Día de Todos los Santos en los cementerio de San RafaelJesús D. Caparrós

Morir en Córdoba: cuánto cuesta un funeral, qué cubre el seguro y qué ocurre cuando nadie puede pagar el entierro

Más del 78% de los fallecidos son incinerados, mientras Cecosam garantiza sepultura a quienes carecen de recursos y Facua advierte de los gastos que pueden quedar fuera de las pólizas

La muerte tiene una dimensión humana, íntima, religiosa y sentimental, pero también otra mucho más prosaica, de la que apenas se habla hasta que llega el momento de afrontarla. ¿Cuánto cuesta un entierro? ¿Qué sucede si el seguro de decesos no cubre todos los gastos? ¿Quién se hace cargo de una persona que fallece sin familia ni recursos? ¿Hay sitio suficiente en los cementerios de Córdoba? ¿Qué ocurre con los nichos cuando pasan los años? Son preguntas que rara vez aparecen en las conversaciones familiares, aunque tarde o temprano afectan a casi todo el mundo.

La celebración este lunes del Día de los Fieles Difuntos es una buena ocasión para asomarse a esa realidad. Antonio Álvarez, gerente de la empresa municipal de cementerios Cecosam, y Francisco Martínez Claus, presidente de Facua Córdoba, responden a algunas de esas preguntas. Sus explicaciones abarcan las nuevas costumbres funerarias de los cordobeses y también las obligaciones de la Administración cuando alguien muere y nadie puede hacerse cargo de su entierro.

La cuestión del precio es también la más difícil de responder con exactitud. No existe una cifra única, porque el coste depende de los servicios contratados, de las características del funeral y de si la familia tiene ya una sepultura.

Cementerio de Nuestra Señora de la Fuensanta en CórdobaLa Voz

Facua Córdoba reconoce que no cuenta con datos suficientemente contrastados para establecer un precio medio en Córdoba ni compararlo con rigor con la media nacional. No obstante, Martínez Claus ofrece una referencia orientativa basada en los casos que conoce la asociación: un funeral básico, del tipo que se organiza cuando no hay seguro de decesos y la familia paga directamente, podría rondar los 2.566 euros con IVA.

Féretro, traslado y bovedilla

El desglose que maneja Facua, sin IVA, contempla unos 490 euros por un féretro sencillo, 965 por la prestación funeraria —incluidas la recogida y el traslado del fallecido— y 610 por el enterramiento posterior en una bovedilla familiar. A ello se suman 53 euros por actualizar la titularidad de la bovedilla, cuando hace falta, y 3 por el certificado de defunción.

No es una tarifa oficial ni un presupuesto cerrado, y el importe puede crecer si hay que adquirir una sepultura o contratar otros servicios. De ahí que Martínez Claus recomiende pedir siempre un presupuesto desglosado antes de comprometerse, para que la familia sepa qué está pagando y no se encuentre con cargos que no esperaba.

El seguro de decesos: toda una vida pagando sin saber qué cubre

Durante décadas, la figura del cobrador que acudía periódicamente a los domicilios formó parte de la vida cotidiana de numerosas familias. Aquellos recibos, asociados popularmente al seguro de los muertos, eran una forma de previsión: dejar pagado el entierro para no trasladar esa carga económica a los hijos.

El cobrador ha cedido buena parte de su protagonismo a la domiciliación bancaria. Según Facua, el seguro de decesos sigue muy extendido entre las familias que quieren evitar a sus allegados el gasto del funeral. Otra cosa es saber exactamente qué se ha contratado.

Martínez Claus constata que muchas personas llevan años pagando sus recibos sin conocer los límites económicos de la póliza, las prestaciones incluidas o las posibles exclusiones. La tranquilidad de dar el entierro por resuelto puede desaparecer cuando la familia descubre que determinados servicios no están cubiertos.

Uno de los problemas surge cuando el capital asegurado no alcanza para pagar el funeral solicitado. En ese caso, los familiares tendrían que abonar la diferencia, según lo que establezca el contrato.

Tampoco todas las pólizas evolucionan igual. Hay distintas modalidades de prima, algunas ligadas a la edad del asegurado, y sistemas diferentes para actualizar cuotas y capitales. Por eso Facua Córdoba recomienda comprobar de vez en cuando cuánto se paga, por qué ha subido el recibo y si han cambiado las coberturas.

La asociación pide especial cautela a quienes llevan décadas asegurados: antes de cancelar una póliza o cambiar de aseguradora conviene informarse bien, porque la edad, la antigüedad y la modalidad de prima pueden pesar en el precio y las condiciones del nuevo contrato.

Si surge un desacuerdo con la aseguradora, Martínez Claus aconseja pedir un desglose de los servicios y sus importes y comprobar que se ajustan a lo contratado. La reclamación se dirige primero al servicio de atención al cliente de la compañía o a su defensor del cliente y, si no hay respuesta satisfactoria, puede llevarse al servicio de reclamaciones de la Dirección General de Seguros y Fondos de Pensiones o recurrir al asesoramiento de una asociación de consumidores.

El funeral termina, pero los trámites continúan

Otra creencia extendida es que el seguro de decesos deja resueltas todas las gestiones administrativas del fallecimiento, y no siempre es así.

Después del funeral pueden quedar pendientes el certificado de últimas voluntades, el de contratos de seguros con cobertura de fallecimiento, los trámites de la herencia, los cambios de titularidad de bienes y cuentas bancarias o el pago de los impuestos que correspondan, como el de sucesiones o la plusvalía municipal.

A ello pueden sumarse los gastos notariales, de gestoría o de asesoramiento jurídico. Facua Córdoba recuerda que estas gestiones no están incluidas en la póliza salvo que el contrato lo diga expresamente.

Martínez Claus recomienda una medida sencilla que puede evitar muchas dificultades: tener ordenada la documentación y asegurarse de que algún familiar de confianza conoce las pólizas existentes, las compañías con las que están contratadas y dónde se guardan los recibos. También aconseja tener identificados los bienes, las deudas y otros seguros, y valorar la conveniencia de hacer testamento, para que al dolor por la pérdida no se sume la incertidumbre económica y administrativa.

La incineración ya es la opción mayoritaria

Las costumbres funerarias de los cordobeses han cambiado mucho. El entierro tradicional, la práctica habitual durante generaciones, ha cedido terreno a la cremación. Según la memoria anual de Cecosam, en 2025 más del 78% de las familias eligieron la incineración frente a la inhumación del cadáver.

Eso no significa necesariamente renunciar al cementerio. Más del 55% de quienes incineran a un familiar depositan después las cenizas en alguna de las modalidades de inhumación de los recintos municipales. Otros prefieren guardarlas en casa, llevarlas a columbarios de iglesias o parroquias, o enterrarlas o esparcirlas donde esté permitido.

El cambio ha obligado a Cecosam a adaptar sus instalaciones. Las familias buscan ahora, además de nichos o panteones, espacios más naturales para las cenizas de sus seres queridos.

Día de Todos los Santos en los cementerio de San RafaelJesús D. Caparrós

De esa demanda surgieron iniciativas como el Jardín de los Aromas, donde las cenizas se vierten directamente en el suelo, entre hileras de plantas aromáticas, o los llamados bosques de las cenizas.

Uno de ellos está junto al tanatorio de Nuestra Señora de la Fuensanta: un espacio ajardinado de unos 5.000 metros cuadrados donde las urnas biodegradables se entierran al pie de los árboles. Según explica Álvarez, estos recipientes se integran en el terreno en unos seis meses. El bosque obtuvo el año pasado el primer premio en un concurso nacional de cementerios por su respeto medioambiental.

Cecosam ha creado este año un bosque de limoneros y otro de olivos en el cementerio de San Rafael, que estarán en uso muy pronto. En el de La Salud ha hecho una pequeña ampliación de otro bosque, que volverá a estar operativo para inhumaciones a comienzos de 2027.

¿Se están quedando sin sitio los cementerios?

Los cuatro cementerios municipales suman unas 69.000 unidades funerarias, entre panteones, nichos, sepulturas y columbarios. De ellas, unas 3.800 están libres.

Son poco más del 5% del total, pero las unidades ocupadas no quedan fuera de uso para siempre. El gerente explica que, cinco años después de la inhumación de un cadáver, puede reabrirse el nicho y volver a utilizarse cuando ya se trata de restos cadavéricos. Con las cenizas ni siquiera hay que esperar ese plazo: la unidad puede reutilizarse de inmediato.

Esa reutilización, unida al aumento de las cremaciones, permite a la empresa municipal atender la demanda de enterramientos sin saturación. «Espacio hay más que suficiente», resume Álvarez.

¿Y si una familia no puede pagar el entierro?

La muerte también llega a hogares sin recursos para pagar un funeral, pero la falta de dinero no deja a nadie sin sepultura. Cecosam tiene un convenio de colaboración con los Servicios Sociales del Ayuntamiento para atender los llamados servicios funerarios benéficos.

El procedimiento exige un informe de los trabajadores sociales que acredite que el fallecido no tiene familia, que nadie puede hacerse cargo o que no dispone de bienes con los que afrontar el entierro. Cuando se acredita la necesidad, se pone en marcha este servicio.

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Álvarez aclara que Cecosam no dispone de todos los medios para prestar directamente cada fase del servicio. Aunque tiene instalaciones de tanatorio, carece de coche fúnebre y de medios propios para los traslados, de modo que esa parte la realiza la empresa privada Tanatorios de Córdoba como subcontrata y Cecosam asume su coste en los casos reconocidos como benéficos.

¿Qué ocurre cuando alguien muere solo y nadie reclama su cuerpo?

Hay casos todavía más delicados: personas que fallecen en su domicilio o en la vía pública sin familiares conocidos y sin nadie que se haga cargo del entierro.

En esos supuestos interviene el juzgado de guardia, que remite el oficio a Cecosam y a los Servicios Sociales municipales para que asuman el enterramiento, esté o no la persona empadronada en la ciudad.

Álvarez explica que así lo establece el Reglamento de Policía Sanitaria Mortuoria: cuando nadie puede asumirlo, la obligación recae en el ayuntamiento de la localidad donde se produce la muerte.

«Si una persona ha fallecido y es localizada en la ciudad y nadie se hace cargo, el Ayuntamiento tiene la obligación de hacerlo a través de su empresa municipal», señala el gerente, que precisa que estos casos se atienden con independencia del lugar de residencia y de la religión.

Ocurre, por ejemplo, con inmigrantes que mueren sin familiares cercanos y cuyos cuerpos no pueden ser repatriados. Álvarez reconoce que estos casos se dan, aunque Cecosam no lleva una estadística; normalmente los comunican las propias asociaciones, sobre todo musulmanas.

Lo que conviene dejar resuelto antes de morir

Más allá de cementerios, aseguradoras y servicios municipales, hay una parte que depende solo de cada uno: la previsión. El seguro de decesos ahorra a la familia buena parte de las preocupaciones económicas y de organización, pero no exime de conocer sus condiciones, y de ahí la insistencia de Martínez Claus en revisar las pólizas y tener la documentación a mano.

Álvarez, por su parte, recuerda que detrás de cada enterramiento hay una organización que tiene que responder incluso cuando no hay recursos, familiares ni un lugar al que trasladar los restos.

El Día de Difuntos invita cada año a recordar a quienes ya no están. También puede servir para conocer mejor todo lo que rodea a la despedida y que, por desconocimiento o por miedo o pudor, tantas veces dejamos sin hablar.

Córdoba, lugar de enterramiento para musulmanes de otras provincias

El cementerio musulmán de Córdoba recibe solicitudes de enterramiento procedentes de Madrid y de municipios de la Costa del Sol donde solo se admite inhumar a personas que residían y estaban empadronadas en la localidad. Cecosam no establece actualmente esa limitación, según ha explicado su gerente, Antonio Álvarez.

Esas peticiones de fuera, más que el crecimiento de la comunidad musulmana cordobesa, explican el aumento de la demanda. Álvarez cifra esa comunidad en unas 5.000 personas, según los datos de la asociación musulmana de Córdoba. El recinto dispone de unas 210 plazas, de las que solo quedan libres 24 o 25, y la empresa municipal prevé ampliarlo en 2027.

Entre los casos atendidos, el gerente ha recordado el de una mujer gazatí, hace unos veranos, cuya familia no podía repatriar el cuerpo por la guerra. Según relataron sus allegados, tampoco podían enterrarla en su localidad de residencia, en la Costa del Sol, porque la normativa municipal solo lo permitía a los residentes. Cecosam la admitió finalmente en Córdoba.

A juicio de Álvarez, esta situación plantea un problema de espacio a largo plazo. El rito musulmán exige enterramientos en tierra y restringe la posterior exhumación de los restos, lo que dificulta reutilizar las sepulturas. «La tierra de la que disponemos no es ilimitada», ha advertido.

Por ahora, Cecosam mantiene su política de admisión, aunque su gerente reconoce que habrá que estudiar alternativas si la situación se prolonga en el tiempo. «Mientras se pueda seguir prestando el servicio, se va a seguir prestando», ha asegurado.