Miguel ángel garcía martín

Un espacio para la memoria

Madrid alzará la voz cada vez que la memoria de las víctimas se convierta en moneda de cambio y cada vez que la necesidad de permanecer en el poder lleve al Gobierno de Pedro Sánchez a conceder beneficios a presos de ETA

Una batería puede conservar los sueños de un joven. Un monopatín puede recordar el valor de quien decidió ayudar a los demás. Una fotografía puede devolvernos un instante feliz. Y un nombre puede contener una historia que ninguna sociedad debería permitir que desapareciera.

La batería de Miguel Ángel Blanco y el monopatín de Ignacio Echeverría formarán parte del nuevo Centro Interactivo para la Memoria de las Víctimas del Terrorismo que la Comunidad de Madrid abrirá al público en el primer semestre de 2027, en el número 13 de la Carrera de San Jerónimo.

Porque antes que víctimas fueron hermanos, amigos y compañeros. Personas que trabajaban, hacían planes y compartían su vida con sus seres queridos. Personas que fueron asesinadas y cuyas historias no pueden quedar reducidas a una fecha, una cifra o el recuerdo de un atentado.

Cada objeto, cada fotografía y cada testimonio ayudará a conservar una historia que merece ser conocida y una memoria que tenemos la obligación de preservar.

Esa es la filosofía que inspira el nuevo Centro. Será un espacio para recordar, pero también para conocer, aprender y comprender. Un lugar abierto a todos los madrileños y, especialmente, a las nuevas generaciones.

Durante décadas, miles de españoles convivimos con el miedo, las amenazas, la extorsión y la violencia. Muchas personas fueron asesinadas por defender la libertad, por representar al Estado, por vestir un uniforme, por ejercer el periodismo o, sencillamente, por encontrarse en el lugar y el momento elegidos por quienes pretendían imponer sus ideas mediante el terror.

El terrorismo golpeó a nuestra sociedad de distintas formas y dejó una huella especialmente dolorosa en nuestra región: 402 personas perdieron la vida a manos del terrorismo. ETA y otras organizaciones sembraron el miedo en nuestro país, y el terrorismo yihadista dejó en Madrid la herida imborrable de los atentados del 11 de marzo de 2004 y, años después, acabó también con la vida de Ignacio Echeverría en Londres cuando trataba de defender a otras personas.

Pero frente al miedo también hubo valentía. Frente a la violencia hubo unidad. Y frente al odio, las víctimas ofrecieron un ejemplo de dignidad y compromiso con la convivencia.

Las víctimas nunca pidieron venganza. Pidieron memoria, verdad, dignidad y justicia. Y nuestra democracia tiene la obligación de estar a la altura de ese ejemplo.

Preservar su memoria no es permanecer anclados en el pasado. Significa proteger la verdad sobre la que construimos nuestro presente y transmitir a las próximas generaciones el valor de una libertad que nunca debemos dejar de defender.

Que muchos jóvenes no hayan conocido aquel miedo es uno de los mayores logros de nuestra democracia. Que conozcan lo que ocurrió es una responsabilidad de todos.

Aquello que no se conoce termina olvidándose. Y aquello que se olvida corre el riesgo de ser tergiversado o de repetirse. La historia no admite equidistancias.

Hubo víctimas y hubo verdugos. Hubo personas que perdieron la vida y familias que tuvieron que aprender a convivir con una ausencia imposible de reparar.

Madrid siempre ha estado y siempre estará del lado de las víctimas. Del lado de su memoria, de su dignidad, de la justicia y de la verdad. No solo mediante el reconocimiento institucional, sino garantizando que sus nombres y sus historias permanezcan vivos y puedan ser conocidos por quienes no vivieron aquellos años.

El nuevo Centro Interactivo será la expresión de ese compromiso. Un espacio construido junto a las víctimas y sus asociaciones para escuchar sus testimonios, conservar su legado y transmitir a las próximas generaciones una parte esencial de nuestra historia.

Por eso, Madrid alzará la voz cada vez que la memoria de las víctimas se convierta en moneda de cambio y cada vez que la necesidad de permanecer en el poder lleve al Gobierno de Pedro Sánchez a conceder beneficios a presos de ETA para comprar los votos de quienes todavía hoy se niegan a condenar su historia de terror.

No puede haber convivencia a costa de la verdad. Ni puede construirse ningún futuro sobre el olvido de quienes hicieron posible nuestra libertad.

Una batería. Un monopatín. Una fotografía. Un nombre.

Detrás de cada recuerdo hubo una vida. Y detrás de cada vida existe una historia que merece seguir siendo contada y Madrid seguirá haciéndolo.

Porque olvidar a las víctimas sería traicionar su memoria. Pero también sería olvidar quiénes somos, cuánto nos costó llegar hasta aquí y los valores sobre los que construimos nuestra democracia.

Miguel Ángel García Martín es consejero de Presidencia, Justicia y Administración Local y portavoz del Gobierno de la Comunidad de Madrid