Botadura del submarino de Peral en aguas de la bahia de Cádiz el 8 de septiembre de 1888. Pintura de Francisco GiraldezLa Voz

Córdoba tomó las calles durante la visita del «insigne marino, honra y gloria de la armada española»

Se cumplen 135 años de la llegada a la ciudad califal del denominado «Colón del siglo XX»

El 24 de julio de 1890 acudió en masa a la Estación de Ferrocarril de Córdoba una amplia representación del pueblo cordobés para testimoniar su apoyo y admiración al «ilustre inventor del buque, rey de los mares». Entre 8 y 10 mil personas se calculaba la concurrencia que abarrotó los andenes. Se paralizó la actividad, cerraron el comercio, los talleres y establecimientos de la capital y el «todo Córdoba» de la época se encontraba allí. Llegó el tren y se sacó casi en volandas a la «gloria nacional» y se le introdujo en el restaurante de la propia estación, donde, en tiempo récord, se disfrutó de un almuerzo y de discursos, muchos discursos a cargo de los principales próceres de la ciudad. Ante el aviso del jefe de estación, se dio por concluido este improvisado homenaje, ya que tanto el convoy como el ilustre viajero habían de continuar camino. Antes de abandonar la ciudad, una promesa del protagonista de esta historia quedó en el aire: «las primeras veinticuatro horas que tenga disponible, las dedicaré a estar con vosotros». La cumplió.

Un día antes, se adoptó el acuerdo municipal de que la calle del Lodo llevase en adelante el nombre de Isaac Peral. En efecto, la «gloria nacional» a la que nos referimos fue un teniente de navío que se convirtió en pionero en la construcción de un buque sumergible impulsado por baterías eléctricas y capaz de lanzar torpedos sumergido, y que contaba con un avanzado sistema de navegación también diseñado por él. Fue marino, militar y científico.

Retrato de Isaac Peral. Ayuntamiento de CartagenaLa Voz

Eso le granjeó las simpatías de todo el país. Su nombre fue conocido y reconocido a lo largo del solar patrio y cada viaje que realizaba en ferrocarril se convertía en un acontecimiento en las ciudades por donde pasaba el convoy y hacía parada, congregando a miles de personas que rendían tributo de admiración a una de las mentes más preclaras de la época al grito unánime de ¡Viva Peral!

Volviendo a nuestro relato, la promesa anteriormente citada fue cumplida. El 28 de julio de 1890, Peral arribó a Córdoba en el tren correo de la línea de Sevilla. Todos los coches de carruajes habían sido alquilados para llevar a los entusiastas a la estación. Todo estaba preparado: hospedaje en el Hotel Suizo a cargo de la Diputación de Córdoba, que además repartió cuatro mil bonos equivalentes a medio kilo de pan en nombre de Isaac Peral, la banda afinando sus instrumentos para recibir al héroe a ritmo de fanfarria y para atacar los pasodobles `Cádiz´ e `Isaac Peral’ como bienvenida. Colgaduras en las Casas Consistoriales y en todos los edificios públicos de la ciudad y todas las calles adornadas por donde iba a pasar el lujoso landó que había de llevarle hasta su alojamiento. No faltaba un detalle. Se calcula que entre 20 y 30 mil personas jalonaban el recorrido. De nuevo cerró el comercio. Era un día de auténtica fiesta para cordobeses y cordobesas.

Pruebas del primer submarino diseñado por PeralLa Voz

Asomado al balcón de su estancia en el Hotel Suizo, Peral pronunció las siguientes palabras, según relata el cronista del Diario de Córdoba: «Señores: Mi gratitud es inmensa. El pueblo de Córdoba ha demostrado hoy su amor a la patria, su cultura y nobleza. Estas manifestaciones de hidalguía las tendré siempre grabadas en mi corazón. ¡Viva España!».

Ya por la tarde, visitó la quinta de la Huerta de los Arcos, firmando en su libro de visitas y le recitaron varios poemas a él dedicados, dirigiéndose la comitiva posteriormente a la sede del Ateneo, donde le fue entregado el título de socio de honor, para acabar la jornada con un banquete ofrecido por el Ayuntamiento en el que abundaron los brindis y más brindis y los discursos y más discursos.

Submarino de Peral en el astillero de La Carraca, San FernandoLa Voz

A la mañana siguiente, acompañado por una legión de próceres de la ciudad, Isaac Peral visitó la Santa Iglesia Catedral, deteniéndose a contemplar el crucero y el coro y varias de las capillas, el Mihrab y la Custodia de Arfe así como la Puerta del Puente desde uno de los balcones del monumento. Tras reunirse durante media hora con el obispo Sebastián Herrero Espinosa de los Monteros, arribó a la plaza de Jerónimo Páez, donde estaban ubicadas la Academia Politécnica y la novedosa Red Telefónica. Desde allí estableció comunicación con las redacciones de todos los periódicos de la capital. Tras esta visita, el pertinente almuerzo en el Hotel Suizo, cerrado con brindis y más brindis, discursos y más discursos, e incluso con una proposición del Duque de Hornachuelos para recaudar fondos para construir un submarino que llevase el nombre de Peral y Córdoba. El periplo de Peral continuó con la visita al Museo Arqueológico, el cuartel de Alfonso XII, la Casa de Socorro-Hospicio, la plaza de toros y el Gran Teatro. Puso el punto final a la jornada otro banquete (uno más) y la visita a la sede del Círculo de la Amistad, donde se celebró un baile en su honor y le fue entregado el título de socio honorario del mismo, el primero que otorgaba esta Sociedad.

Escrito de la Corporación Municipal en homenaje a Isaac PeralAMCO

Cuando las manecillas del reloj marcaban la una de la madrugada, se produjo la despedida en la estación de ferrocarril del «insigne marino, honra y gloria de la armada española», que vio como su proyecto, que había superado todas las pruebas, sumergido, en superficie e incluso lanzando torpedos, se frustró y se abandonó. Pidió la baja de la Marina y, como civil, se dedicó a otros negocios relacionados con la electricidad, falleciendo en Berlín menos de cinco años después. Se fue de Córdoba como llegó. En loor de multitudes. Como hacía cada vez que llegaba o partía de cualquier ciudad o pueblo del país en su camino a los astilleros de La Carraca, en San Fernando, donde se efectuaban las pruebas del sumergible eléctrico español, pionero en su época.