El error de Viciana que pudo haber precipitado su fin
La influencia del dramaturgo y asesor de Ayuso, Antonio Castillo Algarra, pudo haberle jugado una mala pasada al ya exconsejero
Emilio Viciana en El Debate
El cese de Emilio Viciana, ya exconsejero de Educación, Ciencia y Universidades de la Comunidad de Madrid no iba a pasar tan desapercibido como pensó Ayuso.
De poco iba a servir que enviaran la noticia del nombramiento de Mercedes Zarzalejo (ahora exvicenconsejera) como sucesora del inexperto Administrador Civil del Estado a última hora de la tarde y como si se tratara de una nota de prensa más.
Su cese vino seguido de una serie de dimisiones en bloque por causas que los afectados no atribuyeron a Viciana, pero que no deja de dar que pensar.
Es cierto que desde Puerta del Sol se aclaró ayer a El Debate que su cese no era el único; que también caerían «todos los involucrados en el área de Universidades» por no haber podido resolver la cuestión de la financiación con los campus madrileños.
Ahora bien, ayer dimitieron tres diputados en la Asamblea de Madrid, no todos precisamente vinculados a Viciana y su polémica ley: el portavoz del PP en la Comisión de Educación, Pablo Posse; la portavoz en la Comisión de Familia y Asuntos Sociales, Mónica Lavín y la portavoz en la Comisión de Juventud, Carlota Pasarón.
También le dijo Puerta del Sol a este periódico que se le había dado un ultimátum a Viciana el pasado 15 de diciembre respecto al problema con los rectores madrileños y la financiación que no supo resolver y por eso, pasados dos meses, se decidió abrirle la puerta de salida.
En cualquier caso, no es lo que cuentan fuentes cercanas al exconsejero. Este tenía una gran relación con el ya conocido Antonio Castillo Algarra, importante asesor de la presidenta de la Comunidad y quien le recomendó en su día que nombrara a Viciana al frente de Educación.
Algarra, aparte de asesor de Ayuso, es dramaturgo –actualmente tiene una obra en cartel– y, por tanto, vinculado a las enseñanzas artísticas, la piedra en el zapato de los rectores, que nunca quisieron que estas enseñanzas se mezclaran en la ley de Viciana con las universitarias. Al parecer, al conocer la presidenta en detalle la 'mezcla' en la que su consejero había convertido la norma influido por Algarra, decidió prescindir de sus servicios.
Al conocer la presidenta en detalle la 'mezcla' en la que su consejero había convertido la norma influido por Algarra, decidió prescindir de sus servicios
No es la primera vez que hay polémica entre las enseñanzas artísticas y las universitarias. Los decanos de Bellas Artes pusieron en su día el grito en el cielo cuando el Gobierno de Sánchez equiparó las enseñanzas universitarias con las artísticas al entender que las exigencias son completamente diferentes para unos y otros alumnos, y que las primeras están en un escalón superior.