La «villa de las tres mentiras» (ni santa, ni llana, ni tiene mar) es un clásico del turismo cultural en el norte. Su Colegiata de Santa Juliana es una de las joyas del románico español, y sus calles empedradas, flanqueadas por casonas solariegas, mantienen el trazado medieval que la ha convertido en parada obligada del Camino de Santiago del Norte.