Estación de tratamiento de agua del Bodonal
Así es el pionero tratamiento del agua de Madrid: el secreto de su calidad
Según datos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, Madrid es la comunidad donde menos agua embotellada se consume en toda España
El agua que sale de los grifos en Madrid es una de las mejores de Europa. Su sabor, calidad y pureza son resultado de un recurso privilegiado que parte de una red de tratamientos complejos y precisos. Uno de los lugares clave donde ocurre esta transformación es la Estación de Tratamiento de Agua Potable (ETAP) del Bodonal, situada en Tres Cantos y gestionada por el Canal de Isabel II desde 1969.
«Allí donde termina el canal, comienza el trabajo de potabilización. Aquí el agua entra bruta y sale lista para beber», resume Sergio Casado, responsable de la planta, que lleva años supervisando que ese proceso se repita con la misma fiabilidad, las 24 horas del día, los 365 días del año.
El agua que llega al Bodonal procede de varios embalses madrileños como El Vado, El Villar o el Atazar, y lo hace a través del canal Bajo, por gravedad, sin necesidad de bombeo. Desde allí, se reparte en la planta a través de conducciones de hasta dos metros de diámetro.
En este punto, se inicia una cadena de fases químicas y físicas diseñadas para transformar agua natural —aunque limpia a simple vista— en un recurso apto para el consumo humano, cumpliendo los más altos estándares sanitarios. La capacidad de tratamiento del Bodonal es de 4 m³/s.
El primer paso es la oxidación, donde se añaden compuestos como el cloro para comenzar a eliminar microorganismos y degradar materia orgánica. A continuación, mediante un proceso conocido como coagulación y floculación, se incorporan productos como sulfato de aluminio y almidón, que permiten que las partículas microscópicas que enturbian el agua se agrupen.
Estación de tratamiento de agua del Bodonal
Aquí es donde entra en juego uno de los elementos más importantes del proceso de potabilización: los decantadores. En la ETAP del Bodonal hay tres grandes decantadores troncocónicos, estructuras de enorme tamaño cuya sola presencia impresiona: 46 metros de diámetro superior, 35 en la base y más de 7,5 metros de altura.
Su funcionamiento es simple y brillante: el agua se introduce y se deja en reposo. Las partículas más pesadas que se han aglutinado previamente van cayendo al fondo, mientras que el agua más limpia emerge por la parte superior.
«Es una fase crucial. Aquí se separa gran parte de las impurezas mediante una técnica tan antigua como eficaz: la gravedad», señala Casado. «El diseño cónico favorece que las partículas vayan cayendo hacia el centro y se depositen en el fondo, mientras el agua decantada sale por arriba totalmente cristalina».
La capacidad de tratamiento del Bodonal es de 4 m³/s
Tras ser decantada, el agua clara pasa a la fase de filtración, donde atraviesa uno de los 20 filtros de arena de la planta. Cada uno de estos filtros, de 100 m² de superficie, retiene cualquier impureza residual que haya escapado de la decantación.
«El agua pasa por un lecho de arena que actúa como un colador natural. Las impurezas quedan atrapadas entre los granos», explica Casado. Estos filtros eliminan cualquier partícula con aire y agua en sentido inverso, en un proceso llamado «lavado a contracorriente».
Estación de tratamiento de agua del Bodonal
Tratamiento final del agua
Ya filtrada, el agua recibe un tratamiento final mediante cloramina, una combinación de cloro y amoniaco que actúa como desinfectante de larga duración. Este producto es más estable que el cloro tradicional y permite que el agua mantenga sus propiedades higiénicas a lo largo de toda la red.
«La red de distribución del Canal de Isabel II supera los 18.000 kilómetros. Usar cloramina garantiza que el agua llegue al grifo del consumidor en perfecto estado, incluso varios días después de haber salido de la planta», subraya Casado.
Toda el agua que atraviesa el proceso deja residuos: lodos del fondo de los decantadores y partículas atrapadas en los filtros. Esos residuos se procesan en la planta de fangos, donde se deshidratan, se compactan y se gestionan conforme a criterios de economía circular.
Estación de tratamiento de agua del Bodonal
«Lo que buscamos es minimizar el impacto ambiental y reutilizar el agua de limpieza dentro del propio sistema», afirma Casado. El agua sucia pasa por un tratamiento con almidón —sin químicos contaminantes— y vuelve al ciclo de trabajo. «Nada se tira. Aquí hasta los residuos tienen destino», asegura.
El proceso completo está vigilado en todo momento desde la sala de control. Allí, técnicos monitorizan en tiempo real los valores de turbidez, pH, cloro residual y más, para que nada quede al azar. Cada gota está controlada.
Y el resultado salta a la vista. Según datos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, Madrid es la comunidad donde menos agua embotellada se consume en toda España. «El agua de Madrid tiene fama por algo. Parte de esa calidad viene de los embalses de la sierra, pero gran parte también se debe al trabajo que hacemos aquí», concluye Sergio Casado.