El Papa León XIV bendice un bebé en el Papamóvil, de camino al Movistar Arena, a 7 de junio de 2026, en Madrid
Comunidad de Madrid
Las familias numerosas de Madrid mandan una carta al Papa León XIV para contarle la aprobación de la ley del concebido no nacido
La Asociación de Familias Numerosas de Madrid ha mandado una carta al Papa León XIV para contarle la aprobación en la Asamblea de Madrid de la ley del concebido no nacido, en virtud de la cual se considera al 'nasciturus' un miembro más de la unidad familiar.
La presidenta de esta asociación, María Menéndez de Zubillaga, asistió ayer al Pleno extraordinario en la Cámara de Vallecas en el que, gracias a los votos de PP y Vox, esta normativa salió adelante, pese a las feroces críticas vertidas por PSOE y Más Madrid, que han avanzado que acudirán a todas las instancias, incluido el Tribunal Constitucional, para tratar de tumbarla.
Tras acudir como invitada al debate, Menéndez decidió, en nombre de la asociación, escribir una misiva al Santo Padre para contarle en primera persona la buena noticia. «Hoy, 2 de julio, se ha aprobado en la Asamblea una ley que protege al concebido no nacido, al 'nasciturus', al que está creciendo y desarrollándose en el vientre de su madre, el lugar que debería ser la cuna más segura del mundo».
La carta recuerda las palabras que el Pontífice pronunció en el Congreso de los Diputados en favor de la dignidad humana y en contra del aborto y la eutanasia. «¿Puede llamarse plenamente justa una comunidad que deja en la sombra al niño aún no nacido? Toda vida humana debe ser reconocida y custodiada desde su concepción hasta su ocaso natural, en cada circunstancia de su existencia», afirmó desde la sede del la soberanía nacional León XIV en un discurso histórico.
La carta completa de las familias numerosas de Madrid al Papa
Nos dirigimos a usted desde la Federación Madrileña de Familias Numerosas.
No todas las familias son católicas, ni cristianas; muchas no creen ni tienen vida comprometida con valores religiosos. Otras muchas sí.
Pero pensamos que casi todas creen en el valor de la dignidad humana, en el valor de la vida y de la familia, en el valor de la libertad educativa, religiosa y de conciencia. Y que estos valores son anteriores a cualquier ley positiva. Como nos lo ha recordado con sus palabras en la reciente visita a Madrid.
En uno de los actos organizados, en el que estuvo en el Congreso de los Diputados, donde también estuvieron los senadores. En fin, los representantes de los ciudadanos españoles, los que están encargados del poder legislativo, los que hacen las leyes.
En ese acto les recordaba a los presentes una de las grandes herencias de España al mundo, a raíz de los inicios de la escuela de pensamiento de Salamanca. Y les decía esto:
«Cada vez que el legislador se pregunta cómo hacer que lo posible sea justo, que lo legal sea verdaderamente humano y que la voluntad de la mayoría custodie aquellos bienes que pertenecen a todos y respete aquello que ninguna mayoría puede legítimamente vulnerar».
Así, «nuestro discernimiento (nos sigue recordando SS León XIV) debe centrarse en qué lugar ocupa la persona humana en nuestras decisiones y cómo se plantea hoy de manera nueva la dignidad del trabajo, la solidaridad, la política social y el bien común».
Y nos sigue diciendo: «Este discernimiento comienza por una afirmación primera. Toda sociedad auténticamente justa se edifica sobre el reconocimiento de la DIGNIDAD INVIOLABLE DE LA PERSONA HUMANA. Tal dignidad PRECEDE a toda concesión del Estado y no puede quedar subordinada a consensos sociales mudables o al vaivén de las mayorías de cada momento».
Pues en poco menos de un mes, hoy 2 de julio, en la Asamblea de Madrid, en sesión extraordinaria, se ha aprobado por 80 votos frente a 50, una ley que protege al concebido no nacido, al nasciturus, al que está creciendo y desarrollándose en el vientre de su madre, el lugar que debería ser la cuna más segura del mundo.
Y esta protección será efectiva a todos los niveles de fiscalidad, social y jurídica. Para que antes de nacer ya suponga un beneficio de alivio para sus padres y sea este niño considerado como un verdadero miembro de su familia.
Será desde la semana 14 de gestación, ya que esta legislación es solo autonómica y le limita la ley nacional que promueve la cultura de la muerte, la inaceptable ley del aborto.
Sin embargo, es un hecho significativo que esta ley se apruebe en el lugar donde existe una representación decorativa de una «ciudad inacabada».
Como esta ley que se acaba de aprobar. Inacabada también. Porque no debe ser un punto final, sino un punto y seguido para poder llegar hasta una ley nacional que respete y proteja al concebido no nacido desde el mismo momento de la concepción y hasta su ocaso natural.
Como también nos lo ha recordado SS León XIV en el mismo discurso ante los legisladores en el Congreso, preguntándose: «¿Puede llamarse plenamente justa una comunidad que deja en la sombra al niño aún no nacido? Toda vida humana debe ser reconocida y custodiada desde su concepción hasta su ocaso natural, en cada circunstancia de su existencia».
Y esta ley está inacabada porque no debe ser una ley que solo promueva la utilidad de la persona, del concebido no nacido en este caso, sino que se respete siempre, siempre, siempre la dignidad de la persona y su vida.
Y no dejar en el vacío existencial al concebido no nacido desde su concepción hasta la semana 14 de gestación. Porque la vida humana tiene un valor inviolable.
Le pedimos con esta carta que siga rezando por España, para que sigamos defendiendo la dignidad de la persona, la vida, la familia y la libertad educativa, religiosa y de conciencia. Para llegar a ser una sociedad justa.
También nos dijo que tejiéramos redes para sostener a la sociedad. Y la familia, como célula básica de la sociedad, teje redes que nos sostienen a todos: «La familia será siempre la primera escuela de humanidad en la que se aprende, antes que en cualquier otro lugar, la gramática elemental de la convivencia: recibir la vida, cuidar al otro, perdonar, servir y pertenecer».
Este objetivo nos marcamos, que la voluntad de la mayoría de las familias sea que seamos CUSTODIOS de aquellos bienes que pertenecen a todos: la dignidad humana, la vida, la familia y la libertad.
¡Gracias, Santo Padre, por tanto recibido en pocos días!