Vistazo del hotel okupa de San BlasPaula Argüelles

Ofrecen hasta 15.000 euros a los okupas del hotel de San Blas por irse del edificio

El edificio se divide en cinco plantas y en la actualidad luce un aspecto poco cuidado

El hotel okupa de San Blas continúa en el ojo del huracán. Unas 200 familias permanecen en una situación límite, divididas entre el deseo de mejorar sus condiciones de vida y el temor de verse en la calle. Durante los últimos meses, los residentes –muchos de ellos con hijos pequeños– han estado tratando de alcanzar un acuerdo con los nuevos dueños del inmueble para abandonar las viviendas de manera voluntaria.

A cambio de su marcha, se les ha ofrecido una compensación económica que oscilaría entre 10.000 y 15.000 euros por unidad. Sin embargo, a pocos días de que venza el plazo previsto, el 30 de junio, ninguna de estas propuestas se ha plasmado por escrito. En paralelo, continúan produciéndose lanzamientos judiciales y actuaciones policiales de desalojo.

La situación se remonta a la subasta pública mediante la que el complejo cambió de manos, quedando repartido entre tres propietarios distintos: Unicaja, un fondo de inversión con sede en Irlanda y la empresa Copernicus.

Tras la quiebra de la promotora original, más de cien familias accedieron al edificio empujadas por la necesidad. Ahora, con la propiedad dividida, los titulares tratan de consensuar una estrategia para lograr que los ocupantes abandonen los pisos sin conflicto y poder emprender un nuevo proyecto en la finca.

No obstante, el proceso se ha vuelto opaco y complejo, envuelto en una cadena de intermediarios, promesas de palabra y la ausencia de contratos o notificaciones oficiales que garanticen las condiciones de salida.

Los residentes del complejo accedieron a colaborar con el proceso. Elaboraron un censo con los ocupantes de los apartahoteles, aportando datos personales y verificando entre ellos quiénes llevaban más de un año viviendo allí. Sin embargo, los supuestos mediadores han ido cambiando sin aportar soluciones.

Vistazo del hotel okupa de San BlasPaula Argüelles

Primero fue Kevin, luego David y más tarde un hombre llamado José, pero ninguno ha logrado avances reales en las negociaciones. Mientras tanto, los desalojos continúan ejecutándose por vía judicial, sin que los jueces estén al tanto de que existe una tentativa de acuerdo.

«Estamos reclamando algún tipo de protección social, pero ni siquiera se ha notificado al juzgado que hay una negociación en marcha. La buena voluntad también tiene límites», afirma una inquilina que llegó a pagar 3.000 euros a una red mafiosa por poder acceder a una vivienda en el edificio, aunque fuera en condiciones precarias.

La mayoría de las familias que habitan el inmueble se encuentran en situación de vulnerabilidad. Muchas llegaron tras ser desalojadas de otras viviendas o después de atravesar circunstancias difíciles, como enfermedades, violencia doméstica o exclusión social.

Algunos menores están escolarizados en centros educativos del distrito y han sido empadronados de forma temporal gracias a la intervención de trabajadoras sociales del Ayuntamiento.

Vistazo del hotel okupa de San BlasPaula Argüelles

En el día a día, las redes de apoyo entre vecinos han surgido por pura necesidad, y según varios testimonios, la convivencia ha mejorado significativamente respecto a los primeros meses, que estuvieron marcados por conflictos y sensación de inseguridad.

Aunque la compensación de 15.000 euros se percibe por algunos como una posible vía para salir adelante, también genera dudas. «Puede parecer una salida digna, pero no lo es del todo. En Madrid, un alquiler medio cuesta más de 1.000 euros al mes.

Eso solo te da para unos pocos meses, y después, ¿qué?», se preguntan algunos. Aun así, para muchas familias, es la única opción realista. «Mejor eso que esperar a que llegue una orden de desalojo y nos veamos durmiendo en la calle», concluye otra vecina.

Según los datos del catastro, el hotel okupa se construyó en el año 2009 y la parcela donde se levanta tiene una superficie de 11.243 metros cuadrados, de los cuales 6.602 m² son del inmueble.

El edificio se divide en cinco plantas y en la actualidad luce un aspecto poco cuidado. Muchas ventanas no tienen cristales y han sido tapiadas, la ropa luce en la fachada principal del inmueble y en el patio interior hay unas chabolas donde viven varias personas.