Imagen de Jesús de Medinaceli durante la procesión que lleva su nombre, a 15 de abril de 2022, en Madrid (Foto de archivo)
Semana Santa 2025
Así salvaron al Cristo de Medinaceli de los musulmanes en África y de las milicias republicanas en la Guerra Civil
Este Viernes Santo, como cada Semana Santa, el Cristo de Medinaceli saldrá en procesión por las calles de Madrid para hacer las delicias de los madrileños, entregados devotos de esta imagen desde hace siglos.
Ni la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, ni el alcalde de la capital, José Luis Martínez-Almeida, van a perderse una de las procesiones más esperadas, que partirá a las siete de la tarde desde la Basílica de Jesús de Medinaceli y discurrirá por la calle Duque de Medinaceli, Plaza de las Cortes, Carrera de San Jerónimo, Puerta del Sol, Calle Alcalá, donde realizarán la estación de penitencia próxima a la Iglesia de las Calatravas, Calle Sevilla, Plaza de Canalejas, Carrera de San Jerónimo, Calle Duque de Medinaceli y la Plaza de Jesús, antes de volver a la Basílica.
El trono pasa junto al Congreso de los Diputados durante la procesión del Cristo de Medinaceli, a 29 de marzo de 2024, en Madrid (Foto de archivo)
Pero, antes de convertirse en una de las imágenes de Jesús de Nazaret más queridas por los habitantes de Madrid, el Cristo de Medinaceli vivió una convulsa historia que se remonta al siglo XVII y que tiene sus episodios más oscuros en el norte de África en aquella época y, más tarde, en Madrid, durante la Guerra Civil.
Después de ser tallada en Sevilla por encargo de los Padres Capuchinos de Sevilla, fue trasladada a la colonia española de Mámora en el norte de África, llamada por los españoles San Miguel de Ultramar.
El día 30 de abril de 1681, Mámora cayó en manos de Musley Ismael y su ejército y la imagen del Nazareno fue también capturada y llevada a Mequínez. La historia atestigua que, por orden expresa del Rey Muley, la imagen fue arrastrada por las calles de Mequinez en señal de odio contra la religión cristiana y hasta algunos aseguran que, como si se tratara de carne humana, fue arrojada a los mismos leones.
Vista del Cristo, en la Basílica de Jesús de Medinaceli , a 4 de marzo de 2022, en Madrid (Foto de archivo)
Fue vista por el Padre de la Orden de la Santísima Trinidad, Fray Pedro de los Ángeles, quien, arriesgando su vida y presentándose ante el mismo rey, solicitó el rescate de la imagen como si se tratara de un ser vivo. Se dice que el rey le permitió al padre trinitario custodiar la imagen, hasta que reuniera el dinero para su rescate, amenazándole que, de no hacerlo así, lo quemaría a él y a la imagen.
El Padre General de la Orden mandó a los Padres Miguel de Jesús, Juan de la Visitación y Martín de la Resurrección que se encargaran de servir de mediadores en la solución del problema y estos lograron convencer al rey Muley de que tasara el rescate de la imagen pagando su peso en oro. La leyenda asegura que la balanza se equilibró exactamente cuando se acumularon treinta monedas. Una y otra vez efectuada esta operación, el resultado fue siempre idéntico, con lo que el recuerdo del episodio evangélico en el que Cristo mismo apareció valorado en esas 30 monedas resultaba milagroso.
La imagen, ya rescatada, pasó después a Tetuán, de allí a Ceuta, y por Gibraltar a Sevilla, hasta llegar a Madrid en el verano de 1682, con fama de milagrosa. Ese mismo año se organiza la primera procesión a la que asiste el «todo Madrid», pueblo fiel, nobleza y casa real.
Guerra Civil
Tal y como recoge la Archidiócesis de Madrid, durante la Guerra Civil, el 13 de marzo de 1936, los devotos y vecinos del convento donde reposaba la imagen lograron impedir que el Cristo de Medinaceli fuera destruida por un piquete de revolucionarios.
El 17 de julio los frailes ocultaron la imagen en una caja de madera, y envuelta en sábanas, en los sótanos del convento. Alojándose en el mismo el batallón republicano conocido con el sobrenombre de «Margarita Nelken», y para mitigar el frío del invierno madrileño que allí padecían sus tropas, al buscar unas tablas para calentarse se encontraron con la sorpresa de la caja que contenía la sagrada imagen.
Un mujer besa los pies del Cristo de Medinaceli de Madrid durante el tradicional besapiés que se repite cada primer viernes de marzo (Foto de archivo)
Al comprobar Juan Manuel Oliva, jefe del batallón, que se trataba del Cristo de Medinaceli, no sólo por motivos artísticos, sino también religiosos, entregó la imagen a la «Junta del Tesoro», que la trasladó bien pronto a la ciudad de Valencia, concretamente al Colegio del Patriarca. En marzo de 1938 fue transportada a Barcelona y desde allí , el día 3 de febrero de 1939, fue trasladada con todo el Tesoro Artístico a la ciudad suiza de Ginebra, a la que llegó el día 12 de febrero.
Cuando terminó la guerra y fue recuperado el Tesoro, Don Fernando Álvarez de Sotomayor, representante del nuevo Gobierno español, consiguió que la imagen del Cristo saliera de Ginebra el día 10 de mayo de 1939, siendo esperada con toda devoción en el municipio madrileño de Pozuelo de Alarcón. Allí fue recibida con honores militares y de ella se hizo cargo la Junta de la Real Esclavitud, llevándola a Madrid, momentáneamente al monasterio de la Encarnación.
Carmen Polo acude en Madrid a la Basílica del Cristo de Medinaceli para la tradicional fiesta del besapiés del Cristo de Medinaceli en la que los feligreses besan los pies de la estatua de Jesucristo en dicha basílica, el 3 de marzo de 1961 (Foto de archivo)
La víspera de la festividad de San Isidro, el día 14 de mayo, todo el pueblo de Madrid se organizó en solemne procesión acompañando la imagen hasta el altar de su templo en el que siguió recibiendo el culto y la veneración de multitud de devotos.
Siempre, pero sobre todo los viernes del año, y de forma multitudinaria el primer viernes de marzo, son incontables las personas que acuden a venerar al Cristo de Medinaceli.