Desalojados por el incendio en el Polideportivo Municipal La Chopera, a 27 de julio de 2026Alejandro Martinez Velez

Madrid

El viaje forzoso de quienes huyen de las llamas: «Mi casa estaba llena de cenizas pero, gracias a Dios, nos queda lo más importante»

El fuego sigue avanzando, dejando todo tipo de historias por el camino de vecinos que han tenido que ser evacuados lejos de sus hogares

Si hay una palabra que resuene con fuerza en la cabeza de aquellos que llevan ya varias noches durmiendo fuera de casa, esa es sin duda desesperación. Y es que los incendios forestales declarados la semana pasada y que ya han alcanzado toda la Sierra Oeste de Madrid siguen afectando a miles de vecinos, que han tenido que reconstruir su día a día durante estas últimas horas.

Este es el caso de Beatriz Atarés (nombre ficticio), vecina de El Tiemblo, quien ha tenido que abandonar su hogar debido al cruel avance de las llamas. «Llevamos cuatro días de angustia desde que la Guardia Civil pasó casa por mi urbanización para desalojarnos. Salimos con lo puesto, un pantalón, una camiseta y unas chanclas», relata a El Debate con inquietud.

Por si fuera poco, Beatriz no solo tiene que cuidarse a sí misma, sino que también ha tenido que desplazarse con su hermana y con su madre, de avanzada edad. «Salimos en nuestro vehículo hacia una dirección, la que los agentes de la Guardia Civil nos indicaron, aunque sin mucha convicción: el polideportivo de El Tiemblo», explica.

Las tres pasaron la primera de las cuatro noches que llevan fuera de casa entre este recinto y Cebreros, lugar al que se dirigieron posteriormente. «Fue una noche eterna, entre el resplandor de las llamas y la cálida acogida de los vecinos», comenta intranquila, recordando también cómo su madre vivía con angustia las primeras horas de un fin de semana eterno.

Pese a que muchos como ella mantenían dentro de sí la esperanza de poder regresar pronto a casa, un nuevo golpe llegó más pronto que tarde. «Allí, en las inmediaciones de la Atalaya, la Guardia Civil nos quitó juiciosamente la idea que todos tenemos en mente: acceder a nuestras viviendas. Más tarde, la mañana se hizo eterna hasta que el fuego y los aviones nos permiten ver la gravedad del incendio», recuerda.

Tres noches en San Martín de Valdeiglesias

Tras el fallido regreso a casa, la travesía continuó en el Polideportivo de San Martín de Valdeiglesias. Beatriz nos cuenta como en este lugar coincidieron con cientos de personas con las que ahora ya comparten el mismo dolor para siempre, pese a no conocerse con anterioridad. Algo similar sucede con los efectivos de emergencias, que desfilaban sin cesar por las instalaciones.

«Cada vez que aparecía un uniformado por el recinto, le preguntaba con esperanza. La respuesta, amable y cálida, fue siempre la misma: 'no sabemos, venimos de otro fuego'». En este sentido, tanto bomberos como efectivos de protección civil, voluntarios o rescatistas de animales se pasaron por el polideportivo durante los siguientes días, todos con la misma angustia.

Una de las visitas que más recuerda Beatriz fue la de Arancha, la alcaldesa de San Martín de Valdeiglesias. «Nos dirigió unas palabras después de la reunión del CECOPI hasta que la emoción que compartía con todos los realojados la venció, rompiendo en lágrimas». Al mismo tiempo, la tensión por la emergencia era cada vez más palpable en todos los ámbitos, hasta el punto de que algunos vecinos llegaron a reclamar a la propia alcaldesa tener la posibilidad de colaborar con la situación y ayudar, petición que fue denegada.

Al final, Beatriz, su hermana y su madre pudieron regresar momentáneamente a su casa para comprobar su estado. «Estaba llena de cenizas, parecía que habían transcurrido cuatro años», recuerda. «Pero gracias a Dios, aún conservamos lo más importante, nuestras vidas. Sin embargo, todavía no he llorado lo suficiente al ver como el incendio más grave de la zona ha acabado con una belleza infinita. Ahora toca empezar a trabajar para recuperar nuestros montes y nuestros valles», sentencia.