Cata del Vino Montilla-Moriles: tras morir de éxito durante años, ahora trata de reinventarse
Este año se celebra la edición número 40 de la cita de Córdoba con los caldos de esta denominación de origen
Público asistente a la I Cata del Vino Montilla-Moriles el día de su inauguración oficial
El tiempo pasa que se las pela. Inexorablemente. Este año se cumplen 40 ediciones de la Cata del Vino Montilla-Moriles. Un evento que nació en 1984 y que se incrustó en el que se empezaba a denominar «mayo festivo cordobés» y que, como en la actualidad, comenzaba a saturar el calendario del quinto mes del año; en ocasiones con Feria del Libro incluida, que llegó a ser coincidente con la Feria de la Salud instalada en la avenida de la Victoria. Tuvo lugar entre el 8 y el 13 de mayo de aquel año.
Alcemos simbólicamente ese primer catavinos en la avenida del Gran Capitán, terrizo el tramo desde la intersección con las calles Gondomar y Concepción y hasta Ronda de los Tejares, que un mes después de celebrarse este primer encuentro vinícola sería levantado para la construcción de un aparcamiento subterráneo y que ¡oh, sorpresa! destapó una extensa serie de restos arqueológicos que serían de nuevo enterrados al año siguiente, en lo que se conoce popularmente como Operación Valkiria, que convirtió este tramo viario en un bulevar.
La obra se paralizó y pasaron varios meses sin que avanzara en un sentido u otro, y ante la pasividad de la Junta de Andalucía, el Ayuntamiento de Córdoba, con Julio Anguita como alcalde a la cabeza, decidió rellenar con tierra la inmensa zanja de forma sorpresiva contando con una flota de camiones, que taparon el hallazgo en una mañana.
Obras del aparcamiento de Gran Capitán
Volvamos al vino. El objetivo estaba claro: promocionar los caldos del marco Montilla-Moriles.
Hubo un precedente en 1983, en el mismo sitio, denominado Cata de Vino y Aceites, empleando las mismas casetas de la Feria del Libro celebrada días antes, ya que eran de propiedad municipal, y que tuvo tres días de duración. Ofrecía catas y degustaciones, como su propio nombre indica. Algo muy alejado de lo que devendría años más tarde, donde si no pasabas por caja no entrabas y tenías que pagar un número determinado de consumiciones por narices. Era, además, como en varias ediciones posteriores, un recinto abierto.
La intención de la Cata del Vino Montilla-Moriles era favorecer el conocimiento de dichos caldos en la capital cordobesa, ya que el consumo había caído en picado al decantarse los paladares de los ciudadanos por otro tipo de bebidas e ir quedando las tabernas clásicas como único reducto donde probar dichos vinos, ya que el vino de Jerez se había ido apoderando del mercado.
Cata del Vino de 1986. Mismo lugar, mismo espíritu
La Cata se convirtió en un evento comercial más que en un evento promocional. Colas, colas y más colas, aglomeraciones de personas, suciedad en calles aledañas y no tanto…Gente joven entrando y bebiendo sin mesura ni conocimiento vinos que nunca tomaba el resto del año, hasta convertirlo en un botellón en un recinto sin sombras y con el Lorenzo cayendo de plano sobre las cabezas ya «tostadas» por la ingesta de vino. La aparición del Pilycrim ayudó lo suyo a que las melopeas fueran generalizadas y homéricas. Y todo a palo seco. Lo de los espacios de restauración es relativamente moderno.
La Cata servía para que, al menos durante un día, los jóvenes se acercasen al mundo del vino
Y el éxito se cifraba en que se habían agotado los (insuficientes, por cierto) catavinos que se entregaban con la tarjeta de consumiciones. No podías emplear las sobrantes si querías volver por la tarde-noche. En fin, todo un negociazo a costa de la masificación, el descontrol y la presencia policial en numerosas ocasiones. Una cifra como las 84,000 visitas de 1993 ahora se antoja un disparate mayúsculo.
Y las bodegas participantes han ido menguando año tras año, dejando su sitio a establecimientos de restauración. Ya se sabe que para saber beber hay que saber comer. Por no hablar de la itinerancia en espacios donde ubicarla: Bulevar de Gran capitán, Paseo de la Victoria, Facultad de Veterinaria, calles Miguel Salcedo Hierro y Carlos Cano, Plaza de Toros, aparcamiento de la Diputación, avenida del Alcázar...Allí donde hubiera un terrizo libre para albergar miles de personas era lugar adecuado para instalar la Cata.
Cata del Vino de 1998 celebraba en terrenos de la Facultad de Veterinaria
I Cata del Vino Montilla-Moriles
La I Cata del Vino Montilla-Moriles se inauguró oficialmente el 9 de mayo de 1984, aunque la jornada anterior ya estuvo abierta para el público en general. Participaron 25 bodegas y había que adquirir un tiquet por 200 pesetas que daba derecho a un catavinos y a la degustación de cinco copas. El horario de apertura era de 12 a 16 horas y de 20 a 23 horas. Leonardo Rodríguez, delegado municipal de Turismo, fue el encargado de cortar la cinta inaugural a mediodía, en presencia de Manuel Santaolalla Lacalle, presidente del Consejo Regulador Montilla-Moriles.
Cartel de la I Cata del Vino Montilla-Moriles. La simplicidad hecha cartel
En total eran 30 estand, de nuevo empleando los de la Feria del Libro, cedidos gratis total por el Ayuntamiento, ya que dos de ellos se destinaron a Hostecor, otro para el Consejo Regulador, uno correspondiente a la Delegación Municipal de Turismo y otro más para el Patronato Provincial de Turismo, que se encargaron de repartir folletos de la ciudad y la provincia. Junto al Gran Teatro, cerrado por aquellos tiempos, se desarrollaron diversas actuaciones folklóricas. Santaolalla manifestó que esa I Cata había nacido «un poco aprovechando lo que había de la Feria del Libro» (curiosa combinación entre librerías y bodegas, en este caso, para una ciudad que presumía de tener 1.000 tabernas y una sola librería) y que «la muestra, como es lógico, no se hace con fin de lucro, sino de promoción».
Santaolalla añadía que »vimos que era una cosa muy interesante y muy sobre la marcha se ha ido montando esto, con muchas prisas, con imperfecciones, que las tiene, pero, en fin, con el deseo de una promoción del vino y sobre todo para que el público pueda comparar marcas, bodegas con bodegas y que aprenda a degustar el vino, no a tragar vino, sino a su degustación y que se acostumbre a beberlo continuamente y moderadamente porque éste siempre es un producto bueno", como declaró a los periodistas asistentes a la inauguración de la Cata.
Inauguración de la I Cata del Vino
Otra de las finalidades de la Cata del Vino era que, aprovechando la época festiva que se vivía en la ciudad, la de dar a conocer los vinos de la zona a los turistas y ya se ponía énfasis en que podría revestir mayor interés que en Córdoba (donde ya se conocían los productos de la tierra) su celebración en otras provincias, logrando así una importante promoción comercial. De hecho, en noviembre de 1984 tuvo lugar en Cornellá de Llobregat la I Cata de Vinos de Montilla-Moriles en dicha población de la provincia de Barcelona, con importante presencia de origen andaluz y destino de parte del 70 por ciento de la producción de estos caldos, que tenían a Cataluña como principal mercado en esos años.
Visitantes a la I Cata del Vino Montilla-Moriles en Cornellá de Llobregat
El éxito de esta primera Cata del Vino en la avenida del Gran Capitán, debido a la numerosa afluencia de público, estaba garantizado y permitió pensar en darle continuidad. Las cifras arrojadas por el Consejo Regulador así lo confirmaron, ya que se desbordaron las previsiones: 6.000 asistentes diarios y 25.000 litros de vino vendidos. Para ser una iniciativa de promoción y no de lucro, las cuentas salieron redondas.
Ahora no se tendrá que pagar entrada en esta 40 edición pero, pardiez, dos euros la copita es un precio que no se paga en casi ninguna taberna o bar de esta ciudad, a no ser que se coloquen el apellido «gourmet». Tomen nota.