Carlos Andrés Crespo en su primera misa

Carlos Andrés Crespo en su primera misaLuis Navarro

Así es la primera misa de un sacerdote recién ordenado en Córdoba

Carlos Andrés Crespo es uno de los nueve sacerdotes que inician su camino de entrega a los demás

«Nervios hay porque estás empezando y no controlas todavía todo, te tienen que ir guiando poco a poco, y además viene mucha gente». Así se expresaba el pasado jueves Carlos Andrés Crespo Ortiz, uno de los nueve sacerdotes recién ordenados en la Diócesis de Córdoba, poco antes de dar su primera misa en la parroquia de Nuestra Señora del Carmen de Puerta Nueva. A sus espaldas, el impresionante retablo de Valdés Leal con sus doce escenas del Carmelo. En frente, familiares, amigos y sacerdotes en una jornada inolvidable que marca el comienzo de una vida dedicada a los demás. «Es una misa normal, aunque solemne, por lo que se puede cantar más», precisa Crespo. «Lo que sí tenemos al final es el besamanos, ya que mis manos están consagradas, podemos decir que son las manos de Jesucristo porque yo lo represento, de ahí que tanto en la ordenación del otro día como en esta ceremonia se veneren las manos de los sacerdotes»

La vocación de Carlos surgió en el colegio Salesianos, gracias a la campaña del Día del Seminario. «Uno de los testimonios me llamó muchísimo la atención, hasta el punto de que surgió en mi corazón una pregunta: ¿Qué es lo que quiere el Señor de mí?». Tal interrogante cambió por completo la trayectoria del sacerdote, que quería en principio ser perito de obras. A partir de ahí entró ya en el seminario menor, en el que se entra desde los 12 y hasta los 18. «Puedes entrar a cualquiera de esas edades, allí se estudia la ESO y bachillerato tal cual, con la diferencia de que cuando terminan sus clases, en el Trinidad Sansueña, se van al seminario». Este sacerdote, cuando da charlas a los niños, aclara que «la vocación es como una semilla que el Señor va regando». Con respecto al choque de la vocación con una sociedad a la que podemos llamar postcristiana, Crespo se muestra optimista: «vemos que el Señor le puede dar la vuelta a la tortilla, surgen muchos grupos de adoración, y volvemos a ver a los jóvenes reeganchándose, cuando hasta hace nada estaban en contra de la vocación y de la fe».

Carlos Andrés Crespo junto a sus padres y hermano

Carlos Andrés Crespo junto a sus padres y hermanoLuis Navarro

Alfonso Crespo y Manuela Ortiz son los padres de Carlos Andrés Crespo. «Al principio te resulta raro, porque es una cosa inesperada, luego lo asimilas y se convierte en alegría», señala Alfonso con respecto al anuncio, en su momento, de la vocación de su hijo. «Este día lo recibimos con muchísima alegría, puesto que él es feliz», añade Manuela. «Para mis padres fue un poco sorprendente, no se lo esperaban, pero jamás pusieron ningún impedimento, y cuando ven que estás realizado y feliz con lo que estás haciendo, también ellos lo son», concluye Carlos. Los tres están contentos con el primer destino del sacerdote: la parroquia de San Miguel. Pronto empezará su labor allí, cuando las obras que se están llevando a cabo en el templo lo permitan. Los destinos los decide personalmente el obispo, y van cambiando cada cierto tiempo.

La veteranía es un grado

¿Le podría dar un consejo el vicario parroquial de Nuestra Señora del Carmen, José Antonio Rojas, al joven sacerdote? Rojas dio su primera misa en 1985, en la parroquia de Santa Bárbara de Cerro Muriano. «Fue un ocho de septiembre, Día de la Fuensanta, una jornada tan calurosa como ésta, fue un día extraordinario en el que no sabía que iba a ser posteriormente, y durante nueve años, párroco en el Muriano». Rojas ha sido también párroco en el Parque Figueroa, Sector Sur y, ya en la provincia, en Hornachuelos. Además, es capellán de la prisión. Y he ahí su orientación: «no necesita grandes consejos, porque es un muchacho muy del Señor, veo que hace mucha oración: eso es lo principal para un sacerdote, ser un hombre de Dios y de oración, y tiene todos los mimbres para serlo».

Un momento de la ceremonia

Un momento de la ceremoniaLuis Navarro

Numerosos sacerdotes, también compañeros de seminario, acuden a la primera misa. Entre ellos se encuentra Francisco Moreno, recién ordenado, quien dará precisamente su primera misa hoy, domingo 5 de julio. «Desde pequeño me atrajo la fe, las cosas del Señor y la iglesia, siendo para mí mi abuela un gran testimonio, mas fue ya como estudiante el testimonio, entrega, y alegría de mi párroco, en Doña Mencía: aquello me apasionó, y el Señor prendió en mí la idea de ser sacerdote». Celebra su primera misa precisamente en Nuestra Señora de la Consolación, en dicha localidad cordobesa. «Me enfrento a la primera misa con emoción, ha sido un largo camino en el que me he sentido siempre acompañado, además la gente está viviendo esto en Doña Mencía como un acontecimiento». Su destino será la parroquia de Cristo Rey, en El Brillante, en la capital cordobesa. «Ya estoy disponible para entregarme, a los más pequeños, a los más grandes, con mucha alegría».

En una tarde calurosísima, donde los ventiladores y abanicos debían contrarrestar los rigores del clima cordobés, un nuevo sacerdote inicia su andadura acompañado de sus seres queridos, compañeros, amigos y mentores. Se inicia así un camino de entrega que surgió hace tiempo gracias a testimonios inspiradores. A partir de ahora será su dedicación y quehacer justo ese testimonio para los demás.

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