Aunque se sitúa en el norte de Extremadura, su altitud, su vegetación y su entorno serrano hacen de San Martín de Trevejo un oasis sorprendentemente fresco en verano. Declarado Conjunto Histórico-Artístico, este pueblo conserva una arquitectura tradicional de gran belleza y un habla propia, el «mañegu», que solo se escucha aquí. Rodeado de bosques, gargantas y senderos, es perfecto para quienes buscan calma, poca masificación y un aire puro que agradece el viajero que huye del calor de la meseta.