Francisco Flores quitando pintadas de un banco de la Plaza de Valdeollerosamgorriz

La lucha contra la plaga de las pintadas: «Habré quitado doscientos mil millones de miembros viriles»

El equipo de pintadas de Sadeco ha actuado desde el 1 de enero y hasta el pasado 26 de marzo sobre 1.317 metros cuadrados de grafitis

«A lo largo de mi historia habré quitado doscientos mil millones de miembros viriles», dice con gran sentido del humor y ligera exageración andaluza Francisco Flores Padilla, oficial de 1ª de la empresa municipal de saneamientos, Sadeco, responsable -y ahora se entenderá la cuestión de tales órganos reproductores- de eliminar parte de los incontables graffitis y pintadas que hay en cualquier parte de la ciudad, una verdadera invasión a la que el ciudadano se ha acostumbrado por pura abundancia. «Hay barrios donde no puedes poner una mano sin tocar una pintada», afirma, para reflejar la magnitud de un fenómeno desmedido desde hace mucho en multitud de urbes. El equipo de pintadas de la entidad ha actuado desde el 1 de enero y hasta el pasado 26 de marzo sobre 1.317 metros cuadrados de grafitis, que se suman a los 1.133 metros de los meses del trimestre anterior, como ha informado este organismo del Ayuntamiento.

La Voz de Córdoba ha acompañado a Flores Padilla en un día cualquiera de trabajo. Su furgoneta para en la Plaza de Valdeolleros. Como tantísimos sitios de Córdoba es objeto de actos vandálicos, en este caso en los bancos de un lugar que se renovó por completo hace poco más de seis años. También hay pintadas en muros y paneles eléctricos. «¿Los va a poder quitar?», pregunta un vecino al paso. La respuesta es un rotundo sí. Como verdadero experto en la materia, el oficial de Sadeco determina que los bancos están dañados por un aerosol. La superficie porosa del mobiliario complica el asunto, pues la pintura se adentra más en la piedra. Primero utiliza un producto para quitar la pintura llamado decapante, que se expande por encima de la pintada. Luego un chorro de agua a presión. A partir de ahí, y precisamente por ser una superficie porosa, quedan leves sombras que aún se perciben. Requerirán de un quitasombra. En unas tres horas conseguirá limpiar todos los bancos, y también el suelo de una zona, donde, cómo no, aparece el indispensable miembro viril.

Lo peor: el rotulador indeleble

Las pintadas que elimina Francisco Flores, cuando Sadeco actúa de oficio, suelen ser las que afectan a edificios públicos, casco histórico, las que aluden a alguien, las ofensivas, obscenas o que tienen componentes de apoyo a grupos terroristas o son amenazantes, pues hacerlo con todas sería sencillamente imposible. Además, la empresa municipal también realiza labores de este tipo a petición de los ciudadanos que las demandan. «Hay infinidad de pintadas sobre todo tipo de materiales, no es lo mismo la pintura de una aerógrafo, que suele ser un esmalte, y se quita con un decapante, agua a presión y -a veces- sin necesidad de quitasombra, que la de un rotulador de alcohol indeleble, que se lo chupa la piedra entre dos y tres milímetros». Estos últimos, los de rotulador indeleble, son tan complicados de quitar que Sadeco sólo se ocupa de algunos, dejando el resto para empresas especializadas. «Hay que ponerles una masilla en lo alto, una cataplasma, un trozo de basura encima sellado con cinta americana y se deja actuar 24 horas; esa masilla absorbe la pintada y luego la quitas con una espátula». Este proceso tan tedioso hace que, a juicio de Flores, tales pintadas de rotulador indeleble sean «la asignatura pendiente de Sadeco».

La Plaza de Valdeolleros cuenta con pintadas en todos sus bancosamgorriz

Una trayectoria de 35 años da para mucho y, de nuevo con gran sentido del humor, Francisco se disculpa por los daños que haya podido causar en algunos sitios debido a la tecnología que se utilizaba antaño, un chorro de arena, algo mucho más agresivo que el agua a presión de hoy día: «he ido aprendiendo a base de equivocarme». En su haber hay incluso verdaderas hazañas profesionales, como cuando un famoso graffitero, Cane, puso su firma -a propósito un día de los Santos Inocentes- a pocos metros de la azotea en una fachada de un edificio. Francisco, ni corto ni perezoso, se encaramó en un voladizo que había a modo de cornisa y la quitó atado con una cuerda que sostenía el presidente de la comunidad. También se ocupó de eliminar los conocidas pintadas de llaves inglesas que invadieron la ciudad hace años, firma de otro graffitero: «a lo mejor he quitado más llaves inglesas que miembros viriles». Como curiosidad pone el ejemplo de una pintada «muy fuerte» que hicieron en el Puente Romano hace un tiempo. Debido a unos bolardos no pudo pasar con su vehículo para aplicar agua a presión, así que elaboró un tono de pintura que imitase el existente en la piedra, tapándolo. «Todavía está así, al estar plastificada la piedra con pintura, cuando llueve, la parte que no tiene pintura absorbe el agua, pero la pintada no, por lo que entonces sé perfectamente dónde está el parcheado». El caso es que funcionar, funcionó.

Ese aspecto de los tonos es de vital importancia, porque la dificultad de quitar las pintadas se agrava según las características del muro, pues no todos son de un color uniforme. Incluso determinadas paredes granuladas pueden tener tonos cambiantes constantemente aunque el ojo humano, en cuanto se aleje, la vea de un mismo color. Y ahí llega una labor casi de restaurador... o de artista. Con la furgoneta repleta de cubos de pintura, Flores indica: «ahora te encuentras 200.000 paredes con pintura monocapa, y yo, al quitar una pintada, no puedo pintar la fachada entera, por lo que tienes que acertar muy bien con el tono, gracias a revestimientos, plásticos y tintes». Y concluye: «cuando tienes mucha práctica, los tonos ya te salen solos». Su pericia se debe no sólo a la experiencia contra las pintadas, sino al talento natural, que en su tiempo libre enfoca hacia la construcción de espectaculares belenes que todavía no ha presentado a concurso.

Francisco Flores describe todos los matices e intríngulis de su profesión como si de un científico se tratase. Su conocimiento de esta materia es tal que hace años, antes de la llegada de la Inteligencia Artificial, hizo un completo y minucioso tutorial para quitar graffitis en lugar de que lo elaborase un perito. Nadie sabía más que él. Este dossier incluye fichas técnicas, análisis de productos y fotos con el antes y después de los tratamientos. A año y medio de la jubilación, tendrá que pasar el testigo de su sabiduría a la persona o personas que estén por venir. Y es que la lucha contra semejante volumen de pintadas, requerirá en breve la acción de un verdadero equipo de trabajadores especializados que se sumen, además, a los de otras empresas. Las pintadas en las ciudades, por la falta de acción policial y judicial, se han convertido en un gigantesco problema estético, económico y de degradación del entorno urbano.