La declaración de los Patios de Córdoba como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la Unesco, aprobada el 6 de diciembre de 2012 , supuso un impulso inmediato para el festival y obligó a reforzar su organización. Apenas unos meses después, en mayo de 2013, el Ayuntamiento de Córdoba puso en marcha, a través de la ya desaparecida empresa Intelify, un sistema de reservas con pases por internet que, a modo de entrada, permitía ordenar el flujo de visitantes y limitar sus recorridos por zonas. A ese dispositivo se sumaban los controladores de la propia empresa y 150 voluntarios organizados entonces por FIR, encargados también de regular los accesos y de ofrecer información al público. Así surgió una figura vinculada al control y la atención de visitantes que ha ido evolucionando con la experiencia de cada edición y que ni siquiera desapareció en 2020, cuando la celebración, aplazada a octubre por la pandemia, obligó incluso a realizar test rápidos a los participantes. Estamos ante el décimo cuarto año de controladores, la puerta de entrada a la tradición.