Miguel Ángel García Martín

El caballo de Troya es Sánchez (II parte)

Cuando un Gobierno normaliza el escándalo, banaliza las investigaciones y responde a cada revelación con un ataque al poder judicial, se resiente su credibilidad y se cercena la confianza de los ciudadanos en las instituciones y en el modelo democrático

España atraviesa un momento político que exige algo más que silencio prudente o neutralidad impostada. Exige claridad, valentía, seriedad y llamar a las cosas por su nombre.

Exige plantar cara a una trama corrupta que, ante el aluvión de escándalos que acumula, en vez de asumir responsabilidades, responde obstaculizando la labor de aquellos jueces y magistrados que instruyen causas que afectan a miembros del Gobierno de Sánchez, a su partido, o a su entorno familiar. Y esto es gravísimo, porque cuestionar y atacar a los jueces para evitar rendir cuentas, es una amenaza directa a la separación de poderes y pone en riesgo, por tanto, el modelo de convivencia que acordamos todos los españoles en 1978.

De la misma manera, no deja de ser bochornoso ver a un expresidente socialista del Gobierno imputado por la Audiencia Nacional. Sánchez no puede echar balones fuera tras el caso del rescate de la aerolínea Plus Ultra, que ha salpicado de lleno al expresidente socialista, José Luis Rodríguez Zapatero.

Zapatero ha sido imputado, presuntamente, por los delitos de organización criminal, tráfico de influencias y falsedad documental; delitos que no podía haber cometido sin la participación activa del presidente del Gobierno, el «One», y de todo su Consejo de Ministros.

Zapatero, embajador del sanchismo, marca con su imputación el camino de salida de Pedro Sánchez del Palacio de la Moncloa. Y ya veremos si el camino judicial del presidente del Gobierno y de todo su entorno a Soto del Real. Hoy todos nos preguntamos si Zapatero es el capo de toda esta mafia o tan sólo es el testaferro de Pedro Sánchez.

Cuando un Gobierno normaliza el escándalo, banaliza las investigaciones y responde a cada revelación con un ataque al poder judicial, lo que se resiente no es únicamente su credibilidad, sino -y esto es mucho más grave- lo que hace es cercenar la confianza de los ciudadanos en las instituciones y en el modelo democrático.

España necesita un cambio político, pero antes aún necesita una reacción cívica. Necesita recuperar la convicción de que la decencia pública importa y de que gobernar no puede consistir en colonizar instituciones, mientras se desacredita a quien exige responsabilidades.

Por eso, es urgente devolver la palabra a los españoles y convocar elecciones. Hace falta un Gobierno honrado, un presidente que entienda que la política es un servicio público sometido a control, a límites y a principios.

Todo lo demás es prolongar una agonía institucional que España no se merece y dejar que los partidos golpistas, filoetarras y odiadores de España sigan cobrando peajes al gobierno más corrupto y más débil de la democracia.

Como ya tuve ocasión de avanzar en un artículo publicado en este mismo periódico en noviembre de 2022, Sánchez es el caballo de Troya que se ha propuesto reventar todo desde las instituciones que controla para mantenerse en el poder. Por eso, sus referentes son hoy los países comunistas, populistas y autocráticos en lugar de las democracias liberales del mundo.

  • Miguel Ángel García Martín es consejero de Presidencia, Justicia y Administración Local y portavoz del Gobierno de la Comunidad de Madrid