Escolares en el inicio del pasado curso acaémico
Cómo saber si la vuelta al colegio pasa factura a los niños
Un pediatra de Quirónsalud Córdoba aconseja vigilar el cansancio, la irritabilidad, el dolor abdominal o la pérdida de apetito si persisten tras los primeros días
El regreso al colegio no termina cuando los niños vuelven a ponerse la mochila. Después de las vacaciones, recuperar los horarios de sueño, ordenar las comidas y adaptarse nuevamente a las obligaciones puede necesitar varios días e incluso provocar algunas molestias físicas y emocionales.
El pediatra del Hospital Quirónsalud Córdoba Rafael González de Caldas ha recomendado que esta transición se realice de forma progresiva, sin exigir a los menores una adaptación inmediata y prestando atención a aquellas señales de malestar que se prolonguen en el tiempo.
Uno de los principales cambios tiene que ver con el descanso. Durante el verano es habitual que los niños se acuesten y se levanten más tarde, pierdan los horarios fijos o pasen más tiempo ante las pantallas. Recuperar de golpe la rutina escolar puede traducirse en cansancio, irritabilidad, problemas de concentración o somnolencia durante el día.
Rafael González de Caldas
«No se trata de recuperar de un día para otro todos los hábitos del curso, sino de facilitar al organismo del niño una adaptación progresiva a los nuevos horarios», ha explicado González de Caldas.
Menos pantallas antes de dormir
Para facilitar el cambio, el pediatra aconseja adelantar paulatinamente la hora de acostarse durante los primeros días de clase y establecer una rutina tranquila antes de dormir. También recomienda evitar el uso de teléfonos móviles, tabletas y otros dispositivos durante la última parte del día.
La alimentación es otro de los hábitos que puede desordenarse durante las vacaciones. Recuperar unos horarios regulares y tomar un desayuno completo y equilibrado ayuda a disponer de la energía necesaria para la jornada escolar y a regular el apetito.
El especialista aconseja evitar las prisas por la mañana y preparar con antelación tanto el desayuno como los alimentos que los menores llevarán al colegio.
Nervios ante un nuevo centro o etapa
El comienzo del curso también puede generar nerviosismo, inseguridad o estrés, especialmente entre los alumnos que cambian de etapa educativa o se incorporan a un centro diferente.
«Es normal que ante un cambio importante aparezcan determinados temores o preocupaciones. Lo importante es escuchar al niño, preguntarle cómo se siente y evitar minimizar aquello que le preocupa», ha señalado el pediatra.
Ese malestar emocional no siempre se expresa con palabras. En algunos casos puede manifestarse mediante dolor abdominal o de cabeza, náuseas, alteraciones del sueño o pérdida de apetito.
Cuándo consultar al pediatra
La mayoría de estas molestias son transitorias y desaparecen conforme el menor se acostumbra al nuevo ritmo. No obstante, González de Caldas recomienda solicitar valoración médica cuando los síntomas persistan, interfieran en la asistencia al colegio o afecten de manera significativa al descanso, la alimentación o el estado de ánimo.
«Los primeros días pueden ser difíciles y no debemos interpretar cualquier cambio como una señal de alarma, pero tampoco restarle importancia si observamos que el niño no consigue adaptarse», ha advertido.
La observación de los padres y la comunicación con sus hijos resultan determinantes para distinguir una dificultad puntual de un problema que requiere atención. Mantener rutinas predecibles, escuchar sus preocupaciones y ajustar las expectativas puede ayudar a que recuperen su ritmo sin añadir más presión a las primeras semanas del curso.