que nos acompañan por gusto, y a veces vienen también algunas religiosas».

¿Qué puede aportar la oración a los jóvenes en un mundo tan anti-católico como el actual? Pablo Fernández cree que pueden encontrar «quietud, interioridad y lo más grande que tenemos, un encuentro con el Señor, todo esto frente a un mundo lleno de prisas y de una vida que nos atropella, llena de ruido y de cosas que hacer, con tantos requisitos en todo». Junto a ello está «el alimento de la fe cada semana, ver que esa fe no es un conjunto de teorías, sino que es una experiencia viva, en la que Jesús está resucitado y nos acompaña».

Cada jueves, hay tres sacerdotes confesando, «por lo que los jóvenes encuentran un lugar donde ser fieles, arrepentirse de sus cosas y estar en gracia de Dios, además de ser escuchados para crecer en su vida», concluye el padre Pablo Fernández.

En definitiva, estos grupos reflejan que la oración sigue siendo un pilar para los católicos, adaptado a distintas realidades y edades. Desde las madres que perseveran por sus familias, hasta los jóvenes que buscan sentido en medio del ruido, todos encuentran en ella consuelo y esperanza. Más allá de las circunstancias personales, la oración se presenta como un espacio de encuentro, comunidad y fe compartida. Una práctica sencilla, pero profundamente transformadora, que continúa dando fruto en lo cotidiano.