Por aquel entonces, un frío océano cubría la mayor parte de la Península Ibérica, que estaba situada muy cerca del Polo Sur. En ese mar de aguas poco profundas habitaban organismos, como los trilobites, ya desaparecidos, gusanos y otras especies, cuyos restos quedaron grabados en los fondos marinos arenosos que orogenias posteriores transformaron en las cuarcitas, explican desde la página de turismo de Salamanca.