Benito Gálvez
Benito Gálvez analiza en el Club Alcorce los logros y las asignaturas pendientes de la Transición
El magistrado emérito del Supremo repasa el papel de Adolfo Suárez y cuestiona las consecuencias políticas del consenso que hizo posible el paso a la democracia
El magistrado emérito del Tribunal Supremo Benito Gálvez Acosta protagonizó una nueva tertulia del Club Alcorce, celebrada el pasado 21 de octubre, en la que ofreció su visión personal sobre la Transición española, sus principales protagonistas y las consecuencias políticas de aquel proceso. Durante su intervención defendió que el cambio de régimen permitió superar buena parte de los problemas que atravesaba España, aunque consideró que también dejó una serie de desequilibrios cuyos efectos se han prolongado en el tiempo.
Gálvez comenzó su exposición advirtiendo de que sus reflexiones respondían a su propia experiencia durante aquellos años y estaban, por tanto, abiertas a la discrepancia. Después repasó los acontecimientos que llevaron de los últimos gobiernos de Franco a la aprobación de la Constitución de 1978.
De Carrero Blanco a Adolfo Suárez
El magistrado situó el punto de partida de su análisis en 1973, cuando Franco nombró presidente del Gobierno al almirante Luis Carrero Blanco, asesinado por ETA el 20 de diciembre de aquel mismo año. Su sucesor, Carlos Arias Navarro, protagonizó el denominado «espíritu del 12 de febrero», una tentativa de apertura política que despertó expectativas entre los sectores reformistas del régimen.
Tras recordar la muerte de Franco, el 20 de noviembre de 1975, y la proclamación de Juan Carlos I como rey, Gálvez se detuvo en la dimisión de Arias Navarro, el 1 de julio de 1976, fecha que consideró el verdadero comienzo de la Transición.
El nombramiento de Adolfo Suárez como presidente del Gobierno, a propuesta de una terna presentada por Torcuato Fernández-Miranda, abrió una etapa de reformas cuyo principal instrumento fue la Ley para la Reforma Política, aprobada por las Cortes franquistas en noviembre de 1976.
Abordó también la legalización de los partidos políticos, en especial del Partido Comunista y del PSOE, y las estrategias de la oposición antifranquista. Sostuvo que el Partido Comunista tenía desde años antes un proyecto organizado para afrontar el cambio de régimen, basado en la movilización laboral y social.
Las consecuencias del consenso
Gálvez dedicó parte de la tertulia a la figura de Adolfo Suárez, a quien atribuyó una inclinación hacia posiciones progresistas y una apuesta constante por el consenso político. A su juicio, esa orientación condicionó tanto la actuación de sus gobiernos como la evolución posterior del sistema de partidos.
El magistrado admitió que aquel proceso resolvió muchos de los conflictos políticos y sociales de la época, pero cuestionó algunos de los acuerdos y renuncias que lo acompañaron.
Entre las principales consecuencias negativas señaló lo que, a su entender, fue una tendencia de la derecha a ceder posiciones frente a la izquierda, especialmente en ámbitos como la cultura, los medios de comunicación y la educación. También criticó la falta de una identidad ideológica definida en los sectores conservadores, frente a una izquierda que, según su interpretación, mantuvo posiciones más firmes.
Gálvez incluyó entre los problemas heredados de aquella etapa el desarrollo de los regionalismos y su posterior encaje en el Estado de las autonomías, una cuestión que relacionó con las decisiones políticas adoptadas durante la construcción del nuevo sistema democrático.
La sesión concluyó con un coloquio en el que los asistentes plantearon preguntas sobre los hechos y los protagonistas de la Transición y sobre el alcance de los cambios políticos de aquellos años.