Imagen por satélite desoladora del Pantano de San JuanEnsancheSur

Comunidad de Madrid

​El Pantano de San Juan, el embalse que levantó Franco y que busca renacer tras el incendio

Los trabajos de extinción continúan tras una reproducción del fuego y cerca de 50 medios participan en las labores de remate y de refresco para evitar que las llamas ganen de nuevo terreno

A menos de 70 kilómetros del centro de Madrid se esconde uno de los destinos de naturaleza más queridos por los madrileños hasta que el fuego dibujó una enorme cicatriz visible desde el aire: el pantano de San Juan. Los pinos piñoneros llegaban hasta las orillas regadas por aguas tranquilas y cristalinas, mientras hoy un horizonte de montaña custodia un embalse de 650 hectáreas de superficie y más de 14 kilómetros de playas de arena negra que cada verano se convertían en punto de referencia de la Comunidad. A lo largo de todo el año, deportes acuáticos, escalada, senderismo y gastronomía eran estupendas motivaciones para planificar una escapada.

En este nuevo contexto, la navegación, el baño y las actividades recreativas han quedado prohibidas como medida preventiva y temporal, ya que todavía se está actuando en la zona para evitar rebrotes del fuego. Según ha detallado el Gobierno regional, se comunicará de manera conjunta con los ayuntamientos afectados el fin de las restricciones. El consejero de Presidencia, Justicia y Administración Local, Miguel Ángel García Martín, explicó que se está analizando el agua «de manera constante», siendo ahora primordial limpiar y recoger «todo aquello que luego pueda contaminar las aguas en embalses», ya que algunas de ellas también abastecen el consumo humano.

Presa del pantano de San Juan construida con hormigón

Construido en 1955, durante el franquismo, el pantano recoge las aguas del río Alberche (afluente del río Tajo) para abastecer de agua y electricidad al suroeste de la Comunidad de Madrid. Está enclavado entre los municipios de San Martín de Valdeiglesias, El Tiemblo, Cebreros y Pelayos de la Presa, y sus orillas, como si de una bonita postal se tratase, estaban llenas de restaurantes, chiringuitos y merenderos que hacían las delicias de los visitantes. Más allá de lo que ofrecía su superficie, el embalse esconde bajo sus aguas varios edificios históricos; las aguas anegaron para siempre un puente medieval de 126 metros de longitud, la antigua ermita de la Virgen de la Nueva y varios molinos tradicionales situados en las riberas originales del cauce.

Trabajadores en plena construcción del embalse de San Juan

La construcción de la presa, hecha de hormigón armado, contó con trabajadores que se agruparon en poblados temporales sobre la ladera, formando un núcleo urbano durante los años que duraron las obras. La presa es de gravedad; su propio peso la mantiene firme contra el empuje del agua, capaz de resistir la presión horizontal de la misma, y fue diseñada para contener grandes volúmenes (138 hm³) presentando una altura máxima de 78 m3.

En su base, el río Alberche vuelve a ser retenido a través del pantano de Picadas que, junto al de San Juan, conforman uno de los sistemas de embalses más complejos de la cuenca del Alberche. Una de sus funciones es derivar agua hacia la ciudad de Toledo, a través del canal artificial denominado «Trasvase Picadas-Toledo». Su gestión corresponde a la Confederación Hidrográfica del Tajo. En 1958 se empezó a proyectar la construcción del Club Náutico Madrid, obra de José Antonio Corrales, la cual finalizaría en 1961. Situado en la orilla sur, hoy es testigo presencial del reguero de lanchas y embarcaciones reducidas a esqueletos metálicos.

Lanchas calcinadas en el pantano de San JuanEfe

El ecosistema equilibrado

Antes del incendio, la zona estaba dominada por amplias extensiones de vegetación, masas de árboles y terrenos cubiertos de verde. La exploración natural del pantano para conocer el entorno físico y los seres vivos mediante una observación directa nos hablaba de una rica biodiversidad. Muchas especies animales y vegetales viven en el entorno de este enclave, punto habitual de avituallamiento de numerosas aves migratorias y el hábitat permanente de varias especies de ánades (aves acuáticas conocidas popularmente como patos).

Zona ZEPA reserva natural de aves, Pelayos de la Presa

La presencia de peces como barbos, carpas o lucios comparte espacio bajo el agua con varias especies de algas de agua dulce; se trata de un verdadero ecosistema acuático en la sierra oeste de Madrid. Imponentes rapaces, incluidas varias especies de águilas (como la real), de búhos reales, de gavilanes y autillos, sobrevuelan los bosques cercanos donde habitan ciervos, colonias de jabalíes y numerosos conejos. Hoy la estampa es otra: los terrenos están ennegrecidos, los árboles quemados y las densas columnas de humo vistas desde kilómetros de distancia permanecen en la retina de muchos.

A la espera de la regeneración natural

El fuego ha robado el verano al pantano de San Juan y ahora el pantano espera a que el viento se lleve el olor seco y profundo. Una mancha gris y negra que desciende hasta las orillas es lo que hoy las imágenes captadas por los satélites muestran. Los incendios forestales destruyen la biodiversidad, alteran el ciclo del agua y degradan el suelo, provocando la pérdida de la masa vegetal y la muerte de la fauna. Los incendios dejan secuelas; no se terminan cuando se apagan las llamas.

Un estudio revela que no todas las funciones ecológicas responden igual al fuego; mientras algunos procesos relacionados con el suelo muestran cierta resistencia o se estabilizan relativamente rápido, otros vinculados a la vegetación sufren alteraciones más profundas y persistentes. Los autores emplearon un indicador denominado «multifuncionalidad ecosistémica», que integra aspectos como la producción vegetal, la fertilidad del suelo, la regulación del agua, el almacenamiento de carbono o la actividad microbiana. Su principal conclusión es que los incendios reducen de forma general esa capacidad global del ecosistema para prestar servicios ambientales, incluso cuando algunas funciones concretas parecen haberse recuperado.

Bomberos realizando labores de remate y refresco112Comunidad

El pantano luce desolado tras días cerrado sin que nadie haya accedido a la zona; su entorno atraviesa una situación crítica tras sufrir los devastadores incendios. Las llamas no solo se llevan por delante superficies de bosque y matorral, sino también todo el ecosistema asociado. Una vez que pase el fuego, lo más prioritario es analizar el impacto en los suelos y tratar de protegerlos, porque son la base para recuperar el ecosistema. El suelo necesita tiempo para recuperar su composición original. De entrada, es fundamental proteger esta capa de cenizas formada por material orgánico carbonizado y material mineral, que será clave para la recuperación del ecosistema. Solo toca esperar, confiando en una buena hoja de ruta ambiental tras el desastre.