El sentir de la Virgen de la Paloma es la devoción más castiza en La LatinaMyriam D.

Reportaje

Las fiestas de la Paloma, desde dentro: «Lo castizo motiva. Este barrio siempre ha sido un pueblo dentro de Madrid»

El conjunto de creencias y costumbres, tan valiosas como enriquecedoras transmitidas de padres a hijos, se mantienen vivas con los años y nos ayudan a conocer de dónde venimos y quienes somos

Las verbenas madrileñas son un viaje a la tradición y a la alegría de la villa de Madrid. El conjunto de creencias y costumbres, tan valiosas como enriquecedoras transmitidas de padres a hijos, se mantienen vivas con los años y nos ayudan a conocer de dónde venimos y quienes somos. Las fiestas populares, los bailes que se visten con los trajes típicos o la forma de celebrar «fechas» definen la seña de identidad, ese sello único o rasgo distintivo cuya función diferenciadora permite reconocer algo con claridad. El chotis era un baile bohemio que se volvió de lo más castizo. Hoy es considerado como el emblema del Madrid más festivo pero su origen está en la República Checa, concretamente en la región histórica de Bohemia y se popularizó como una polca alemana en el siglo XIX. Este baile tan tradicional tardó poco en identificarse con las costumbres de Madrid y su carácter más callejero.

El bonito juego de luces y sombras gracias a la decoración de las callesMyriam D.

En este contexto, pocos sonidos evocan tanto el Madrid antiguo como el del organillo. Pero este instrumento tiene origen italiano, concretamente en Nápoles, y llegó a España a finales del siglo XIX. El napolitano Luis Apruzzese introdujo su fabricación en la capital, instalando su taller en la Carrera de San Francisco. Pronto el organillo acompañó los chotis y se volvió inseparable de las verbenas populares. Su mecanismo, basado en un rodillo con púas metálicas que hacen sonar láminas o cuerdas, recordaba a un pequeño piano portátil.

Jorge cuenta a El Debate la devoción que él siente y la profunda pasión de quien toca el organillo en las verbenas. «Es más que un oficio», exclama con contundencia. Los organilleros mantienen viva el alma de Madrid haciendo girar los rodillos de este pesado instrumento para que suenen los chotis en plazas y plazuelas. «Lleva mucho trabajo porque hay que arreglarlo y afinarlo pero su sonido es bonito, agradable y muy alegre; fomentar esta tradición y que no se pierda este instrumento tan castizo me motiva a seguir tocándolo», cuenta con alegría mientras afloran sus sentimientos . «Da gusto que la verbena de la Paloma tenga un instrumento y que la gente disfrute ya que no es lo habitual que lo tenga alguien en casa, pesa bastante pero cuando la gente lo escucha en la calle o en los bares baila con su música y genera sonrisas».

Jorge y su incuestionable devoción al organilloMyriam D.

Es casi imposible alejarse del concepto de tradición, ya sea en su manera más clásica o en alguna de las formas en las que se materializa. Este periódico ha recorrido las principales vías y plazas de la fiesta de la verbena de la Paloma para vivir la sensación de apego, de comunidad y de conjunto social que se celebra a partir de ese concepto de lo «tradicional». El pistoletazo de salida comienza con el pregón oficial en la Plaza del Cascorro - corazón del mercadillo semanal conocido como El Rastro - y alternan concursos de decoración de balcones o de mantones de Manila, con bailes de chotis y degustación de productos típicos de Madrid. Aunque es cierto que en los últimos años se ha perdido parte del carácter tradicional de la verbena, colectivos vecinales engalanan los balcones y las calles con farolillos, mantones y flores para mantener vivas las tradiciones del barrio.

Cuatro años consecutivos ganando el premio a la mejor fachadaMyriam D.

En uno de los principales escenarios al aire libre donde se celebra cada mes de agosto esta fiesta tan popular, la calle Calatrava, El Debate se encuentra con Bibiana, una residente de la zona que lucha cada año por mantener vivas las tradiciones fomentando la participación vecinal y el relevo generacional en la cultura madrileña. «Llevamos cinco años participando en el concurso de fachadas, en cuatro ocasiones hemos ganado y este año la fachada es un homenaje que hemos hecho a los bomberos y a la policía municipal. El año pasado el homenaje fue a los chulapos y chulapas, un gran trabajo en el que participaron vecinos y clientes que colaboraron sin descanso colocando luces y colgando carteles», cuenta entusiasmada detrás de la barra que regenta. «Lo que más nos gusta de esta fiesta patronal es estar reunidos con los vecinos y escuchar como los mayores recrean sucesos acontecidos en su niñez por estas calles», añaden con la sonrisa puesta los dos hijos de esta madrileña de adopción.

Concurso de fachadas en la Verbena de la PalomaMyriam D.

Crear costumbres que pueden beneficiarnos enormemente tanto a nivel personal como en cuanto a los vínculos afectivos que generamos con nuestro entorno es otro de los puntos clave que Bibiana comparte con El Debate. «Este año hemos logrado que todos los hosteleros de aquí, de la calle Calatrava, participen personalizando la decoración de la calle. Los mantones que cuelgan y que van de balcón a balcón llevan el nombre de un local de la zona». Bibiana confirma con entusiasmo que el año que viene quieren organizar una cena vecinal y celebrar las fiestas patronales a través de una socialización gastronómica. Los niños también tienen su hueco en esta verbena participando en divertidas carreras de sacos y fiestas del agua. La interactuación que se vive entre personas de diferentes edades queda latente, una bonita manera de enriquecimiento de la vida social que fomenta la empatía y transmite saberes.

Decoración vecinal en la que cada mantón lleva el nombre de un local de la zonaMyriam D.

La limonada, una de las bebidas más refrescantes y deliciosas que se pueden tomar en la Verbena de la Paloma, es una de las tradiciones que ayuda a combatir el calor y que acompaña a las tapas y a los bocadillos que se venden en los puestos callejeros. Una receta muy fácil y natural que se prepara con limones, agua, azúcar y hielo. Algunas personas le añaden también unas hojas de menta o de hierbabuena para darle un toque aromático. «Cada portal sacaba su limonada, los vecinos bajábamos los bancos y competíamos entre los portales y no entre bares como se hace ahora», recuerda a El Debate el marido de Bibiana, cuya infancia transcurrió en el número 10 de la calle La Paloma, una vía de pocos metros de longitud y muy cerca de la emblemática Iglesia de la Virgen de la Paloma y de la Plaza de la Paja. «Votábamos ente nosotros mismos», añade con cierta nostalgia, «y hoy se ha perdido mucho de todo aquello, hay mucho piso turístico y la unidad vecinal se vive fragmentada cuando este barrio siempre ha sido un pueblo en el centro de Madrid, aunque la gente nueva que ha llegado trabaja por retomar la unidad», asiente con esperanza.

Una chulapa y acompañante llegando a la Verbena de la PalomaMyriam D.

Las verbenas, el alma festiva del verano madrileño, ponen su broche final esta noche y gracias a un reforzado apego al territorio, la tradición y la música regresarán el año que viene para encender las luces de las plazas, hacernos bailar con el entusiasmo de las orquestas y volver a disfrutar del sabor a limonada en nuestra boca, el jaleo compartido y el asfalto caliente siempre en buena compañía.