Aquel domingo 16 de agosto en el que Córdoba recibió masivamente a la Virgen de Linares
En 1885, y de madrugada debido al calor, la imagen de la Capitana y la de Fernando III se llevaron a la capital para rogar protección contra la epidemia de cólera
La Virgen de Linares, en el altar mayor de San Lorenzo
En 1885 había en Córdoba en torno a 50.000 habitantes. Tal día como hoy, 16 de agosto, también domingo, pero hace 141 años, alrededor de 20.000 personas salieron a las calles para recibir a la Virgen de Linares, nada más y nada menos que el 40% de la población. El acto religioso fue todo un acontecimiento y tenía una buena causa: pedir por la protección ante la epidemia de cólera existente en España y Europa. Se trataba, por tanto, de una procesión rogativa. Las temperaturas generadas por el rigor de la canícula eran entonces tan duras o más que en la actualidad, ya que se decidió realizar el traslado desde su santuario por la madrugada «aprovechando las frescas brisas que en la sierra se respira», como indica el Diario de Córdoba de comercio, industria, administración, noticias y avisos en su número del sábado, 15 de agosto de 1885. Allá en la sierra se celebró una eucaristía, a la espera del desplazamiento para el evento previsto para la mañana: «La recepción que los cordobeses se proponen hacer á su excelsa Conquistadora será digna por todos conceptos de sus sentimientos católicos».
Conocida también como la Conquistadora o la Capitana por el hecho de acompañar a Fernando III el Santo en sus batallas por el Valle del Guadalquivir, incluida Córdoba, la Virgen de Linares, hasta 1885, se había trasladado a la capital en muy pocas ocasiones. Y siempre verdaderamente motivadas, tal era el fervor que levantaba para situaciones de importancia.
En su libro 'Notas cordobesas', del periodista Ricardo de Montis (Córdoba, 25 de marzo de 1871-Córdoba, 3 de julio de 1941), se hace una breve descripción de las ocasiones en que la Virgen de Linares realizó ese viaje de su santuario a la capital. No fueron muchas antes de ese 1885. «A la Virgen de Linares se la trajo por primera vez á Córdoba, en procesión de rogativa, el 5 de Junio de 1808, siendo depositada en la iglesia de San Pedro y luego conducida á la del convento de Santa Marta.En ambas se le dedicaron solemnes cultos para que, por su intercesión, nos librara el Altísimo de las iras de los franceses que invadían á España». En sus 'Paseos por Córdoba', Ramírez de Arellano indica que casi toda la ciudad salió a la calle, y se le sumó personas «que habían venido de los pueblos para disputar el paso á los franceses en el memorable puente de Alcolea».
Antes de esa fecha, y siguiendo a Ricardo de Montis, había salido de su santuario para procesiones cercanas: «el 3 de Mayo de 1868; el 20 de Abril de 1869, en unión de San Rafael; el 6 de Mayo de 1875; el 30 de Noviembre de 1890, también con San Rafael, y el 28 de Noviembre de 1893, acompañada de San Fernando, las cuatro primeras veces para impetrar el beneficio de la lluvia y la última para pedir la pronta y feliz terminación de la guerra del Rif».
Tras el comentado traslado contra el francés de 1808, la Virgen de Linares volvería a la capital el 1 de octubre de 1865, para ser alojada en las iglesias de San Hipólito y San Lorenzo. Luego, en 1885, llegó el turno que nos ocupa, donde la Capitana fue alojada nuevamente en San Lorenzo, y también en San Pablo. En ambos casos fue por el mismo motivo, la ya mencionada epidemia de cólera.
La epidemia de cólera
La publicación 'Estudios epidemiológicos relativos a la etiología y profilaxis del cólera', del doctor PH. Hauser, de la universidad de Berna, recogió en 1887 numerosos datos sobre la epidemia de cólera de 1884 y 1885. En el caso de Córdoba capital, se recogen 56 muertos en 1885, de ellos dos en julio y 25 en el mes de agosto, cuando se llevó a cabo la procesión. Aquella epidemia se desató sobre todo entre julio y octubre. En toda la provincia fallecieron 1.315 personas. «La infección se importó en esta capital por un soldado enfermo que, procedente de Granada, llegó á la estación central de los ferrocarriles en la noche del 25'de Julio, verificándose la segunda invasión el 3o del mismo mes y la tercera el 5 de Agosto, teniendo todas una terminación funesta. Desde este día continuó desarrollándose gradual y paulatinamente la epidemia», señala el doctor Hauser en su exhaustivo trabajo que, además de datos pormenorizados, ofrece una historia de las epidemias de cólera en España y cómo sucedieron.
Así las cosas, el miedo al contagio y a la letalidad de la enfermedad requirieron del auxilio de la Virgen de Linares en una sociedad fervorosa y netamente católica. Vino acompañada, como otras veces, de la imagen de San Fernando. La trajeron carruajes que llegaron de madrugada al santuario, como adelantamos, para evitar el calor propio de la época. Cuenta la crónica del 'Diario Córdoba' del 18 de agosto que se ofició allá una misa a la que asistieron 200 personas, y que a pesar de las horas el calor era sofocante. También se entonó la salve, y la partida se dirigió con destino a la capital a las 4:00 de la madrugada. Podemos imaginar perfectamente ese camino gracias a los escritos del periodista: «El acto era conmovedor, siendo digno de observar aquellas largas hileras de fieles, cruzando por los ásperos senderos de nuestra poética sierra en un día canicular, llevando unos las sagradas efigies, y entonando otros esas benditas oraciones que aprendimos de nuestra madre querida, y que después son el lenitivo que mitiga nuestras amarguras».
La procesión
A la hora de la procesión propiamente dicha, 20.000 personas abarrotaban un corto trayecto que iba de la Fuensantilla hasta la plaza del Salvador. La Fuensantilla se puede considerar aproximadamente como la zona de confluencia entre Ollerías y el Marrubial, donde hoy existe una glorieta. La plaza del Salvador, también desaparecida, estaba a su vez en la confluencia de Alfaros, Alfonso XIII y Capitulares. En otro sitio desaparecido, la Puerta de Plasencia, se colocaron las autoridades, corporaciones invitadas y el regimiento de infantería de Granada con una banda de música. La Puerta de Plasencia se encontraba entre la Plaza del Alpargate y la Biblioteca Central. Hoy día se mantiene una calle con ese nombre que desemboca en la Avenida de Barcelona. La Virgen entraba en la ciudad a las 8:00, los que se celebró con grandes repiques de campanas.
La Virgen de Linares en una salida procesional
La crónica periodística de aquel día da cuenta de la importancia de este acto: «La sagrada efigie de Nuestra Señora fue entrada en hombros por seis señores Capitulares, y después pasó á igual número de señores Concejales, formándose enseguida la procesión de rogativa, que llevaba el siguiente orden: batidores á caballo de la guardia municipal; Exorno, señor Brigadier Subdirector de Remontas llevando el pendón, y acompañado da machos señores jefes y oficiales del Ejército; seguían algunos estandartes con gran número de particulares».
De esta forma, esos batidores y oficiales iban primero, les seguía la imagen de Fernando III con otro numerosos séquito compuesto por una custodia de cuatro guardias civiles, miembros de corporaciones como el juzgado de lo criminal, escuelas como la de Bellas artes o Veterinaria, colegios de profesionales como los abogados, comerciantes o plateros. Tras un nutrido grupo de sacerdotes, iba la imagen de la Virgen de Linares «llevada por seis individuos de nuestro Municipio, y custodiada por la guardia civil. Continuaba la excelentísima Diputación provincial, presidida por el señor Mogrovejo; el excelentísimo Ayuntamiento, bajo mazas, y presidido por el señor Gobernador civil, llevando á su derecha é izquierda, respectivamente, á los señores Gobernador militar y Alcalde de la capital». Cerraban el desfile la guardia municipal y la banda del regimiento de infantería de Granada.
Las imágenes llegaron a San Pablo después de las 9:00, el obispo entonó un salve acompañada de una capilla musical y allí quedaron custodiadas. «El pueblo cordobés, en su expontánea manifestación del domingo, ha dado nueva prueba de su fé y de su cultura, demostrando una vez más sus creencias evidentemente católicas al implorar unánime del Todopoderoso, por la ictiroesión de su Santísima Madre, conceda á todos el amparo y la protección que necesitamos en las sfiiotivas circunstancias que nos amenazan».
Tanto Ricardo de Montis como Ramírez de Arellano, además de los relatos de los periódicos históricos, resaltan la importancia, expectación impresionante y respuesta del pueblo que tuvieron tanto la procesión rogativa relatada como todas las que implicaron a la Virgen de Linares de su santuario a la capital en el siglo XIX. Por algo es Conquistadora y por algo Capitana.