Romería de la Virgen de la SierraEduardo Luna

La Virgen de la Sierra de Cabra regresa a su santuario arropada por cientos de devotos

La Alcaldesa Perpetua de la localidad cordobesa vuelve a su lugar tras cuestas empienadas en un paraje de encinas y chaparros

El reloj marcaba las seis de la mañana y ya estaba a esas horas la parroquia completamente llena de fieles que querían asistir a la misa de despedida de la Patrona egabrense. Cabra no duerme durante esta madrugada porque sabe que despedir a la Virgen es un cambio en el ritmo biológico y general de una ciudad que ha vivido un mes lleno de vida en todos los sectores, desde lo religioso a lo social.

En torno a las 7 de la mañana el cortejo ya alcanzaba la Plaza Vieja, centro neurálgico de la sociedad egabrense cada mes de septiembre. La Virgen caminaba a paso firme y enérgico, como cada año, camino del Hogar de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, el mismo que lleva su nombre.

Con un poco de retraso con respecto a años anteriores por la multitud que acompañaba a la Virgen desde el centro de la ciudad, llegaba la Virgen a la Parroquia de San Francisco y San Rodrigo. Tras el canto de la salve tradicional por Antonio Roldán Molina, el pueblo que la llevaba y la portaba buscaba el paso a nivel del antiguo ferrocarril. Se le colocaban a las andas los cordeles multicolor que iban a permitir ayudar a los costaleros en la subida. Unos cordeles que son llevados e impulsados por cerca de cien personas.

Una imagen del recorridoEduardo Luna

Con el sol ya despuntando en este 11 de octubre, la Virgen miraba hacia el hospital Infanta Margarita antes de tomar el camino viejo sobre las 9.10 de la mañana.

Es muy difícil encontrar un acto de entrega y amor tan grande como el que se vive en la Romería del Costalero de la Virgen de la Sierra cada año. Las empinadas cuestas hasta Góngora, donde falta el aire y flaquean las fuerzas de los costaleros, hombres y mujeres que se entregan por entero a esta misión y cada año es distinto, como anécdota señalar que eran varias las personas procedentes de Reino Unido o Alemania, residentes en Cabra que iban como costaleros de la Virgen.

Las mujeres esperan su turno para cargar con su hombro el peso de la Divina Serrana en la Salve durante unos minutos. Parada de rigor y las cerca de quinientas personas que la acompañaban ya se dirigían a «Los Colchones». A partir de ese momento, se produce una unión, casi incomprensible, entre todos los que rodean a la Virgen, sin preparación previa, sólo el auxilio y la ayuda de unos a otros, de padres a hijos, de amigos a hermanos, de mayores a jóvenes, se hacen uno para subir «La Cuesta de las Promesas», en un alarde de poderío físico y bajo el aliento de la Santísima Virgen, vuelan hacia el reposo de «La Viñuela». Una subida con parada en el peñón de la beata y diferentes paradas son el descanso que encuentras entre encinas y chaparros. La Hermandad de San Rodrigo Mártir es la encargada de suministrar fruta y agua abundante a los costaleros y a todas aquellos peregrinos que hacen la subida. Una labor encomiable que engrandece el valor humano de la hermandad del patrón de Cabra.

Eran las once y cuarenta de la mañana, antes del Ángelus, cuando la Virgen entraba a su santuario entre vivas, alabanzas y emoción para reinar desde su peana de mármol durante el próximo año.

Cabra espera a un nuevo 4 de septiembre, la Virgen de la Sierra nos espera en su santuario cada día, a cada hora, la milagrosa Imagen de la Alcaldesa Perpetua ya reposa solemne en su altar de mármol.