Hace algo más de una década, los vecinos lograron un avance significativo en el reconocimiento de esa identidadWikimedia Commons

Este es el barrio de Madrid que conserva su esencia de pueblo y es uno de los más deseados para vivir

Sus calles mantienen una estructura claramente reconocible, con una plaza mayor como eje central, el antiguo edificio del Ayuntamiento y la iglesia situada junto a él

Canillejas arrastra desde hace décadas una reputación desigual dentro del mapa urbano de Madrid. Sin embargo, su historia revela un pasado mucho más antiguo y singular del que muchos vecinos y visitantes imaginan. En el actual distrito de San Blas-Canillejas se localiza uno de los orígenes más antiguos de la ciudad, un enclave que ya existía hace unos 800 años, cuando Madrid era todavía una pequeña villa.

Lejos de ser un simple barrio surgido con la expansión urbana, fue durante siglos un pueblo independiente, con funciones clave para el desarrollo de la capital. Entre ellas, el abastecimiento de agua a la entonces Villa de Madrid, un papel fundamental en la configuración temprana del territorio.

Canillejas se fundó en el siglo XIII y mantuvo su condición de municipio durante siglos. No fue hasta 1949 cuando dejó de serlo, tras la anexión a Madrid de 13 municipios colindantes impulsada por el régimen franquista. En aquel proceso también se integraron localidades como Vallecas, Villaverde, Vicálvaro o Canillas, hoy convertidas en barrios de la capital.

La operación respondía al interés del régimen por crear un «gran Madrid imperial». No obstante, el impacto de esta integración no fue igual para todos los antiguos municipios.

La pérdida del nombre y la identidad administrativa

Canillejas fue uno de los territorios más perjudicados por la reorganización administrativa. A diferencia de otros municipios anexionados, como Carabanchel, perdió su nombre al integrarse en el distrito de San Blas. Una decisión que diluyó durante décadas su identidad institucional, pese a que el trazado urbano y la vida cotidiana seguían conservando rasgos propios de un pueblo.

Aun así, pasear por Canillejas permite comprobar esa herencia. Sus calles mantienen una estructura claramente reconocible, con una plaza mayor como eje central, el antiguo edificio del Ayuntamiento y la iglesia situada junto a él. Elementos que reproducen el esquema clásico de los pueblos castellanos.

En la fachada de lo que fue la sede municipal todavía se conservan la antigua placa y el escudo de Canillejas, símbolos visibles de su pasado independiente.

Recuperar la memoria histórica del barrio

Hace algo más de una década, los vecinos lograron un avance significativo en el reconocimiento de esa identidad. El distrito pasó a denominarse oficialmente San Blas-Canillejas, recuperando así el nombre histórico del antiguo municipio. En paralelo, la plaza principal fue rebautizada como Plaza de la Villa de Canillejas y se restauró la fuente con el escudo del municipio. Una intervención concebida como homenaje a lo que fue este «bonito pueblo», en palabras del relato vecinal.

En la actualidad, diversas asociaciones vecinales y culturales trabajan activamente para preservar su tejido social y su memoria histórica. Una labor que se desarrolla en un contexto marcado por la gentrificación de Madrid, percibida como una amenaza para la identidad de barrios con un fuerte arraigo popular.

«Que no se pierda la memoria de nuestros barrios y de nuestros pueblos», es la consigna que resume este esfuerzo colectivo. Una reivindicación que mira al pasado para entender el presente y afrontar el futuro de Canillejas dentro de la ciudad de Madrid.