Gloria, superviviente del accidente ferroviario de UrdaDiócesis de Alcalá de Henares

El sobrecogedor testimonio de Gloria, superviviente del accidente de Urda: «Dios me ha dado una segunda oportunidad»

Esta joven de la Diócesis de Alcalá de Henares salió milagrosamente ilesa de la tragedia en la que 69 personas perdieron la vida

Gloria, una joven de la Diócesis de Alcalá de Henares (Madrid), viajaba de Madrid a Sevilla en el AVE que el pasado 28 de octubre colisionó con un Iryo a la altura del municipio toledano de Urda. Milagrosamente, salió ilesa del choque. Otras 69 almas no tuvieron su suerte.

Era un viaje de empresa y Gloria viajaba en preferente, es decir, en el vagón 1 del AVE y, por tanto, el que más alejado estaba de la zona de la colisión. «Estaba en el último vagón pero si me llego a levantar para ir al baño… igual no me habría muerto, pero podría estar en el hospital. No me ha pasado nada. Es una sensación de agradecimiento absoluto», cuenta en una entrevista con la Diócesis de Alcalá.

Aunque después del siniestro de Adamuz, que se cobró la vida de 46 personas, evitó durante bastante tiempo subirse a un tren, las obligaciones laborales le hicieron estar en ese AVE aquel fatídico día. «Sentimos un frenazo muy fuerte, yo recuerdo decir 'Dios mío', y después de ese frenazo todo se empezó a caer, mi desayuno se cayó, yo me agarré al asiento de delante y después de eso creo que lo que sentimos fue el choque, entiendo que sentimos el choque y el descarrilamiento, yo sentía que el tren se estaba saliendo de la vía», rememora.

Gloria cuenta que, mientras se agarraba con fuerza al asiento de delante, vio como el señor que tenía al lado salía disparado hacia el pasillo. En esos momentos de confusión, admite, no sabía si su vida corría peligro y lo primero que pensó fue «no me he confesado».

Gloria, superviviente del accidente ferroviario de UrdaDiócesis de Alcalá de Henares

El vagón, explica, quedó ligeramente inclinado y pensó que tenía salir inmediatamente porque si venía otro tren por detrás estaban muertos. En ese momento vio los dos dos vagones del Iryo destrozados. Tras cerciorarse de que todos en el vagón estaban más o menos bien, se dispusieron a romper la ventana. «Un chico dijo 'tenemos que esperar que nos den indicaciones'. Yo ya había visto los vagones y digo '¿qué indicaciones?, que igual no hay nadie que nos de indicaciones porque están muertos'. Entonces ya nos pusimos a romper la ventana y yo, sin pensarlo dos veces, salí corriendo, porque de verdad tenía profundo miedo de que viniera un tercer tren, que gracias a Dios no vino», evoca.

Gloria pudo contactar rápido con su familia para trasladarles que estaba bien y tras el suceso pide a Dios nunca olvidarse de darle las gracias todos los días. «Que no se me olvide que estoy viva de milagro, que soy una afortunada y que Dios me ha dado una segunda oportunidad en la vida y tengo que aprovecharla. Tengo que descubrir qué es aquello que quiere Dios de mí y por lo que me ha permitido vivir, porque hay otras personas que no han tenido esta suerte, y yo creo que es justo aprovechar esta oportunidad que otras personas no han tenido», declara.

«Ese mismo día fui a Misa con mis padres y con Fede, mi novio, para dar gracias. Para dar gracias de la gran suerte de estar viva, de la gran suerte de que mis padres no hubieran perdido una hija, que me duele más que mi propia vida, que ellos hubieran pasado por eso», añade.

Gloria, superviviente del accidente ferroviario de UrdaDiócesis de Alcalá de Henares

Esta joven opina que lo ocurrido «es una tragedia que no tendría que haber ocurrido, esto no es un desastre natural inevitable, esto es una negligencia imperdonable de los que son responsables de esto, que son los de arriba, no los de abajo, y esto se tiene que denunciar públicamente, esto no se puede consentir que vuelva a ocurrir».

Interrogada por dónde cree que estaba Dios en el momento del accidente, reflexiona: «Dios, no sabemos por qué, permite estas cosas también. Quiero pensar que Dios estaba en aquellas personas que estaban ayudando a las personas que estaban muriéndose, que estaban gravemente heridas; y Dios estaba en los guardias civiles que estaban desde el minuto uno ahí; en los sacerdotes que vinieron, tanto del pueblo como de alrededores, a acompañar a las personas, a abrazar a las víctimas».