Día de la Ascensión

«Cristo no sube al cielo para abandonarnos»

El padre Tomás Pajuelo subraya que Jesús «se queda más cerca de nosotros» a través de la Eucaristía, los sacramentos y la acción del Espíritu Santo

El sacerdote Tomás Pajuelo centra su reflexión dominical en la solemnidad de la Ascensión del Señor, una celebración que define como «el inicio de la vida gloriosa de Cristo en medio de nosotros para siempre, en su Iglesia».

El padre Pajuelo comienza aclarando la diferencia entre la Ascensión y la Asunción. Explica que la Ascensión corresponde a Jesucristo, que «como Hijo de Dios, asciende Él a la gloria», mientras que la Asunción hace referencia a la Virgen María, «asumida» y elevada al cielo por Dios.

El sacerdote incide especialmente en la idea de que la Ascensión no supone un abandono de Cristo hacia los hombres. «No es que Jesús sube al cielo para dejarnos solos», afirma, sino que su presencia «se queda más cerca de nosotros», ya no limitada a Tierra Santa, sino presente «en cada Sagrario, en cada sacramento y en cada corazón que le abre sus puertas».

Pajuelo recuerda además que, según relatan los Hechos de los Apóstoles, Cristo resucitado se apareció en varias ocasiones a sus discípulos y a cientos de personas para confirmar la realidad de la Resurrección. Asimismo, destaca la promesa del Espíritu Santo como guía y sostén de la Iglesia.

En el tramo final de la reflexión, anima a los fieles a vivir esta solemnidad «con profunda alegría» y recuerda que, desde el bautismo, los cristianos forman parte del cuerpo de Cristo: «Él es la cabeza, el Espíritu el alma y nosotros cada uno de los miembros».