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Consulta de pediatríaPexels

La vuelta al cole dispara las infecciones infantiles

Un experto del Hospital Quirónsalud Córdoba recomienda llevar el niño a Urgencias cuando presenta signos de deshidratación

Las primeras semanas de colegio suelen venir acompañadas de un aumento de las infecciones infantiles y, con ellas, de las consultas de las familias a los servicios de Pediatría y Urgencias. Catarros, faringitis, bronquitis, bronquiolitis, gripe y gastroenteritis son algunos de los procesos más habituales en esta época, favorecidos por el contacto estrecho que mantienen los niños en las aulas, los comedores, los patios y las actividades extraescolares, según indica el doctor Rafael González de Caldas, pediatra del Hospital Quirónsalud Córdoba.

El doctor González de Caldas explica que este incremento es especialmente frecuente entre los más pequeños, cuyo sistema inmunitario todavía está en desarrollo y que pueden tener además más dificultades para mantener de forma constante medidas básicas de higiene. «Durante las primeras semanas de colegio es habitual observar un aumento de las infecciones respiratorias y gastrointestinales. La mayoría son procesos leves y autolimitados, pero pueden afectar al bienestar del niño, alterar su sueño y alimentación y favorecer el contagio dentro del entorno familiar», señala.

Rafael González de Caldas

Rafael González de CaldasQuirónsalud

Uno de los principales motivos de preocupación para los padres es saber cuándo los síntomas requieren una valoración médica. En este sentido, el especialista recomienda prestar atención especialmente al estado general del menor y a la evolución del proceso, más que a un síntoma aislado.

La dificultad para respirar, una respiración rápida o con esfuerzo, un decaimiento importante o un nivel de somnolencia fuera de lo habitual son signos que deben motivar una valoración médica. También es aconsejable acudir a Urgencias cuando el niño no consigue mantener líquidos debido a los vómitos, presenta signos de deshidratación o experimenta un empeoramiento progresivo.

En el caso de las gastroenteritis, uno de los principales riesgos es precisamente la pérdida de líquidos. «Más que fijarnos únicamente en el número de vómitos o deposiciones, debemos observar si el niño consigue beber, si tolera líquidos y si continúa orinando con normalidad», explica el doctor González de Caldas. La sequedad de boca, la ausencia de lágrimas al llorar, una disminución importante de la orina o un decaimiento acusado pueden ser señales de deshidratación.

En los lactantes más pequeños, especialmente en menores de tres meses, la aparición de fiebre requiere una valoración médica, mientras que en niños de mayor edad también es recomendable consultar cuando la fiebre es elevada, persiste durante varios días o se acompaña de un deterioro del estado general.

La prevención, clave al inicio del curso

Aunque el contacto entre los menores hace inevitable la circulación de numerosos microorganismos, determinadas medidas pueden ayudar a reducir la transmisión. El lavado frecuente de manos, la ventilación de los espacios cerrados, evitar compartir vasos o cubiertos y enseñar a los niños a cubrirse la boca y la nariz al toser o estornudar son algunas de las recomendaciones más eficaces.

También es importante que los menores permanezcan en casa cuando presentan fiebre, mal estado general o síntomas digestivos importantes. «Además de facilitar su recuperación, evitar que un niño con síntomas acuda al colegio contribuye a proteger a sus compañeros y a reducir la transmisión de infecciones en el entorno familiar», apunta el pediatra.

La vuelta al colegio coincide además con el inicio de la temporada de vacunación frente a la gripe. Las recomendaciones nacionales para la temporada 2026-2027 incluyen la vacunación antigripal de la población infantil entre 6 y 59 meses, uno de los grupos priorizados por su mayor riesgo de complicaciones y por su papel en la transmisión comunitaria. La Asociación Española de Pediatría recomienda además extender la vacunación antigripal a todos los niños y adolescentes de 6 meses a 17 años como medida de protección individual y colectiva.

«Vacunar frente a la gripe no sólo ayuda a proteger al niño, sino también a su entorno, especialmente a hermanos pequeños, abuelos, embarazadas o familiares con enfermedades crónicas. Es una medida sencilla que puede reducir complicaciones, consultas médicas y ausencias escolares», destaca el doctor Rafael González de Caldas.

El especialista anima a los padres a revisar el calendario vacunal de sus hijos al inicio del curso y consultar con su pediatra cualquier duda sobre la vacunación antigripal, especialmente en menores de cinco años, niños con enfermedades respiratorias, cardiológicas, neurológicas o inmunológicas y aquellos que conviven con personas especialmente vulnerables.

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