Ordenan la evacuación de Fresnedillas de la Oliva y Robledo de Chavela y el confinamiento de NavalagamellaEuropa Press

El fuego hace de Robledo de Chavela un pueblo fantasma y crea una caravana insólita de éxodo: «Un caos»

La estrecha y sinuosa carretera que une el pueblo con San Lorenzo de El Escorial, la única posible para salir del valle en el que se encuentra, se colapsó en un trayecto de dos horas que normalmente se hace en quince minutos

Robledo de Chavela, heroico pueblo resistente al fuego durante décadas en medio de la Sierra Oeste de Madrid, vive puede que las peores horas de su historia. Los vecinos y veraneantes han convivido con los incendios durante generaciones.

Estíos de fuego, incluso de grandes fuegos, casi nunca de gravedad para las personas, siempre fueron habituales. Se recuerda el del monte Abantos, una catástrofe natural y una nimiedad frente a lo que acontece.

Lo inesperado (a medias) comenzó cuando la Guardia Civil anunció por las calles que había que desalojar por completo el pueblo con casi 5.000 empadronados que se duplican y más durante el verano. Más de 10.000 personas tenían que salir con lo que pudieran y abandonar sus casas. Eran las cuatro y media de la tarde.

Pueblo fantasma

Algunos lo esperaban y habían preparado una pequeña maleta ante el avance de la gran nube de humo por detrás del monte de La Almenara: una película de Hollywood (o peor, el recuerdo terrible del horroroso incendio en Hollywood) en la sierra de Madrid. Robledo, un pueblo vivo siempre, quedaba en cuestión de una hora convertido en un pueblo fantasma.

Algo tan insólito para vecinos y veraneantes como lo que llegaría después: una caravana imposible de coches por la estrecha y sinuosa carretera que une la localidad con el Puerto de la Cruz Verde y después con San Lorenzo de El Escorial, destino primero para los vecinos. El de los veraneantes sus casas madrileñas.

Nunca se había vivido algo así en décadas conviviendo con el fuego que al final ha acabado llegando para sacar a la gente de sus casas. Se tardan quince minutos desde Robledo a El Escorial, pero el éxodo forzoso e inmediato hizo del trayecto una peregrinación de dos horas de estupor e incertidumbre.

El Escorial en peligro

San Lorenzo de El Escorial tampoco está preparado para el aluvión imprevisto de personas. Una vecina de Robledo cuenta que es «un caos»: policía, ambulancias, bomberos, coches, gente que no sabe donde ir, miedo, niños llorando y adultos con lágrimas en los ojos. Ancianos varados en el destino incierto.

Le tiembla la voz al pensar en su casa allí, como sintiéndose culpable por haberla dejado abandonada a su suerte: «Si el fuego llega al pueblo mi casa es la primera», dice con un aviso de sollozo. «Pero tengo confianza en que se pare o que cambie el viento». Lo dice con verdadera esperanza. «El viento, el viento y todo seco...», se lamenta. «Y la estación espacial (a la que ya han llegado las llamas), dios mío, yo no sé cómo no tenían ahí un sistema de protección especial en medio del monte», dice de repente como cuando el mundo se asombró al ver arder los techos de Notre Dame.

«Estoy en Madrid en casa de mi sobrino. Como nos conocemos El Escorial, pudimos callejear y salir de allí hacia la ciudad», comenta como si la localidad enclave del monasterio, también en peligro, la octava maravilla del mundo mandada construir por Felipe II, se hubiera convertido en una ratonera de personas que huyen del fuego terrible, el más terrible que se conoce en la zona acostumbrada a ellos. Pero no a este.