Talleres artesanos donde se combina tradición e innovaciónJuan Foronda

Madrid

El «viaje de la seda»: origen, tradición y leyenda del mantón que llegó a España gracias al Galeón de Manila

Los bordados de estos mantones eran muy apreciados no solo por su delicado trabajo sino también por ser elaborados en suave seda de alta calidad y con preciosas combinaciones de colores brillantes

El mantón de Manila es un lustroso lienzo de seda bordado, generalmente cuadrado, con flores vivas y flecos perimetrales que se ha convertido a lo largo del tiempo en un verdadero icono de la cultura y el arte en España. Estas lujosas piezas llegaron a la villa de Madrid a finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX convirtiéndose al mismo tiempo en una prenda «señoril y popular, pues lo han llevado en sus hombros la gran señora y la gitana». Aunque es un símbolo del casticismo y del flamenco en España, su origen real se remonta a China, tanto la técnica de la seda como los dibujos milenarios con motivos iniciales de pagodas, aves y dragones.

Manila, la capital de Filipinas, es una gran ciudad en el sudeste asiático con mucha historia colonial española en sus calles siendo el casco histórico amurallado, conocido como Intramuros, buena prueba de ello. Esta megalópolis que recibe el nombre de la Perla de Oriente, se convirtió en la parada intermedia de un viaje milenario, el puerto de escala clave del famoso Galeón de Manila (ruta de comercio marítimo y navegación establecida por el comercio español entre 1565-1815).

Rutas comerciales

Buscando las primeras apariciones del nacimiento del mantón, pieza con siglos de historia y fuerte valor cultural, debemos viajar a China, donde su origen se remonta a hace más de 4.000 años. Aunque no fue hasta el siglo XVI cuando tomó el nombre de Manila, punto de partida de las rutas comerciales de la España imperialista. A través de estas rutas de Oriente, demandado por las mujeres de clase alta de España, Portugal y América, llegó a nuestras tierras, declarándose en el siglo XVIII uno de los complementos de vestuario femenino más populares, con usos y características propias en cada colonia.

Mujer china bordando un bonito mantón de seda

Cuentan las crónicas de la época que fueron las cigarreras sevillanas de la Real Fábrica de Tabaco las que pusieron de moda el mantón de Manila. Los fardos de tabaco que llegaban a nuestra tierra en la época colonial estaban envueltos en un delicado tejido de seda que los preservaban de la humedad. Las trabajadoras les daban un nuevo uso a estas telas bordándolas a su gusto. Los bordados más habituales solían ser sus flores favoritas, creando así pequeños mantoncillos de colores infinitos que cubrían sus hombros.

La historia del mantón encierra viajes, símbolos y, por supuesto, tradiciones que han marcado mucho su evolución hasta convertirse en una seña de identidad. Cuando los comerciantes trajeron a Europa los mantones de Manila, que estaban bordados con motivos orientales, estos fueron adoptados en España, sobre todo en Andalucía, donde se reinterpretaron con unos diseños mucho más cercanos a la estética local. El mantón se convirtió pronto en símbolo de riqueza y distinción en la vida cotidiana, hasta transformarse en una prenda inseparable del folclore.

Flamencas con mantones bordados pasean en coche de caballosEuropa Press

Los talleres artesanos han sabido mantener siempre el equilibrio entre innovación y tradición con siglos de historia a sus espaldas. «El valor de los mantones no sólo se mide por la cantidad y calidad de los bordados (las puntadas perfectas por un lado y por otro que hacen que no sea fácil distinguir el derecho del revés), sino que los flecos, el dibujo y la anchura del enrejado determinan su categoría». Si hay expertas bordadoras también existen perfectas flequeras que confeccionan a mano los flecos que forman los enrejados de los mantones.

Los mantones de Manila con motivos orientales tienen su origen en el sur de China (Cantón y Macao) y llegaban a España desde Oriente pasando por Méjico, en galeones de especias, ébano y marfil. Con la pérdida de Filipinas en 1898, los mantones se empezaron a bordar en España - en Villamanrique de la Condesa desde 1925 -, afianzándose como la cuna del mantón bordado que se luce más allá de la Feria de Abril.

Un grupo de chulapas dándose un garbeo por la Gran Vía madrileña

El mantón de Manila es el complemento esencial de la chulapa al bailar el chotis. Tanto el mantón como el chotis se convierten en dos de los símbolos más grandes del casticismo madrileño. «Por ser la Virgen de la Paloma, un mantón de la China-na te voy a regalar». Así reza una de las canciones de la tan conocida y castiza zarzuela que devuelve a Madrid su condición de villa, en la que los madrileños no dejan morir las tradiciones populares. Estos mantones que lucen las chulapas esconden un fascinante lenguaje simbólico heredado de la tradición oriental y adaptado a España y se puede decir que hablan por sí solos. Si se observan en profundidad se aprecian símbolos de culturas lejanas orientales, mezclados con otros códigos propios de lugares como Manila o nuestro país.

El chotis es un género musical y el baile tradicional castizo

Durante el periodo de la Regencia de Mª Cristina (1885-1902), el mantón de Manila llegó a su apogeo, siendo utilizado principalmente por las clases populares en las verbenas, paseos, corridas de toros y otros espectáculos públicos. Esta prenda pasó rápidamente a formar parte de la indumentaria de las madrileñas. El traje que la chulapa se ponía a diario tiene su origen en el que utilizaban en Madrid a finales del siglo XIX las mujeres trabajadoras, como era el caso de las modistillas o las cigarreras. Esta vestimenta consistía en una larga falda de percal, ceñida en las caderas y con amplio vuelo, muchas veces adornada con volantes e incluso cola, blusa con mangas de farol, zapato bajo de charol sobre fina media negra y mantón de percal negro con flecos largos (cuanto más largos más lujoso se consideraba el pañuelo). Para los días de fiesta y verbenas lucían el mantón de Manila realizado en crepé de seda y profusamente bordado.

Bailar el chotis es una buena manera de lucir el mantón de ManilaInstagram

Más allá de su uso en escenarios y ferias, el mantón ha alcanzado el estatus de pieza de colección. Coleccionistas privados, casas de subastas y museos valoran estas piezas como auténticas joyas textiles. Los mantones antiguos pueden alcanzar cifras muy elevadas, demostrando su valor cultural y económico. « ... Esta prenda hermosa se va desterrando y solo el pueblo la conserva con admirable instinto. Lo saca de las arcas en las grandes épocas de la vida, en los bautizos y en las bodas, como se da al viento un himno de alegría en el cual hay una estrofa para la patria ... ». Fortunata y Jacinta: Dos historias de casadas por Benito Pérez Galdós (1886-1887).