Fachada capilla Nuestra Señora de la Soledad
Madrid
La historia de la capilla más pequeña de Madrid: el secreto mejor guardado de la calle Fuencarral
Se encuentra en una de las vías comerciales y de ocio más animadas de la capital cuyo propósito era el de recogimiento a la entrada o salida de los pueblos
La arquitectura religiosa en Madrid abarca desde templos medievales y barrocos en el casco histórico hasta joyas del neomudéjar y vanguardias del siglo XX. La villa cuenta con un patrimonio religioso y arquitectónico excepcional, caracterizado por iglesias con fachadas discretas que esconden verdaderos tesoros con unos interiores espectaculares.
Arte sacro y arte religioso
El arte sacro, producciones artísticas creadas para el culto divino y litúrgico, destinado a glorificar lo sagrado, ha sido uno de los dominantes durante siglos en Europa cuyo propósito principal no es solo ornamental, sino servir directamente a la liturgia, la veneración divina y la enseñanza de la fe. El arte sacro es una categoría más estricta que el arte religioso porque no se trata solo de representación, también de participación. Su finalidad no es únicamente evocar lo sagrado, sino participar del acto sagrado.
Cúpula del Vaticano en Roma
La capital guarda verdaderos iconos en este ámbito muchas veces no muy conocidas para el gran público. A diferencia de otras capitales europeas con grandes catedrales medievales, los templos madrileños destacan por su barroco castizo, neoclásico y estilos singulares como el neobizantino. Tras la ciudad eterna de Roma, con sus más de 900 iglesias, que la convierten en la número 1 a nivel mundial en cuanto a templos católicos, no es extraño que ciudades como Sevilla o Madrid la sigan en el podio.
Descubrir el origen y las curiosidades de las iglesias, templos y capillas más singulares nacidas en la pequeña villa que se transformó en capital del Reino es una manera muy interesante de conocer la historia. Los edificios religiosos funcionan como «archivos de piedra» que muestran la evolución política, social y cultural de la época.
Espacios que invitan al recogimiento
Imagen desde la calle de la Virgen Ntra. Sra. de la Soledad
Muchos son los que se preguntan cual es la iglesia más pequeña de la villa y se encuentra en una de las vías comerciales y de ocio más animadas de Madrid, situada entre los distritos de Centro y Chamberí. El Humilladero de Nuestra Señora de la Soledad - conocido popularmente como el Humilladero de Fuencarral - es la iglesia más pequeña de la capital. Esta diminuta y modesta construcción barroca de ladrillo y sillería data del año 1712 y se encuentra en plena calle de Fuencarral haciendo esquina con la calle de Augusto Figueroa.
Puerta de entrada a la capilla más pequeña de Madrid
Aunque el término pueda evocar hoy connotaciones negativas, los humilladeros no surgieron para humillar, sino para inspirar humildad. El propósito de estos espacios era el de recogimiento para poder realizar una pausa simbólica que invitaba a la reflexión y al respeto. Rendirse, sí, pero no en señal de derrota, sino como acto de acogida, respeto y pertenencia. Los humilladeros hunden sus raíces en la Edad Media, aunque fue a partir del siglo XVI - tras el Concilio de Trento (1545-1563), que reforzó la presencia de la religiosidad en el espacio público - cuando su proliferación se hizo más notoria.
Talla del Cristo del Consuelo
Los humilladeros traspasan fronteras
La Península Ibérica no fue el único territorio en el que se expandieron los humilladeros, también se difundieron por buena parte de Francia y llegaron incluso a las colonias americanas, como parte del imaginario espiritual y simbólico que acompañó la empresa evangelizadora española. Así, estos espacios de recogimiento se convirtieron en una pieza clave del paisaje cultural del mundo hispánico, un umbral donde se entrelazaban fe, territorio y costumbre.
Estos lugares devotos estaban situados a las entradas o salidas de los pueblos, villas o junto a los caminos, en los cuales se colocaba una columna rematada con una cruz o imagen con el fin de fomentar la piedad de los caminantes, peregrinos, viajantes o comerciantes. Con el tiempo, estos humilladeros sencillos se transformaron en pequeñas ermitas o iglesias, en donde «humillándose» se pedían favores o se daban las gracias por un negocio bien hecho o una gestión bien realizada.
Cruz ubicada en la plaza Puerta Cerrada en 1905
El Humilladero de Nuestra Señora de la Soledad es el único que queda en pie en la villa y se convierte en una gran joya en pleno centro de Madrid a pesar de su tamaño tan reducido. La capital, ciudad de contrastes y capas superpuestas de historia, conserva este testimonio como referente de la memoria colectiva.
Ubicación estratégica
Su origen está estrechamente relacionado con su ubicación, por aquel entonces en el extrarradio de Madrid, cumpliendo la función de este tipo de construcciones para que, aquellos que lo deseasen, pudieran rezar al comienzo o llegada de su viaje. En el siglo XVI, el norte de Madrid estaba cubierto de bosques. Un siglo después, la ciudad crece y lo que hoy conocemos como Glorieta de Bilbao se convirtió en la salida por el norte, donde se situó una de las cinco puertas reales de la Cerca de Felipe IV.
Imagen Nuestra Señora de la Soledad
La devoción de los vecinos animó al Marqués de Navahermosa (1681-1756), Francisco de Feloaga y Ponce de León, dueño de la casa contigua, a construir la capilla en 1712, colocando en su interior el lienzo de la Virgen de la Soledad, de autor anónimo, que estaba en la calle bajo el arco de la puerta de la caballeriza del marqués. A esta imagen de la Virgen se le atribuía poderes milagrosos.
La apariencia, serena y recogida, guarda un asombroso parecido con la célebre Virgen de la Paloma, otra representación mariana de profunda veneración en la ciudad. Este humilladero, abierto las 24h del día, está adscrito a la vecina Iglesia de San Antón y alberga el Santísimo Cristo del Consuelo, una talla anónima de madera policromada y tamaño natural de 1,70 metros del que Benito Pérez Galdós, en su novela La Fontana de Oro, hace referencia como el Cristo de las Llagas.
Interior del humilladero de Nuestra Señora de la Soledad
El valor de la pequeñez. El Papa Francisco insistió mucho en que las comunidades y templos pequeños son como «la levadura en la masa», transformando el entorno desde la discreción y el servicio. «Hay que trabajar por una iglesia más pequeña, pobre, humilde y espiritual», decía, «alejada de privilegios políticos y grandes estructuras».